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Del insigne juez Garzón al infeliz Aznar
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Viejo 5/mar/03, 09:09
ehécatl
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Predeterminado Del insigne juez Garzón al infeliz Aznar

TRIBUNA: BALTASAR GARZÓN REAL
Sr. presidente
Baltasar Garzón Real es magistrado-juez de la Audiencia Nacional.
EL PAÍS | Opinión - 04-03-2003
Le escribo estas notas de urgencia con la ansiedad de quien se hace múltiples preguntas y apenas encuentra respuestas, y casi con la certeza de que difícilmente se pueda conseguir alguna fórmula que haga reflexionar a quienes -como usted- dirigen esta locura, con una sordera tan desconcertante como peligrosa, que nos conduce hacia una deriva y un desequilibro emocional y psíquico del que la generalidad de los españoles saldremos con dificultad.
A veces, señor presidente, me da la sensación de que enfrente no tenemos políticos -utilizo el término en el sentido clásico del mismo y no en la derivación utilitarista que muchos le dan ahora-, sino muros de piedra resbaladiza por la humedad y el humus pestilente de quienes carecen de sentimientos.
No recuerdo un grado de protesta y de auténtica rebelión popular como el que su postura, señor presidente del Gobierno, está generando en todos los estratos y clases sociales españoles. Tampoco recuerdo mayor grado de cinismo en algunos líderes políticos, que utilizando toda la demagogia y la manipulación de los medios de comunicación que controlan confunden gravemente a los ciudadanos jugando con su seguridad y sometiéndolos a un "bombardeo" constante de mentiras y medias verdades que apenas les dejan respirar.
Como no aspiro a ningún puesto, ni a ningún nombramiento, y ni tan siquiera me preocupa perder el que ahora tengo, disfruto de la libertad suficiente para escribir y decir "Basta ya"; perdónenme los abnegados luchadores de esta plataforma por hacer mía esta expresión que tan valientemente defienden con su actuación insumisa, pacífica y beligerante frente al terror, pero también aquí se trata de luchar contra la violencia dialéctica institucional impuesta por unos gobiernos mutantes de la realidad que, día a día, menosprecian a aquellos que les hemos dado legitimidad democrática en las urnas con nuestros votos, positivos o negativos, obligándonos a la aceptación de una realidad inexistente y a un estado de cosas, creado a propósito por alguno de ellos, para justificar ahora la pesadilla que sufrimos la mayoría en todos los países de la Tierra.
En el último mes -desde el 27 de enero de 2003 al día de hoy-, señor presidente, he seguido, como tantos otros, los debates en el Parlamento español sobre la guerra de Irak, así como las noticias de los diarios, los debates y las imágenes en las televisiones, y especialmente los esfuerzos de usted y del señor Blair -el señor Bush ya ni lo intenta- para explicar su postura y justificar la disociación de la misma con la de los ciudadanos de Gran Bretaña y España.
He comprobado cómo una vez más se impone la ley no escrita de la sumisión acrítica de los diputados del Grupo Popular y, cómo algunos, en forma desafortunada, insultaban a los actores que dignamente discrepaban en silencio desde la tribuna, o lanzaban improperios a la oposición por su discrepancia democrática, y, sobre todo, cómo adulaban con la sonrisa y el aplauso a su líder, es decir, a usted; y he sentido miedo, un miedo frío, físico, palpable y denso como el chapapote; pero también he constatado cómo alguno de ellos, al aplaudir y al sonreír, se removía en su escaño, sin duda pensando en la vergüenza que tendría que pasar cuando, al llegar a su casa, tuviera que mirar a sus hijos, a sus padres, a su esposa o a su marido y explicarles lo inexplicable. A estos últimos me dirijo, pidiéndoles que expresen lo que sienten y que actúen en consecuencia.
No han sido uno, ni dos, ni tres, sino decenas y decenas de militantes y votantes del partido que preside, con los que he tenido oportunidad de hablar, y en todos he hallado un rictus de amargura por su posición, y una preocupación verdadera por la deriva que ha tomado y que, para ellos, compartirla roza el problema de conciencia. Pero, a la vez, y lo digo con el cariño que le tengo a algunos, callan en forma cobarde, temiendo las "consecuencias" de su discrepancia ante sus dirigentes. Por mi parte siento pavor de que su miedo, el de "prietas las filas, recias, marciales, nuestras escuadras va..." o el de las apelaciones del señor Rajoy "al orgullo, al honor y las convicciones", se confundan con mi miedo y el de los españoles que, en defensa de nuestra patria, nos oponemos a una guerra injusta desde la libertad y la coherencia.
Señor presidente, cuando usted y los dignos representantes parlamentarios elegidos por el pueblo recibieron la legitimidad que otorgan los votos de los ciudadanos -esos que tan pronto olvidan algunos de ustedes cuando han conseguido el escaño y de los que no vuelven a acordarse hasta que necesitan pedírselo de nuevo-, la obtuvieron para representarlos y defenderlos; pero el mandato no incluía las cartas marcadas, no suponía la actuación en contra de aquella confianza ni a favor de una posición sobre la guerra que tan sólo defiende una minoría -por lo demás, poco informada- ni de los intereses a favor de unos líderes que quieren ocupar un lugar en la historia a costa del sufrimiento de todos. Creo, humildemente, que entre las obligaciones que ahora deben cumplir está la de sumarse al grito de oposición a la guerra y hacerlo abiertamente en el ámbito de sus competencias. Como ciudadano, tengo derecho a pedírselo, e incluso exigírselo, porque el derecho a la paz es mi derecho y la guerra es la negación de este derecho, y de la justicia más elemental, a la vez que la derrota de todos.
Ninguna disciplina de voto puede obligarles a votar por encima de aquel derecho. Y, si finalmente lo hacen, no olviden su responsabilidad en la masacre que se anuncia, porque ustedes son responsables directos si avalan esta locura. Ningún reglamento de régimen interno les obliga a votar en contra de su conciencia, pero si a pesar de ello ustedes votan en contra de aquel derecho, no olviden que serán responsables de cada una de las vidas que se pierdan en esta posible guerra, incluida la de los soldados españoles que sean enviados al escenario del conflicto. Ninguna sanción administrativa, ni incluso la pérdida de expectativas de una inclusión posterior en listas electorales, les obliga a votar en contra de aquel derecho, pero si a pesar de ello lo hacen, no olviden, ni por un momento, al margen de lo que digan sus líderes, que ustedes serán responsables del desastre humanitario que se cierne sobre todos.
Ustedes deben decidir en qué bando juegan, si en el de la legalidad internacional y nacional, pero la real, no la del marketing, ni la fatua, ni la de las palabras huecas, o en el bando de la falsedad y del interés oculto de unos pocos que pretenden sobornar nuestras conciencias ofreciéndonos las riquezas de las minas del Rey Salomón.
He observado con atención la actividad desplegada por usted, señor presidente, en diversas partes del mundo, sus reuniones con diferentes líderes, incluso con Su Santidad el Papa Juan Pablo II, y ello está bien, pero no acabo de entender cuál es la razón última de tanta acción en "primera línea". No sé si es la finalidad de obtener el reconocimiento de gran estadista la que le guía, o es la necesidad de comprensión la que le motiva, o en fin, la urgencia de obtener un perdón preventivo por sus acciones. En todo caso, sería muy fácil para usted conseguir esas finalidades sin poner en riesgo valores esenciales; bastaría con sumarse a la postura que todo el mundo civilizado, y los líderes políticos más dispares -franceses, alemanes, rusos, sirios, chinos...- mantienen. Ésta sí es una apuesta por la paz. ¿Qué hará usted, señor presidente, si el Consejo de Seguridad no aprueba la resolución que usted ha preparado con los señores Blair y Bush?
Ustedes dicen que están agotando todas las posibilidades y afirman que Irak ha incumplido la resolución 1.441 y por ello quieren dar vía libre a la guerra; entonces, ¿a qué viene el paripé de tantos contactos y visitas y sin embargo no hacen ninguna a Irak para hablar con su enemigo?; ¿cuál es la razón de esa segunda resolución, cuando los inspectores están haciendo su trabajo bien? Miren, yo pienso que sólo es la excusa que la Administración norteamérica necesita para iniciar un ataque que ya tiene decidido. Señor presidente, cómo puede usted hablar en referencia a la decisión iraquí de destruir los misiles Al Samud 2. No se ha dado cuenta de que estos millones que usted cita están a favor de que no se intervenga en Irak, es decir, en contra de su postura, la del señor Blair y la del señor Bush. ¿Cuándo se darán cuenta de que es necesario algo más que palabras grandilocuentes, alambicadas o estentóreas, para convencer a los ciudadanos? Señor presidente, Turquía -cuyo Parlamento ha dicho no- recibirá treinta mil millones de dólares por su colaboración, ¿cuál es el precio que pagaremos por prestarnos a esta farsa? Pero no olvide que dicho precio estará manchado de la sangre de muchos inocentes y ello les avergonzará para siempre.
Siento que la palabra Paz se está prostituyendo de tanto usarla mal. Excepto para todos aquellos que estamos entendiendo y viviendo que es la primera vez en la historia de la humanidad en la que, saliendo a la calle o de cualquier otra manera, estamos creando una "Revolución por la Paz". En general, somos personas que la pronunciamos poco, pero la defendemos con nuestras acciones, desde cada uno de nuestros puestos de trabajo y responsabilidad, y si hace falta la gritaremos una y mil veces.
Mire, señor Aznar, el día 15 de febrero de 2003 sentí un orgullo que difícilmente podrá entender. Mis hijos y mi mujer estuvieron conmigo en la manifestación, codo con codo, gritando a favor de la paz. Vi sus caras y su decisión, como la de tantos miles y millones de personas, y ellos me han reconfortado como padre y como ciudadano y me han transmitido la fuerza que necesitaba para seguir.
Después de todo lo dicho quiero hacer un esfuerzo y entender por qué nuestro Gobierno -o mejor dicho, usted, señor presidente- se ha encastillado en una espiral que puede llevarle a una especie de suicidio político; para ello he decidido parar de escribir y continuar dos días después de meditar sobre ello. Durante estas 48 horas he pasado revista a las explicaciones de Ana Palacio; a todas las opiniones, entrevistas y ruedas de prensa que usted, señor presidente, ha expresado y realizado; a todas las comparecencias del portavoz del Gobierno; a los debates parlamentarios; a las comparecencias en el Consejo de Seguridad; a las estrambóticas ruedas de prensa del secretario de Defensa norteamericano; a las de la consejera de Seguridad, Condoleezza Rice; a las del propio George W. Bush, y, cómo no, a las del señor Blair. Pues bien, entiendo la postura de EE UU; también, aunque menos, la de Gran Bretaña; pero la que no comprendo es la suya, señor presidente, la cual me parece más dura y más extrema que la de aquéllos, a pesar de la aparente moderación que emplea en sus comparecencias públicas para intentar explicarla.
Veamos, primer asunto: el terrorismo. No creo quebrantar ningún secreto profesional si digo que, al menos hasta donde yo conozco, no existe al día de hoy ni un solo indicio de que la implicación de Sadam Huseim con Al Qaeda existe. Quien acusa tiene la carga de la prueba y no puede desplazar esta obligación a otros, y ustedes no han aportado esa prueba.
Segundo asunto: violación de derechos humanos. Hasta ahora sólo se ha hablado y, ello es cierto, de las violaciones masivas de los derechos fundamentales por parte de Sadam Huseim, pero nada se habla de las violaciones de los derechos humanos que Estados Unidos está cometiendo en forma flagrante y reiterada con los más de mil talibanes detenidos en Guantánamo; y de los que también se hallan en idéntica situación en Afganistán y Pakistán bajo el control norteamericano, o de los más de cien detenidos en EE UU en lugares desconocidos, simplemente por su situación irregular y por su vinculación étnica árabe y cuyo paradero no se da por razones de "seguridad nacional". A todos ellos no se les ha permitido contactar con familiares, abogados, y sus condiciones de vida son infrahumanas, desde hace más de un año. Y frente a esto, señor presidente Aznar y señor primer ministro Blair, ¿qué dicen y qué hacen ustedes?, ¿por qué no se ha tratado este tema en la reunión del rancho del señor Bush en Tejas?, o ¿por qué no exigen a éste un pronunciamiento claro y definitivo para que cese esa situación de ilegalidad? ¿Cómo se puede apoyar a un líder o a un país que está violando groseramente los mismos derechos que dice defender?
Tercer asunto: Se acabará con las armas de destrucción masiva, las armas químicas y la amenaza terrorista que representa Sadam, si éste se exilia o se le elimina. Realmente pueril esta argumentación. Lo único que va a generar esta injusta guerra es, por una parte, una quiebra ya inevitable de la legalidad internacional, y por otra, el aumento del terrorismo integrista a medio y largo plazo, el cual hallará una plataforma de justificación objetiva, de la que ahora carece. Su crecimiento en otros puntos del planeta, entre ellos España, como dijo Tarek Aziz, sin que se apreciara tono amenazante en su afirmación, sino constatación lógica de los hechos, es algo tan evidente como terrible y usted no quiere o no sabe verlo.
Señor presidente, evitar esta guerra en ciernes es misión de todos, y debe darse cuenta de que millones de ciudadanos ya hemos comenzado a dar forma a la "Revolución por la Paz" y hemos ganado frente a usted y sus "compañeros de aventura" la "moción de censura" que les obliga a abandonar su postura, a dar más tiempo a los inspectores y a cumplir la legalidad internacional y, a su vez, les niega el derecho de instar una nueva resolución que dé vía libre a la guerra.
Señor presidente, con respeto pero con enorme firmeza, le digo que usted no puede ni debe ir de la mano de quien está haciendo gala con su política de la consumación de la doctrina de "los espacios sin derecho"; ni de la mano de quien se ha desvinculado de la Corte Penal Internacional; ni unido a quien, de hecho, está construyendo espacios de impunidad que perjudican a la comunidad internacional: ¿acaso usted tampoco cree en la justicia internacional?

Tomado de EL PAÍS, marzo 4 de 2003
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Viejo 7/mar/03, 21:09
ehécatl
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Predeterminado La guerra ya no puede ser legal

La guerra ya no puede ser legal


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El conflicto de Irak

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JAUME Saura
PROFESOR DE DERECHO INTERNACIONAL (UB)

El anuncio de Francia y Rusia de que están dispuestas a vetar una propuesta de resolución en el Consejo de Seguridad que autorice el uso de la fuerza armada contra Irak cierra definitivamente la puerta a cualquier consideración de legalidad internacional para esta intervención. Exceptuando la acción del consejo, sólo la respuesta inmediata a un ataque, o a un ataque inminente, como ejercicio del derecho de legítima defensa, puede justificar en términos legales el uso de la fuerza en el ámbito internacional. Desde la Carta de Naciones Unidas, la prohibición de la guerra es la regla.
No se pueden interpretar resoluciones pretéritas (como la 1441, de noviembre, o la 687, de 1991) como autorizaciones implícitas. Ni ampliar el concepto de legítima defensa hasta incluir la defensa preventiva contra una agresión que ni se ha producido ni va camino de producirse. Irónicamente, ahora mismo, el único país con derecho a ejercer la legítima defensa contra un ataque inminente es Irak.


Noticia publicada en la página 5 de la edición de Jueves, 6 de marzo de 2003 de El Periódico - edición impresa. Para ver la página completa, descargue el archivo en formato PDF

http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=5&idioma=CAS&idnoticia_PK=31328&idseccio_PK=&h=030306


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Ehécatl ha escrito:
> TRIBUNA: BALTASAR GARZÓN REAL
> Sr. presidente
> Baltasar Garzón Real es magistrado-juez de la Audiencia Nacional.
> EL PAÍS | Opinión - 04-03-2003
> Le escribo estas notas de urgencia con la ansiedad de quien se hace múltiples preguntas y apenas encuentra respuestas, y casi con la certeza de que difícilmente se pueda conseguir alguna fórmula que haga reflexionar a quienes -como usted- dirigen esta locura, con una sordera tan desconcertante como peligrosa, que nos conduce hacia una deriva y un desequilibro emocional y psíquico del que la generalidad de los españoles saldremos con dificultad.
> A veces, señor presidente, me da la sensación de que enfrente no tenemos políticos -utilizo el término en el sentido clásico del mismo y no en la derivación utilitarista que muchos le dan ahora-, sino muros de piedra resbaladiza por la humedad y el humus pestilente de quienes carecen de sentimientos.
> No recuerdo un grado de protesta y de auténtica rebelión popular como el que su postura, señor presidente del Gobierno, está generando en todos los estratos y clases sociales españoles. Tampoco recuerdo mayor grado de cinismo en algunos líderes políticos, que utilizando toda la demagogia y la manipulación de los medios de comunicación que controlan confunden gravemente a los ciudadanos jugando con su seguridad y sometiéndolos a un "bombardeo" constante de mentiras y medias verdades que apenas les dejan respirar.
> Como no aspiro a ningún puesto, ni a ningún nombramiento, y ni tan siquiera me preocupa perder el que ahora tengo, disfruto de la libertad suficiente para escribir y decir "Basta ya"; perdónenme los abnegados luchadores de esta plataforma por hacer mía esta expresión que tan valientemente defienden con su actuación insumisa, pacífica y beligerante frente al terror, pero también aquí se trata de luchar contra la violencia dialéctica institucional impuesta por unos gobiernos mutantes de la realidad que, día a día, menosprecian a aquellos que les hemos dado legitimidad democrática en las urnas con nuestros votos, positivos o negativos, obligándonos a la aceptación de una realidad inexistente y a un estado de cosas, creado a propósito por alguno de ellos, para justificar ahora la pesadilla que sufrimos la mayoría en todos los países de la Tierra.
> En el último mes -desde el 27 de enero de 2003 al día de hoy-, señor presidente, he seguido, como tantos otros, los debates en el Parlamento español sobre la guerra de Irak, así como las noticias de los diarios, los debates y las imágenes en las televisiones, y especialmente los esfuerzos de usted y del señor Blair -el señor Bush ya ni lo intenta- para explicar su postura y justificar la disociación de la misma con la de los ciudadanos de Gran Bretaña y España.
> He comprobado cómo una vez más se impone la ley no escrita de la sumisión acrítica de los diputados del Grupo Popular y, cómo algunos, en forma desafortunada, insultaban a los actores que dignamente discrepaban en silencio desde la tribuna, o lanzaban improperios a la oposición por su discrepancia democrática, y, sobre todo, cómo adulaban con la sonrisa y el aplauso a su líder, es decir, a usted; y he sentido miedo, un miedo frío, físico, palpable y denso como el chapapote; pero también he constatado cómo alguno de ellos, al aplaudir y al sonreír, se removía en su escaño, sin duda pensando en la vergüenza que tendría que pasar cuando, al llegar a su casa, tuviera que mirar a sus hijos, a sus padres, a su esposa o a su marido y explicarles lo inexplicable. A estos últimos me dirijo, pidiéndoles que expresen lo que sienten y que actúen en consecuencia.
> No han sido uno, ni dos, ni tres, sino decenas y decenas de militantes y votantes del partido que preside, con los que he tenido oportunidad de hablar, y en todos he hallado un rictus de amargura por su posición, y una preocupación verdadera por la deriva que ha tomado y que, para ellos, compartirla roza el problema de conciencia. Pero, a la vez, y lo digo con el cariño que le tengo a algunos, callan en forma cobarde, temiendo las "consecuencias" de su discrepancia ante sus dirigentes. Por mi parte siento pavor de que su miedo, el de "prietas las filas, recias, marciales, nuestras escuadras va..." o el de las apelaciones del señor Rajoy "al orgullo, al honor y las convicciones", se confundan con mi miedo y el de los españoles que, en defensa de nuestra patria, nos oponemos a una guerra injusta desde la libertad y la coherencia.
> Señor presidente, cuando usted y los dignos representantes parlamentarios elegidos por el pueblo recibieron la legitimidad que otorgan los votos de los ciudadanos -esos que tan pronto olvidan algunos de ustedes cuando han conseguido el escaño y de los que no vuelven a acordarse hasta que necesitan pedírselo de nuevo-, la obtuvieron para representarlos y defenderlos; pero el mandato no incluía las cartas marcadas, no suponía la actuación en contra de aquella confianza ni a favor de una posición sobre la guerra que tan sólo defiende una minoría -por lo demás, poco informada- ni de los intereses a favor de unos líderes que quieren ocupar un lugar en la historia a costa del sufrimiento de todos. Creo, humildemente, que entre las obligaciones que ahora deben cumplir está la de sumarse al grito de oposición a la guerra y hacerlo abiertamente en el ámbito de sus competencias. Como ciudadano, tengo derecho a pedírselo, e incluso exigírselo, porque el derecho a la paz es mi derecho y la guerra es la negación de este derecho, y de la justicia más elemental, a la vez que la derrota de todos.
> Ninguna disciplina de voto puede obligarles a votar por encima de aquel derecho. Y, si finalmente lo hacen, no olviden su responsabilidad en la masacre que se anuncia, porque ustedes son responsables directos si avalan esta locura. Ningún reglamento de régimen interno les obliga a votar en contra de su conciencia, pero si a pesar de ello ustedes votan en contra de aquel derecho, no olviden que serán responsables de cada una de las vidas que se pierdan en esta posible guerra, incluida la de los soldados españoles que sean enviados al escenario del conflicto. Ninguna sanción administrativa, ni incluso la pérdida de expectativas de una inclusión posterior en listas electorales, les obliga a votar en contra de aquel derecho, pero si a pesar de ello lo hacen, no olviden, ni por un momento, al margen de lo que digan sus líderes, que ustedes serán responsables del desastre humanitario que se cierne sobre todos.
> Ustedes deben decidir en qué bando juegan, si en el de la legalidad internacional y nacional, pero la real, no la del marketing, ni la fatua, ni la de las palabras huecas, o en el bando de la falsedad y del interés oculto de unos pocos que pretenden sobornar nuestras conciencias ofreciéndonos las riquezas de las minas del Rey Salomón.
> He observado con atención la actividad desplegada por usted, señor presidente, en diversas partes del mundo, sus reuniones con diferentes líderes, incluso con Su Santidad el Papa Juan Pablo II, y ello está bien, pero no acabo de entender cuál es la razón última de tanta acción en "primera línea". No sé si es la finalidad de obtener el reconocimiento de gran estadista la que le guía, o es la necesidad de comprensión la que le motiva, o en fin, la urgencia de obtener un perdón preventivo por sus acciones. En todo caso, sería muy fácil para usted conseguir esas finalidades sin poner en riesgo valores esenciales; bastaría con sumarse a la postura que todo el mundo civilizado, y los líderes políticos más dispares -franceses, alemanes, rusos, sirios, chinos...- mantienen. Ésta sí es una apuesta por la paz. ¿Qué hará usted, señor presidente, si el Consejo de Seguridad no aprueba la resolución que usted ha preparado con los señores Blair y Bush?
> Ustedes dicen que están agotando todas las posibilidades y afirman que Irak ha incumplido la resolución 1.441 y por ello quieren dar vía libre a la guerra; entonces, ¿a qué viene el paripé de tantos contactos y visitas y sin embargo no hacen ninguna a Irak para hablar con su enemigo?; ¿cuál es la razón de esa segunda resolución, cuando los inspectores están haciendo su trabajo bien? Miren, yo pienso que sólo es la excusa que la Administración norteamérica necesita para iniciar un ataque que ya tiene decidido. Señor presidente, cómo puede usted hablar en referencia a la decisión iraquí de destruir los misiles Al Samud 2. No se ha dado cuenta de que estos millones que usted cita están a favor de que no se intervenga en Irak, es decir, en contra de su postura, la del señor Blair y la del señor Bush. ¿Cuándo se darán cuenta de que es necesario algo más que palabras grandilocuentes, alambicadas o estentóreas, para convencer a los ciudadanos? Señor presidente, Turquía -cuyo Parlamento ha dicho no- recibirá treinta mil millones de dólares por su colaboración, ¿cuál es el precio que pagaremos por prestarnos a esta farsa? Pero no olvide que dicho precio estará manchado de la sangre de muchos inocentes y ello les avergonzará para siempre.
> Siento que la palabra Paz se está prostituyendo de tanto usarla mal. Excepto para todos aquellos que estamos entendiendo y viviendo que es la primera vez en la historia de la humanidad en la que, saliendo a la calle o de cualquier otra manera, estamos creando una "Revolución por la Paz". En general, somos personas que la pronunciamos poco, pero la defendemos con nuestras acciones, desde cada uno de nuestros puestos de trabajo y responsabilidad, y si hace falta la gritaremos una y mil veces.
> Mire, señor Aznar, el día 15 de febrero de 2003 sentí un orgullo que difícilmente podrá entender. Mis hijos y mi mujer estuvieron conmigo en la manifestación, codo con codo, gritando a favor de la paz. Vi sus caras y su decisión, como la de tantos miles y millones de personas, y ellos me han reconfortado como padre y como ciudadano y me han transmitido la fuerza que necesitaba para seguir.
> Después de todo lo dicho quiero hacer un esfuerzo y entender por qué nuestro Gobierno -o mejor dicho, usted, señor presidente- se ha encastillado en una espiral que puede llevarle a una especie de suicidio político; para ello he decidido parar de escribir y continuar dos días después de meditar sobre ello. Durante estas 48 horas he pasado revista a las explicaciones de Ana Palacio; a todas las opiniones, entrevistas y ruedas de prensa que usted, señor presidente, ha expresado y realizado; a todas las comparecencias del portavoz del Gobierno; a los debates parlamentarios; a las comparecencias en el Consejo de Seguridad; a las estrambóticas ruedas de prensa del secretario de Defensa norteamericano; a las de la consejera de Seguridad, Condoleezza Rice; a las del propio George W. Bush, y, cómo no, a las del señor Blair. Pues bien, entiendo la postura de EE UU; también, aunque menos, la de Gran Bretaña; pero la que no comprendo es la suya, señor presidente, la cual me parece más dura y más extrema que la de aquéllos, a pesar de la aparente moderación que emplea en sus comparecencias públicas para intentar explicarla.
> Veamos, primer asunto: el terrorismo. No creo quebrantar ningún secreto profesional si digo que, al menos hasta donde yo conozco, no existe al día de hoy ni un solo indicio de que la implicación de Sadam Huseim con Al Qaeda existe. Quien acusa tiene la carga de la prueba y no puede desplazar esta obligación a otros, y ustedes no han aportado esa prueba.
> Segundo asunto: violación de derechos humanos. Hasta ahora sólo se ha hablado y, ello es cierto, de las violaciones masivas de los derechos fundamentales por parte de Sadam Huseim, pero nada se habla de las violaciones de los derechos humanos que Estados Unidos está cometiendo en forma flagrante y reiterada con los más de mil talibanes detenidos en Guantánamo; y de los que también se hallan en idéntica situación en Afganistán y Pakistán bajo el control norteamericano, o de los más de cien detenidos en EE UU en lugares desconocidos, simplemente por su situación irregular y por su vinculación étnica árabe y cuyo paradero no se da por razones de "seguridad nacional". A todos ellos no se les ha permitido contactar con familiares, abogados, y sus condiciones de vida son infrahumanas, desde hace más de un año. Y frente a esto, señor presidente Aznar y señor primer ministro Blair, ¿qué dicen y qué hacen ustedes?, ¿por qué no se ha tratado este tema en la reunión del rancho del señor Bush en Tejas?, o ¿por qué no exigen a éste un pronunciamiento claro y definitivo para que cese esa situación de ilegalidad? ¿Cómo se puede apoyar a un líder o a un país que está violando groseramente los mismos derechos que dice defender?
> Tercer asunto: Se acabará con las armas de destrucción masiva, las armas químicas y la amenaza terrorista que representa Sadam, si éste se exilia o se le elimina. Realmente pueril esta argumentación. Lo único que va a generar esta injusta guerra es, por una parte, una quiebra ya inevitable de la legalidad internacional, y por otra, el aumento del terrorismo integrista a medio y largo plazo, el cual hallará una plataforma de justificación objetiva, de la que ahora carece. Su crecimiento en otros puntos del planeta, entre ellos España, como dijo Tarek Aziz, sin que se apreciara tono amenazante en su afirmación, sino constatación lógica de los hechos, es algo tan evidente como terrible y usted no quiere o no sabe verlo.
> Señor presidente, evitar esta guerra en ciernes es misión de todos, y debe darse cuenta de que millones de ciudadanos ya hemos comenzado a dar forma a la "Revolución por la Paz" y hemos ganado frente a usted y sus "compañeros de aventura" la "moción de censura" que les obliga a abandonar su postura, a dar más tiempo a los inspectores y a cumplir la legalidad internacional y, a su vez, les niega el derecho de instar una nueva resolución que dé vía libre a la guerra.
> Señor presidente, con respeto pero con enorme firmeza, le digo que usted no puede ni debe ir de la mano de quien está haciendo gala con su política de la consumación de la doctrina de "los espacios sin derecho"; ni de la mano de quien se ha desvinculado de la Corte Penal Internacional; ni unido a quien, de hecho, está construyendo espacios de impunidad que perjudican a la comunidad internacional: ¿acaso usted tampoco cree en la justicia internacional?
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> Tomado de EL PAÍS, marzo 4 de 2003
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Predeterminado Bush, Garzón y Aznar ¿fuera de la ley?

Por su interés, Periodista Digital reproduce a continuación el siguiente artículo

Viernes, 7 de marzo de 2003
EL*MUNDO.ES
PRIMER PLANO / CRISIS MUNDIAL / LAS CLAVES

Bush, Blair y Aznar, ¿fuera de la ley?

LA ALERTA DE LOS JURISTAS. «Sin la autorización expresa del Consejo de Seguridad, el uso de la fuerza contra Irak puede constituir un crimen de agresión», afirma Antonio Remiro, catedrático de Derecho Internacional Público. No es una opinión minoritaria: 290 expertos españoles han advertido por escrito que los estados y gobernantes que decidan una intervención armada al margen del Consejo podrían ser acusados de crímenes internacionales
Por MARIA PERAL

Varios preceptos de la Carta de Naciones Unidas -suscrita por España y, por tanto, integrada en nuestro ordenamiento interno, en virtud de la Constitución- orientan sobre la exigencia de que el Consejo de Seguridad (CS) autorice el recurso al uso de la fuerza. El artículo 39 establece que «el CS determinará la existencia de toda amenaza a la paz... y decidirá qué medidas serán tomadas». El artículo 2.4 obliga a los Estados miembros a «abstenerse de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza» contra un Estado «de forma incompatible con los propósitos de Naciones Unidas».

Aunque no puede hablarse de unanimidad, un buen número de expertos españoles en Derecho Internacional coinciden en que «el empleo de la fuerza armada está sometido siempre, salvo legítima defensa, a la autorización del Consejo de Seguridad» y sostienen que, de no mediar la aprobación del Consejo, «los Estados que recurran a la fuerza armada en Irak infringirán normas internacionales».

Esas dos afirmaciones, incluidas en un manifiesto firmado por 290 catedráticos y profesores de Derecho Internacional, abren, a su vez, un mar de incógnitas. Por ejemplo, la amenaza terrorista ¿ampararía una acción bélica en Irak al margen del CS? La respuesta no es indiferente si se tiene en cuenta que el presidente del Gobierno, José María Aznar, maneja ese argumento para justificar la intervención española en el conflicto. «No negaré nunca apoyo activo a quien necesite ayuda contra el terrorismo», insistió el miércoles en el Congreso.

La autorización del CS, ¿debe ser expresa o puede considerarse implícitamente otorgada en anteriores resoluciones? ¿Vulnerarían el ordenamiento internacional exclusivamente los países que envíen tropas a la zona o también los que, como viene haciendo España, prestan apoyo logístico?

Juristas consultados por EL MUNDO han abordado éstas y otras cuestiones relacionadas con la legalidad de un ataque a Bagdad.

1. El uso de la fuerza contra Irak sin autorización del Consejo de Seguridad ¿supondría una violación de la legalidad internacional?
En opinión de Antonio Remiro, catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid, «los Gobiernos de Estados Unidos, Gran Bretaña y España tratan de salvar la exigencia de una autorización del CS diciendo que ya existe. No rechazan la idea de que la autorización es necesaria, sino que consideran que ya se ha dado: se otorgó, dicen, en el año 91 con la resolución 687, que ahora resucita, y también en diciembre con la 1441, que, según estos gobiernos, incorpora implícitamente la autorización del uso de la fuerza.Pero la inmensa mayoría de los iusinternacionalistas europeos opinamos que una autorización para utilizar la fuerza nunca puede ser implícita, tiene que ser expresa».

La catedrática de Derecho Internacional de la Universidad de Oviedo Paz Andrés coincide en que el uso de la fuerza contra un Estado al margen del CS «es un acto de agresión, una violación muy grave de la Carta». Además, «para una decisión de esa trascendencia tiene que haber una autorización expresa, nunca implícita. La propia resolución 1441 lo pone de relieve, no sólo por su contenido (que señala expresamente que el Consejo volverá a ocuparse de la cuestión) sino porque, además, cuando se adoptó esa resolución Francia, Rusia y China hicieron una declaración en la que indicaban que la interpretaban en el sentido de que no implicaba ningún automatismo en el uso de la fuerza».

Para Romualdo Bermejo, catedrático de Derecho Internacional de León, «la regla general es que se precisa la aprobación del CS.Pero no siempre ha sido el caso. El bombardeo de Kosovo se produjo sin autorización del Consejo».

2. ¿Qué consecuencias jurídicas tendría esa posible violación para los estados y gobernantes que intervengan en el ataque?
Remiro califica de «frustrante» este aspecto, porque «más allá de lo que es el juicio doctrinal o de autoridades independientes, instituciones o corporaciones, Naciones Unidas ha tenido una alergia sistemática a tipificar los actos de agresión. Aun si un grupo de estados presentase un proyecto para declarar como acto de agresión el comportamiento de los países que se disponen a atacar a Irak, en el CS no prosperaría porque Estados Unidos y Gran Bretaña lo vetarían».

En el terreno judicial, «si la agresión pudiera ser reconducida a uno de los tipos penales recogidos en nuestro Código no cabe descartar que se pudiera plantear alguna querella contra el presidente del Gobierno» ante el Supremo.

No obstante, «la agresión es la que tendría menos expectativas de una acción judicial concreta. Donde sí creo que existen elementos dignos de consideración es en el desarrollo de la intervención bélica, porque los crímenes de guerra y contra la Humanidad sí pueden estar presentes. Estas guerras, dígase lo que se diga, se hacen contra la población civil y se van a producir muchas muertes. Países como España o Gran Bretaña -no así Estados Unidos- que han ratificado el estatuto de la Corte Penal Internacional están sometidos desde el 1 de julio de 2002 a los tipos criminales que recoge ese estatuto».

Bermejo descarta responsabilidades de orden penal. «Eso es forzar la máquina demasiado», dice. Más aún, considera que la participación de España en el conflicto «es nuestra obligación, no tenemos otra elección porque los pactos son los pactos. Las obligaciones que asumimos en el seno de la OTAN se tienen que cumplir».

Paz Andrés subraya que «en estos momentos no está prevista ninguna sanción en el ámbito internacional. La respuesta jurídica frente a un acto de agresión no está suficientemente desarrollada en el Derecho Internacional».

Para exigir responsabilidades ante los tribunales nacionales «tendríamos que ver si el ordenamiento interno prevé el crimen de agresión». En cuanto a una eventual responsabilidad por el desarrollo de la guerra, «habría que considerar los crímenes de guerra, sobre los que sí es competente el Tribunal Penal Internacional, pero se tendrían que deslindar responsabilidades respecto a cómo ha participado cada uno, porque no es lo mismo prestar la base de Morón que lanzar bombas inteligentes contra la población civil».

A este respecto, Remiro defiende que, aunque España no ha infringido «aún» normas internacionales «porque todavía no se ha producido el uso de la fuerza», en el caso de que «sin autorización expresa del CS, Estados Unidos se embarque en la operación que viene preparando y España colabore en ella de la forma que sea, estaría corresponsabilizándose de esa operación».

«No es necesario que enviemos allí fuerzas militares que participen en la acción. El apoyo logístico -por ejemplo, la cesión de las bases- para una actuación criminal desataría la responsabilidad en ese crimen de agresión», señala Remiro, que añade, escéptico: «De todas formas, no se conoce que los vencedores hayan sido responsables de sus crímenes, eso sólo ocurre con los vencidos».

El fiscal Carlos Castresana comparte la opinión de que «los líderes políticos que decidan un ataque contra Irak sin la aprobación del CS violan la Carta de las Naciones Unidas y, además, en función de cómo se desarrollen las hostilidades, podrían incurrir en responsabilidad penal si las tropas que actúen cometen crímenes de guerra y contra la Humanidad».

3. La violación por Irak de las resoluciones del Consejo de Seguridad, ¿justifica un ataque armado de uno o varios estados miembros?
«La resolución 1441 se adoptó precisamente porque se consideró que Irak estaba vulnerando la 687», señala Bermejo. «Fue el fruto de un consenso un tanto ambiguo entre los miembros permanentes del CS. Interpretada en su sentido estricto, la posición más correcta es la que defiende Estados Unidos, porque en ella se habla de la última oportunidad de Irak, es decir, que no se le va a dar otra, que no se pueden ampliar los plazos. Es cierto que se cambia la terminología a la que nos tenía acostumbrados el CS, que cuando permitía el uso de la fuerza utilizaba la expresión todos los medios necesarios. Esa expresión no figura en la 1441, que indica que si Irak no cumple esta resolución se expondrá a graves consecuencias. Estados Unidos dice que el espíritu de la resolución es que esa expresión da vía libre al uso de la fuerza. Francia y Alemania no aceptan esa interpretación. Parece que hubo miembros permanentes que aceptaron una determinada interpretación que ahora no admiten. En mi opinión, hay pocas resoluciones tan contundentes y tan tajantes como la 1441, hablando de última oportunidad y de graves consecuencias. Estos términos son tan rotundos como los que se utilizaron en la resolución 678, respecto a la que sí hay consenso en que autorizaba el uso de la fuerza».

Bermejo concluye «si se comprueba que Irak no se ha desarmado ni se está desarmando, la 1441 autoriza el recurso al uso de la fuerza». Pero ¿a quién corresponde esa comprobación, al Consejo de Seguridad o unilateralmente a uno o varios estados miembros? «A todos», responde, «porque los inspectores pueden no detectar todo el desarme».

Remiro y Andrés discrepan. «La violación de las resoluciones del CS justificaría un ataque sólo si así lo aprecia el propio Consejo. Es éste el que tiene que evaluar las consecuencias de la violación de sus resoluciones, no los estados miembros», dice el primero.

Paz Andrés agrega que «una violación, aunque sea grave y reiterada, de una o varias resoluciones del CS la única manera que hay de abordarla es tomando medidas el propio Consejo. Es una falacia decir que hay violaciones reiteradas y que eso justifica ya el uso de la fuerza. En absoluto. Es el propio Consejo el que determina qué hacer en ese caso, como, por otra parte, indica la resolución 1441».

4. ¿Es necesaria una nueva resolución que autorice el uso de la fuerza contra Irak?
El proyecto de nueva resolución presentado por Estados Unidos, Gran Bretaña y España le parece a Andrés «totalmente insuficiente.La utilización de la fuerza tiene que ser expresa y, por tanto, una mera constatación de que Irak no ha cumplido una resolución anterior no significa una autorización para desarrollar la guerra.Como mínimo, la nueva resolución tendría que tener un texto similar a la resolución 678».

A su parecer, tampoco es válido el argumento de esos tres gobiernos de «encadenar resoluciones de manera que si no se cumple, dicen, la 1441, volvemos a la situación de la 687 y ésta revive la 678».Para Andrés, sin embargo, «con la 687 termina la vigencia de la 678, como se desprende claramente de su contenido. Además, para que el CS tome una decisión en el marco del capítulo VII de la Carta -es decir, una decisión obligatoria que incluya el uso de la fuerza si lo estima oportuno- lo primero que tiene que hacer es calificar la situación como de amenaza a la paz.No puede servir una resolución de hace 13 años para el momento presente, en el que la situación es distinta. La resolución 678 se adopta sobre la base de la situación entonces existente, que era Kuwait invadido por Irak, que no se retiraba. No se puede decir que, para una situación distinta, vale la misma resolución».

Remiro opina que «una nueva resolución con el contenido que tiene el proyecto presentado por esos tres países no significaría una autorización del uso de la fuerza armada. Un ataque como el que se planifica por Estados Unidos y sus colaboradores con esa resolución también sería un acto de agresión».

Para él, «si la resolución que ahora se discute se queda en que Irak ha perdido su última oportunidad y nada más, será el propio CS el que tenga que extraer las consecuencias de ese hecho. Ésta es una función que sigue en manos del CS, no de los estados miembros».

En cambio, Bermejo sostiene que una nueva resolución «no sería estrictamente necesaria. Otra cuestión es que sea conveniente.Si los inspectores constatan que el régimen iraquí no ha demostrado que se ha desarmado, no habría necesidad de otra resolución porque el informe ya estaría declarando que Irak no está cumpliendo con la 1441 y, por tanto, se expone a graves consecuencias. De otra forma, estamos siempre en el CS y con el posible abuso del derecho de veto».

5. Una amenaza terrorista probada, ¿constituiría un supuesto de legítima defensa que permita un ataque sin autorización del Consejo?
Romualdo Bermejo cree que «un Estado que sea atacado o esté ante un peligro inminente puede recurrir a la legítima defensa sin autorización del CS». Incluso si no se demostrara el vínculo entre el grupo terrorista y el Estado en cuestión, «si éste hace oídos sordos a otros estados que denuncian que tiene en su territorio un grupo terrorista y no adopta las medidas pertinentes para impedir que actúe, cabría una acción armada de legítima defensa».

Remiro admite que «si en un Estado se identifican campamentos terroristas y el Estado no toma medidas para acabar con ellos, se podría considerar que existe una base suficiente para desarrollar una acción armada proporcionada a eliminar ese tipo de campamentos en la medida en que sean una amenaza inminente. Si no, el propio Consejo, al que se tiene que acudir, sería el que tendría que adoptar las medidas correspondientes. No cabe descartar que en un supuesto en el que Consejo no pudiera actuar por impedirlo el veto de un miembro permanente y ante una amenaza cierta e indudable se utilizara la fuerza armada para sofocar ese riesgo, interpretándolo como una situación de legítima defensa. Pero, si no es así, no se puede sin más hacer la ecuación de que ataque armado y terrorismo son lo mismo».

6. ¿Permiten las leyes internacionales el uso de la fuerza para cambiar un régimen político?
Los tres catedráticos coinciden en que «si no hay una violación flagrante y sistemática de los derechos humanos, el Derecho Internacional no avalaría una intervención armada para derrocar a ese régimen.

«Las leyes internacionales no permiten que, por el hecho de que a alguien no le guste un régimen o considere que no es democrático, pueda ir allí unilateralmente a derrocarlo», dice Remiro.

http://www.periodistadigital.com/object.php?o=6864






> Ehécatl ha escrito:
> TRIBUNA: BALTASAR GARZÓN REAL
> Sr. presidente
> Baltasar Garzón Real es magistrado-juez de la Audiencia Nacional.
> EL PAÍS | Opinión - 04-03-2003
> Le escribo estas notas de urgencia con la ansiedad de quien se hace múltiples preguntas y apenas encuentra respuestas, y casi con la certeza de que difícilmente se pueda conseguir alguna fórmula que haga reflexionar a quienes -como usted- dirigen esta locura, con una sordera tan desconcertante como peligrosa, que nos conduce hacia una deriva y un desequilibro emocional y psíquico del que la generalidad de los españoles saldremos con dificultad.
> A veces, señor presidente, me da la sensación de que enfrente no tenemos políticos -utilizo el término en el sentido clásico del mismo y no en la derivación utilitarista que muchos le dan ahora-, sino muros de piedra resbaladiza por la humedad y el humus pestilente de quienes carecen de sentimientos.
> No recuerdo un grado de protesta y de auténtica rebelión popular como el que su postura, señor presidente del Gobierno, está generando en todos los estratos y clases sociales españoles. Tampoco recuerdo mayor grado de cinismo en algunos líderes políticos, que utilizando toda la demagogia y la manipulación de los medios de comunicación que controlan confunden gravemente a los ciudadanos jugando con su seguridad y sometiéndolos a un "bombardeo" constante de mentiras y medias verdades que apenas les dejan respirar.
> Como no aspiro a ningún puesto, ni a ningún nombramiento, y ni tan siquiera me preocupa perder el que ahora tengo, disfruto de la libertad suficiente para escribir y decir "Basta ya"; perdónenme los abnegados luchadores de esta plataforma por hacer mía esta expresión que tan valientemente defienden con su actuación insumisa, pacífica y beligerante frente al terror, pero también aquí se trata de luchar contra la violencia dialéctica institucional impuesta por unos gobiernos mutantes de la realidad que, día a día, menosprecian a aquellos que les hemos dado legitimidad democrática en las urnas con nuestros votos, positivos o negativos, obligándonos a la aceptación de una realidad inexistente y a un estado de cosas, creado a propósito por alguno de ellos, para justificar ahora la pesadilla que sufrimos la mayoría en todos los países de la Tierra.
> En el último mes -desde el 27 de enero de 2003 al día de hoy-, señor presidente, he seguido, como tantos otros, los debates en el Parlamento español sobre la guerra de Irak, así como las noticias de los diarios, los debates y las imágenes en las televisiones, y especialmente los esfuerzos de usted y del señor Blair -el señor Bush ya ni lo intenta- para explicar su postura y justificar la disociación de la misma con la de los ciudadanos de Gran Bretaña y España.
> He comprobado cómo una vez más se impone la ley no escrita de la sumisión acrítica de los diputados del Grupo Popular y, cómo algunos, en forma desafortunada, insultaban a los actores que dignamente discrepaban en silencio desde la tribuna, o lanzaban improperios a la oposición por su discrepancia democrática, y, sobre todo, cómo adulaban con la sonrisa y el aplauso a su líder, es decir, a usted; y he sentido miedo, un miedo frío, físico, palpable y denso como el chapapote; pero también he constatado cómo alguno de ellos, al aplaudir y al sonreír, se removía en su escaño, sin duda pensando en la vergüenza que tendría que pasar cuando, al llegar a su casa, tuviera que mirar a sus hijos, a sus padres, a su esposa o a su marido y explicarles lo inexplicable. A estos últimos me dirijo, pidiéndoles que expresen lo que sienten y que actúen en consecuencia.
> No han sido uno, ni dos, ni tres, sino decenas y decenas de militantes y votantes del partido que preside, con los que he tenido oportunidad de hablar, y en todos he hallado un rictus de amargura por su posición, y una preocupación verdadera por la deriva que ha tomado y que, para ellos, compartirla roza el problema de conciencia. Pero, a la vez, y lo digo con el cariño que le tengo a algunos, callan en forma cobarde, temiendo las "consecuencias" de su discrepancia ante sus dirigentes. Por mi parte siento pavor de que su miedo, el de "prietas las filas, recias, marciales, nuestras escuadras va..." o el de las apelaciones del señor Rajoy "al orgullo, al honor y las convicciones", se confundan con mi miedo y el de los españoles que, en defensa de nuestra patria, nos oponemos a una guerra injusta desde la libertad y la coherencia.
> Señor presidente, cuando usted y los dignos representantes parlamentarios elegidos por el pueblo recibieron la legitimidad que otorgan los votos de los ciudadanos -esos que tan pronto olvidan algunos de ustedes cuando han conseguido el escaño y de los que no vuelven a acordarse hasta que necesitan pedírselo de nuevo-, la obtuvieron para representarlos y defenderlos; pero el mandato no incluía las cartas marcadas, no suponía la actuación en contra de aquella confianza ni a favor de una posición sobre la guerra que tan sólo defiende una minoría -por lo demás, poco informada- ni de los intereses a favor de unos líderes que quieren ocupar un lugar en la historia a costa del sufrimiento de todos. Creo, humildemente, que entre las obligaciones que ahora deben cumplir está la de sumarse al grito de oposición a la guerra y hacerlo abiertamente en el ámbito de sus competencias. Como ciudadano, tengo derecho a pedírselo, e incluso exigírselo, porque el derecho a la paz es mi derecho y la guerra es la negación de este derecho, y de la justicia más elemental, a la vez que la derrota de todos.
> Ninguna disciplina de voto puede obligarles a votar por encima de aquel derecho. Y, si finalmente lo hacen, no olviden su responsabilidad en la masacre que se anuncia, porque ustedes son responsables directos si avalan esta locura. Ningún reglamento de régimen interno les obliga a votar en contra de su conciencia, pero si a pesar de ello ustedes votan en contra de aquel derecho, no olviden que serán responsables de cada una de las vidas que se pierdan en esta posible guerra, incluida la de los soldados españoles que sean enviados al escenario del conflicto. Ninguna sanción administrativa, ni incluso la pérdida de expectativas de una inclusión posterior en listas electorales, les obliga a votar en contra de aquel derecho, pero si a pesar de ello lo hacen, no olviden, ni por un momento, al margen de lo que digan sus líderes, que ustedes serán responsables del desastre humanitario que se cierne sobre todos.
> Ustedes deben decidir en qué bando juegan, si en el de la legalidad internacional y nacional, pero la real, no la del marketing, ni la fatua, ni la de las palabras huecas, o en el bando de la falsedad y del interés oculto de unos pocos que pretenden sobornar nuestras conciencias ofreciéndonos las riquezas de las minas del Rey Salomón.
> He observado con atención la actividad desplegada por usted, señor presidente, en diversas partes del mundo, sus reuniones con diferentes líderes, incluso con Su Santidad el Papa Juan Pablo II, y ello está bien, pero no acabo de entender cuál es la razón última de tanta acción en "primera línea". No sé si es la finalidad de obtener el reconocimiento de gran estadista la que le guía, o es la necesidad de comprensión la que le motiva, o en fin, la urgencia de obtener un perdón preventivo por sus acciones. En todo caso, sería muy fácil para usted conseguir esas finalidades sin poner en riesgo valores esenciales; bastaría con sumarse a la postura que todo el mundo civilizado, y los líderes políticos más dispares -franceses, alemanes, rusos, sirios, chinos...- mantienen. Ésta sí es una apuesta por la paz. ¿Qué hará usted, señor presidente, si el Consejo de Seguridad no aprueba la resolución que usted ha preparado con los señores Blair y Bush?
> Ustedes dicen que están agotando todas las posibilidades y afirman que Irak ha incumplido la resolución 1.441 y por ello quieren dar vía libre a la guerra; entonces, ¿a qué viene el paripé de tantos contactos y visitas y sin embargo no hacen ninguna a Irak para hablar con su enemigo?; ¿cuál es la razón de esa segunda resolución, cuando los inspectores están haciendo su trabajo bien? Miren, yo pienso que sólo es la excusa que la Administración norteamérica necesita para iniciar un ataque que ya tiene decidido. Señor presidente, cómo puede usted hablar en referencia a la decisión iraquí de destruir los misiles Al Samud 2. No se ha dado cuenta de que estos millones que usted cita están a favor de que no se intervenga en Irak, es decir, en contra de su postura, la del señor Blair y la del señor Bush. ¿Cuándo se darán cuenta de que es necesario algo más que palabras grandilocuentes, alambicadas o estentóreas, para convencer a los ciudadanos? Señor presidente, Turquía -cuyo Parlamento ha dicho no- recibirá treinta mil millones de dólares por su colaboración, ¿cuál es el precio que pagaremos por prestarnos a esta farsa? Pero no olvide que dicho precio estará manchado de la sangre de muchos inocentes y ello les avergonzará para siempre.
> Siento que la palabra Paz se está prostituyendo de tanto usarla mal. Excepto para todos aquellos que estamos entendiendo y viviendo que es la primera vez en la historia de la humanidad en la que, saliendo a la calle o de cualquier otra manera, estamos creando una "Revolución por la Paz". En general, somos personas que la pronunciamos poco, pero la defendemos con nuestras acciones, desde cada uno de nuestros puestos de trabajo y responsabilidad, y si hace falta la gritaremos una y mil veces.
> Mire, señor Aznar, el día 15 de febrero de 2003 sentí un orgullo que difícilmente podrá entender. Mis hijos y mi mujer estuvieron conmigo en la manifestación, codo con codo, gritando a favor de la paz. Vi sus caras y su decisión, como la de tantos miles y millones de personas, y ellos me han reconfortado como padre y como ciudadano y me han transmitido la fuerza que necesitaba para seguir.
> Después de todo lo dicho quiero hacer un esfuerzo y entender por qué nuestro Gobierno -o mejor dicho, usted, señor presidente- se ha encastillado en una espiral que puede llevarle a una especie de suicidio político; para ello he decidido parar de escribir y continuar dos días después de meditar sobre ello. Durante estas 48 horas he pasado revista a las explicaciones de Ana Palacio; a todas las opiniones, entrevistas y ruedas de prensa que usted, señor presidente, ha expresado y realizado; a todas las comparecencias del portavoz del Gobierno; a los debates parlamentarios; a las comparecencias en el Consejo de Seguridad; a las estrambóticas ruedas de prensa del secretario de Defensa norteamericano; a las de la consejera de Seguridad, Condoleezza Rice; a las del propio George W. Bush, y, cómo no, a las del señor Blair. Pues bien, entiendo la postura de EE UU; también, aunque menos, la de Gran Bretaña; pero la que no comprendo es la suya, señor presidente, la cual me parece más dura y más extrema que la de aquéllos, a pesar de la aparente moderación que emplea en sus comparecencias públicas para intentar explicarla.
> Veamos, primer asunto: el terrorismo. No creo quebrantar ningún secreto profesional si digo que, al menos hasta donde yo conozco, no existe al día de hoy ni un solo indicio de que la implicación de Sadam Huseim con Al Qaeda existe. Quien acusa tiene la carga de la prueba y no puede desplazar esta obligación a otros, y ustedes no han aportado esa prueba.
> Segundo asunto: violación de derechos humanos. Hasta ahora sólo se ha hablado y, ello es cierto, de las violaciones masivas de los derechos fundamentales por parte de Sadam Huseim, pero nada se habla de las violaciones de los derechos humanos que Estados Unidos está cometiendo en forma flagrante y reiterada con los más de mil talibanes detenidos en Guantánamo; y de los que también se hallan en idéntica situación en Afganistán y Pakistán bajo el control norteamericano, o de los más de cien detenidos en EE UU en lugares desconocidos, simplemente por su situación irregular y por su vinculación étnica árabe y cuyo paradero no se da por razones de "seguridad nacional". A todos ellos no se les ha permitido contactar con familiares, abogados, y sus condiciones de vida son infrahumanas, desde hace más de un año. Y frente a esto, señor presidente Aznar y señor primer ministro Blair, ¿qué dicen y qué hacen ustedes?, ¿por qué no se ha tratado este tema en la reunión del rancho del señor Bush en Tejas?, o ¿por qué no exigen a éste un pronunciamiento claro y definitivo para que cese esa situación de ilegalidad? ¿Cómo se puede apoyar a un líder o a un país que está violando groseramente los mismos derechos que dice defender?
> Tercer asunto: Se acabará con las armas de destrucción masiva, las armas químicas y la amenaza terrorista que representa Sadam, si éste se exilia o se le elimina. Realmente pueril esta argumentación. Lo único que va a generar esta injusta guerra es, por una parte, una quiebra ya inevitable de la legalidad internacional, y por otra, el aumento del terrorismo integrista a medio y largo plazo, el cual hallará una plataforma de justificación objetiva, de la que ahora carece. Su crecimiento en otros puntos del planeta, entre ellos España, como dijo Tarek Aziz, sin que se apreciara tono amenazante en su afirmación, sino constatación lógica de los hechos, es algo tan evidente como terrible y usted no quiere o no sabe verlo.
> Señor presidente, evitar esta guerra en ciernes es misión de todos, y debe darse cuenta de que millones de ciudadanos ya hemos comenzado a dar forma a la "Revolución por la Paz" y hemos ganado frente a usted y sus "compañeros de aventura" la "moción de censura" que les obliga a abandonar su postura, a dar más tiempo a los inspectores y a cumplir la legalidad internacional y, a su vez, les niega el derecho de instar una nueva resolución que dé vía libre a la guerra.
> Señor presidente, con respeto pero con enorme firmeza, le digo que usted no puede ni debe ir de la mano de quien está haciendo gala con su política de la consumación de la doctrina de "los espacios sin derecho"; ni de la mano de quien se ha desvinculado de la Corte Penal Internacional; ni unido a quien, de hecho, está construyendo espacios de impunidad que perjudican a la comunidad internacional: ¿acaso usted tampoco cree en la justicia internacional?
>
> Tomado de EL PAÍS, marzo 4 de 2003
>
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  #4  
Viejo 11/mar/03, 01:01
ehécatl
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Predeterminado A supreme international crime

A supreme international crime

Any member of a government backing an aggressive war will be open to prosecution

Mark Littman
Monday March 10, 2003
The Guardian

The threatened war against Iraq will be a breach of the United Nations Charter and hence of international law unless it is authorised by a new and unambiguous resolution of the security council. The Charter is clear. No such war is permitted unless it is in self-defence or authorised by the security council.
Self-defence has no application here. Neither the United States nor the UK, nor any of their allies, is under attack or any threat of immediate attack by Iraq.

Nor is there any authority from the security council. Resolution 1441 does not constitute any such authority as the reference to "serious consequences" is not sufficiently precise to justify war. Whatever the US may have wanted, the resolution was deliberately vague because the council had not agreed on the use of force. A new resolution would therefore be required. It would have to be in unambiguous terms authorising the use of force.

In the absence of such a resolution, the attack would, be unlawful. On this point I agree completely with the terms of the letter from 16 eminent international lawyers to 10 Downing Street published in last Friday's Guardian.

What would be the consequences of such illegality? Most obvious would be the human, economic and environmental costs, including any further violence that a war against Iraq might trigger. An illustration of how unpredictable and incalculable such costs might be is furnished by a recollection of the events of 1914. When the Hapsburg empire attacked the Serbs, the campaign was expected to be short because of the immense military superiority of Austria/Hungary over the Kingdom of Serbia. Four years later, the Hapsburg empire, together with those of Germany and Russia, lay in ruins. A residue of bitterness and hatred was left that bred an even worse war 20 years later in which there were more than 50 million fatalities. Who can say with certainty where today's threatened war might lead?

A second consequence would be of immense world significance, for it would mean the end of the United Nations and with it the final collapse of the efforts of the past century to create effective international institutions that would replace perpetual war with perpetual peace.

If attempts to create such international institutions were abandoned, the clock would be turned back to a time when nations had to depend for their security on the uncertain and shifting patterns of alliances and their own military defences. This would inevitably lead to more being spent on swords and less on ploughshares.

A third consequence might be grave for members of the governments that brought about this unlawful war. The United Nations Charter is a treaty, one to which 192 out of a total of 196 sovereign states in the world are parties. It takes precedence over all other treaties.

At the Nuremberg trials, the principles of international law identified by the tribunal and subsequently accepted unanimously by the General Assembly of the United Nations included that the planning, preparation or initiation of a war contrary to the terms of an international treaty was "a crime against peace". The tribunal further stated "that to initiate a war of aggression... is not only an international crime, it is the supreme international crime".

It was for this crime that the German foreign minister Von Ribbentrop was tried, convicted and hanged. This case and the subsequent case of former Chilean president Pinochet show that it is not only governments but also individuals who can be held responsible for such a crime. Jurisdiction to try such a crime is not, for the foreseeable future, within the scope of the new International Criminal Court. It is, however, open to any country in the world to accept such jurisdiction. Some are already moving in that direction. Instances are the proceedings in the Belgian courts against Ariel Sharon in relation to alleged crimes in the Lebanon, and the active involvement of the courts of Spain in relation to alleged crimes against humanity said to have been committed by Pinochet. Members of any governments actively involved in bringing about an unlawful war against Iraq would be well advised to be cautious as to the countries they visit during the remainder of their lives.

In a remarkable statement to the US Senate on February 12, Senator Robert Byrd (West Virginia) described the US position. He referred to it as the "extremely destabilising and dangerous foreign policy debacle that the world is currently witnessing" and said: "Our challenge is to now find a graceful way out of a box of our own making." A refusal by the security council to authorise hostilities should provide a graceful way out of the box. Our government could lead the way.

· Mark Littman QC is author of Kosovo: War and Diplomacy (Centre for Policy Studies). He has written and lectured extensively on international law.

admin@littmanchambers.com

http://www.guardian.co.uk/Iraq/Story/0,2763,910950,00.html





> Ehécatl ha escrito:
> TRIBUNA: BALTASAR GARZÓN REAL
> Sr. presidente
> Baltasar Garzón Real es magistrado-juez de la Audiencia Nacional.
> EL PAÍS | Opinión - 04-03-2003
> Le escribo estas notas de urgencia con la ansiedad de quien se hace múltiples preguntas y apenas encuentra respuestas, y casi con la certeza de que difícilmente se pueda conseguir alguna fórmula que haga reflexionar a quienes -como usted- dirigen esta locura, con una sordera tan desconcertante como peligrosa, que nos conduce hacia una deriva y un desequilibro emocional y psíquico del que la generalidad de los españoles saldremos con dificultad.
> A veces, señor presidente, me da la sensación de que enfrente no tenemos políticos -utilizo el término en el sentido clásico del mismo y no en la derivación utilitarista que muchos le dan ahora-, sino muros de piedra resbaladiza por la humedad y el humus pestilente de quienes carecen de sentimientos.
> No recuerdo un grado de protesta y de auténtica rebelión popular como el que su postura, señor presidente del Gobierno, está generando en todos los estratos y clases sociales españoles. Tampoco recuerdo mayor grado de cinismo en algunos líderes políticos, que utilizando toda la demagogia y la manipulación de los medios de comunicación que controlan confunden gravemente a los ciudadanos jugando con su seguridad y sometiéndolos a un "bombardeo" constante de mentiras y medias verdades que apenas les dejan respirar.
> Como no aspiro a ningún puesto, ni a ningún nombramiento, y ni tan siquiera me preocupa perder el que ahora tengo, disfruto de la libertad suficiente para escribir y decir "Basta ya"; perdónenme los abnegados luchadores de esta plataforma por hacer mía esta expresión que tan valientemente defienden con su actuación insumisa, pacífica y beligerante frente al terror, pero también aquí se trata de luchar contra la violencia dialéctica institucional impuesta por unos gobiernos mutantes de la realidad que, día a día, menosprecian a aquellos que les hemos dado legitimidad democrática en las urnas con nuestros votos, positivos o negativos, obligándonos a la aceptación de una realidad inexistente y a un estado de cosas, creado a propósito por alguno de ellos, para justificar ahora la pesadilla que sufrimos la mayoría en todos los países de la Tierra.
> En el último mes -desde el 27 de enero de 2003 al día de hoy-, señor presidente, he seguido, como tantos otros, los debates en el Parlamento español sobre la guerra de Irak, así como las noticias de los diarios, los debates y las imágenes en las televisiones, y especialmente los esfuerzos de usted y del señor Blair -el señor Bush ya ni lo intenta- para explicar su postura y justificar la disociación de la misma con la de los ciudadanos de Gran Bretaña y España.
> He comprobado cómo una vez más se impone la ley no escrita de la sumisión acrítica de los diputados del Grupo Popular y, cómo algunos, en forma desafortunada, insultaban a los actores que dignamente discrepaban en silencio desde la tribuna, o lanzaban improperios a la oposición por su discrepancia democrática, y, sobre todo, cómo adulaban con la sonrisa y el aplauso a su líder, es decir, a usted; y he sentido miedo, un miedo frío, físico, palpable y denso como el chapapote; pero también he constatado cómo alguno de ellos, al aplaudir y al sonreír, se removía en su escaño, sin duda pensando en la vergüenza que tendría que pasar cuando, al llegar a su casa, tuviera que mirar a sus hijos, a sus padres, a su esposa o a su marido y explicarles lo inexplicable. A estos últimos me dirijo, pidiéndoles que expresen lo que sienten y que actúen en consecuencia.
> No han sido uno, ni dos, ni tres, sino decenas y decenas de militantes y votantes del partido que preside, con los que he tenido oportunidad de hablar, y en todos he hallado un rictus de amargura por su posición, y una preocupación verdadera por la deriva que ha tomado y que, para ellos, compartirla roza el problema de conciencia. Pero, a la vez, y lo digo con el cariño que le tengo a algunos, callan en forma cobarde, temiendo las "consecuencias" de su discrepancia ante sus dirigentes. Por mi parte siento pavor de que su miedo, el de "prietas las filas, recias, marciales, nuestras escuadras va..." o el de las apelaciones del señor Rajoy "al orgullo, al honor y las convicciones", se confundan con mi miedo y el de los españoles que, en defensa de nuestra patria, nos oponemos a una guerra injusta desde la libertad y la coherencia.
> Señor presidente, cuando usted y los dignos representantes parlamentarios elegidos por el pueblo recibieron la legitimidad que otorgan los votos de los ciudadanos -esos que tan pronto olvidan algunos de ustedes cuando han conseguido el escaño y de los que no vuelven a acordarse hasta que necesitan pedírselo de nuevo-, la obtuvieron para representarlos y defenderlos; pero el mandato no incluía las cartas marcadas, no suponía la actuación en contra de aquella confianza ni a favor de una posición sobre la guerra que tan sólo defiende una minoría -por lo demás, poco informada- ni de los intereses a favor de unos líderes que quieren ocupar un lugar en la historia a costa del sufrimiento de todos. Creo, humildemente, que entre las obligaciones que ahora deben cumplir está la de sumarse al grito de oposición a la guerra y hacerlo abiertamente en el ámbito de sus competencias. Como ciudadano, tengo derecho a pedírselo, e incluso exigírselo, porque el derecho a la paz es mi derecho y la guerra es la negación de este derecho, y de la justicia más elemental, a la vez que la derrota de todos.
> Ninguna disciplina de voto puede obligarles a votar por encima de aquel derecho. Y, si finalmente lo hacen, no olviden su responsabilidad en la masacre que se anuncia, porque ustedes son responsables directos si avalan esta locura. Ningún reglamento de régimen interno les obliga a votar en contra de su conciencia, pero si a pesar de ello ustedes votan en contra de aquel derecho, no olviden que serán responsables de cada una de las vidas que se pierdan en esta posible guerra, incluida la de los soldados españoles que sean enviados al escenario del conflicto. Ninguna sanción administrativa, ni incluso la pérdida de expectativas de una inclusión posterior en listas electorales, les obliga a votar en contra de aquel derecho, pero si a pesar de ello lo hacen, no olviden, ni por un momento, al margen de lo que digan sus líderes, que ustedes serán responsables del desastre humanitario que se cierne sobre todos.
> Ustedes deben decidir en qué bando juegan, si en el de la legalidad internacional y nacional, pero la real, no la del marketing, ni la fatua, ni la de las palabras huecas, o en el bando de la falsedad y del interés oculto de unos pocos que pretenden sobornar nuestras conciencias ofreciéndonos las riquezas de las minas del Rey Salomón.
> He observado con atención la actividad desplegada por usted, señor presidente, en diversas partes del mundo, sus reuniones con diferentes líderes, incluso con Su Santidad el Papa Juan Pablo II, y ello está bien, pero no acabo de entender cuál es la razón última de tanta acción en "primera línea". No sé si es la finalidad de obtener el reconocimiento de gran estadista la que le guía, o es la necesidad de comprensión la que le motiva, o en fin, la urgencia de obtener un perdón preventivo por sus acciones. En todo caso, sería muy fácil para usted conseguir esas finalidades sin poner en riesgo valores esenciales; bastaría con sumarse a la postura que todo el mundo civilizado, y los líderes políticos más dispares -franceses, alemanes, rusos, sirios, chinos...- mantienen. Ésta sí es una apuesta por la paz. ¿Qué hará usted, señor presidente, si el Consejo de Seguridad no aprueba la resolución que usted ha preparado con los señores Blair y Bush?
> Ustedes dicen que están agotando todas las posibilidades y afirman que Irak ha incumplido la resolución 1.441 y por ello quieren dar vía libre a la guerra; entonces, ¿a qué viene el paripé de tantos contactos y visitas y sin embargo no hacen ninguna a Irak para hablar con su enemigo?; ¿cuál es la razón de esa segunda resolución, cuando los inspectores están haciendo su trabajo bien? Miren, yo pienso que sólo es la excusa que la Administración norteamérica necesita para iniciar un ataque que ya tiene decidido. Señor presidente, cómo puede usted hablar en referencia a la decisión iraquí de destruir los misiles Al Samud 2. No se ha dado cuenta de que estos millones que usted cita están a favor de que no se intervenga en Irak, es decir, en contra de su postura, la del señor Blair y la del señor Bush. ¿Cuándo se darán cuenta de que es necesario algo más que palabras grandilocuentes, alambicadas o estentóreas, para convencer a los ciudadanos? Señor presidente, Turquía -cuyo Parlamento ha dicho no- recibirá treinta mil millones de dólares por su colaboración, ¿cuál es el precio que pagaremos por prestarnos a esta farsa? Pero no olvide que dicho precio estará manchado de la sangre de muchos inocentes y ello les avergonzará para siempre.
> Siento que la palabra Paz se está prostituyendo de tanto usarla mal. Excepto para todos aquellos que estamos entendiendo y viviendo que es la primera vez en la historia de la humanidad en la que, saliendo a la calle o de cualquier otra manera, estamos creando una "Revolución por la Paz". En general, somos personas que la pronunciamos poco, pero la defendemos con nuestras acciones, desde cada uno de nuestros puestos de trabajo y responsabilidad, y si hace falta la gritaremos una y mil veces.
> Mire, señor Aznar, el día 15 de febrero de 2003 sentí un orgullo que difícilmente podrá entender. Mis hijos y mi mujer estuvieron conmigo en la manifestación, codo con codo, gritando a favor de la paz. Vi sus caras y su decisión, como la de tantos miles y millones de personas, y ellos me han reconfortado como padre y como ciudadano y me han transmitido la fuerza que necesitaba para seguir.
> Después de todo lo dicho quiero hacer un esfuerzo y entender por qué nuestro Gobierno -o mejor dicho, usted, señor presidente- se ha encastillado en una espiral que puede llevarle a una especie de suicidio político; para ello he decidido parar de escribir y continuar dos días después de meditar sobre ello. Durante estas 48 horas he pasado revista a las explicaciones de Ana Palacio; a todas las opiniones, entrevistas y ruedas de prensa que usted, señor presidente, ha expresado y realizado; a todas las comparecencias del portavoz del Gobierno; a los debates parlamentarios; a las comparecencias en el Consejo de Seguridad; a las estrambóticas ruedas de prensa del secretario de Defensa norteamericano; a las de la consejera de Seguridad, Condoleezza Rice; a las del propio George W. Bush, y, cómo no, a las del señor Blair. Pues bien, entiendo la postura de EE UU; también, aunque menos, la de Gran Bretaña; pero la que no comprendo es la suya, señor presidente, la cual me parece más dura y más extrema que la de aquéllos, a pesar de la aparente moderación que emplea en sus comparecencias públicas para intentar explicarla.
> Veamos, primer asunto: el terrorismo. No creo quebrantar ningún secreto profesional si digo que, al menos hasta donde yo conozco, no existe al día de hoy ni un solo indicio de que la implicación de Sadam Huseim con Al Qaeda existe. Quien acusa tiene la carga de la prueba y no puede desplazar esta obligación a otros, y ustedes no han aportado esa prueba.
> Segundo asunto: violación de derechos humanos. Hasta ahora sólo se ha hablado y, ello es cierto, de las violaciones masivas de los derechos fundamentales por parte de Sadam Huseim, pero nada se habla de las violaciones de los derechos humanos que Estados Unidos está cometiendo en forma flagrante y reiterada con los más de mil talibanes detenidos en Guantánamo; y de los que también se hallan en idéntica situación en Afganistán y Pakistán bajo el control norteamericano, o de los más de cien detenidos en EE UU en lugares desconocidos, simplemente por su situación irregular y por su vinculación étnica árabe y cuyo paradero no se da por razones de "seguridad nacional". A todos ellos no se les ha permitido contactar con familiares, abogados, y sus condiciones de vida son infrahumanas, desde hace más de un año. Y frente a esto, señor presidente Aznar y señor primer ministro Blair, ¿qué dicen y qué hacen ustedes?, ¿por qué no se ha tratado este tema en la reunión del rancho del señor Bush en Tejas?, o ¿por qué no exigen a éste un pronunciamiento claro y definitivo para que cese esa situación de ilegalidad? ¿Cómo se puede apoyar a un líder o a un país que está violando groseramente los mismos derechos que dice defender?
> Tercer asunto: Se acabará con las armas de destrucción masiva, las armas químicas y la amenaza terrorista que representa Sadam, si éste se exilia o se le elimina. Realmente pueril esta argumentación. Lo único que va a generar esta injusta guerra es, por una parte, una quiebra ya inevitable de la legalidad internacional, y por otra, el aumento del terrorismo integrista a medio y largo plazo, el cual hallará una plataforma de justificación objetiva, de la que ahora carece. Su crecimiento en otros puntos del planeta, entre ellos España, como dijo Tarek Aziz, sin que se apreciara tono amenazante en su afirmación, sino constatación lógica de los hechos, es algo tan evidente como terrible y usted no quiere o no sabe verlo.
> Señor presidente, evitar esta guerra en ciernes es misión de todos, y debe darse cuenta de que millones de ciudadanos ya hemos comenzado a dar forma a la "Revolución por la Paz" y hemos ganado frente a usted y sus "compañeros de aventura" la "moción de censura" que les obliga a abandonar su postura, a dar más tiempo a los inspectores y a cumplir la legalidad internacional y, a su vez, les niega el derecho de instar una nueva resolución que dé vía libre a la guerra.
> Señor presidente, con respeto pero con enorme firmeza, le digo que usted no puede ni debe ir de la mano de quien está haciendo gala con su política de la consumación de la doctrina de "los espacios sin derecho"; ni de la mano de quien se ha desvinculado de la Corte Penal Internacional; ni unido a quien, de hecho, está construyendo espacios de impunidad que perjudican a la comunidad internacional: ¿acaso usted tampoco cree en la justicia internacional?
>
> Tomado de EL PAÍS, marzo 4 de 2003
>
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  #5  
Viejo 13/mar/03, 00:12
ehécatl
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Predeterminado Garzón dice que el TPI podría juzgar a Aznar y Blair

Garzón dice que el TPI podría juzgar a Aznar y Blair



EL PERIÓDICO
12 de marzo de 2003
MADRID

El juez Baltasar Garzón aseguró ayer que el presidente del Gobierno español, José María Aznar, y el presidente del Reino Unido, Tony Blair, podrían ser juzgados por el Tribunal Penal Internacional (TPI), creado ayer, si se producen crímenes de guerra en Irak.
El magistrado explicó, en sendas entrevistas en la Cadena SER y Canal +, que la resolución 1441 de la ONU "no ampara jurídicamente un ataque contra Irak". El juez defendió que se dé mas tiempo a los inspectores: "El jefe de los inspectores ha dicho que el desarme es cuestión de meses y eso es lo que pedimos la comunidad internacional, porque, de acuerdo con el secretario general de la ONU, un ataque quebraría la legalidad internacional.".
El dirigente de IU Felipe Alcaraz anunció ayer que su formación denunciará ante el TPI a Aznar si apoya un ataque a Irak sin el aval de la ONU. Esa actuación del presidente del Gobierno sería "delictiva", ya que se trataría de una "agresión de una serie de países contra otro sin que haya habido una invasión o una guerra previa", agregó. La Liga Española de Derechos Humanos también se sumó a esa iniciativa. Y los catedráticos de derecho internacional Roberto Mesa, Antonio Remiro y Miguel Díaz coincidieron en tildar de "crimen internacional" un ataque a Irak amparado en la resolución 1441.







Noticia publicada en la página 6 de la edición de Miércoles, 12 de marzo de 2003 de El Periódico - ed