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T E S T I M O N I O.
(IBI BENE, IBI PATRIA) “ Se te acusa. . . de ferocidad razona, de haber hecho derramar sangre inocente sin necesidad, de haber sido hipócrita y despiadado carnicero del pueblo. También tu has de responder de tus atrocidades y de tus compañeros, de los bandoleros instigados y mandados por ti. Has de responder de las matanzas de los saqueos y, de los incendios y de los estupros ordenados y permitidos por ti en nombre de la libertad y de la justicia. Era el ejecutor asalariado de la ley que castigaba el homicidio con el homicidio. Era el asesino publico legitimo, no solo impune, sino remunerado”. GIOVANNI PAPINI El subrayado es mío (JUICIO UNIVERSAL, TOMO II. CRUELES: ASESINOS Y LADRONES, 1959) quiero: como recurso terapéutico y claro testimonio del odio y desdén, dejar testimonio; de lo que un gobierno, mandatarios y ladinos burócratas de mente obtusa, rapaz y soez. Pueden llegar a heredar a sus despreciables, harapientos, hospicianos y saniosos vástagos. Por principio debo de señalar; que en un lugar bastante visible de mi propiedad existe un letrero que dice: SE BUSCAN (Desde 1995) A NABOR FERNANDEZ VILLALPA CARLOS GALICIA HERNANDEZ HECTOR JOSE HERRERA HERNANDEZ ESTELA MARTINEZ MARTINEZ JUAN MANUEL SANCHEZ ROSALES MONICA GONZALEZ BERUMEN “INSTITUCIONALES SALTEADORES DE MI PUEBLO” (Guarida, madriguera o cubil oficial: S.H.C.P. Hoy S. A. T. Avenida Paseo de la Reforma Nº 37, México D.F.) AD PERPETUAM REI MEMORIAN Así mismo aclaro: que he dado instrucciones claras y precisas, para que dicho letrero deba permanecer colocado ahí. Aun después de mi muerte. Y una ves acontecida esta: deberá ser colocado en la propiedad y en un lugar visible de alguno de mis hijos, y; posteriormente: de mis nietos y de los hijos de mis nietos, y así sucesivamente hasta el infinito. Ya que estas sajumayas de la sociedad: deben ser perseguidos, acosados y señalados de generación en generación, hasta que la ultima postula sirria de su estirpe se extinga o sea exterminada para bien de la sociedad y como justa venganza de mi noble raza. Una vez señalado lo anterior, debo decir: Que un día, parecido a cualquier otro; en el que me dirigía a trabajar conduciendo un vehículo de mi propiedad, mismo que había logrado adquirir con gran esfuerzo y sacrificios varios. Cosa de un año tarde en cubrir su adquisición y reparaciones, que no fueron pocas (vestiduras, pintura, motor, amortiguadores, suspensión, llantas etc, etc....). al cruzar por la avenida Cuahutemoc de la gran Ciudad de México D.F.; sorpresivamente me vi interceptado por un vehículo de origen extranjero, que contra la ley portaba placas del vecino país del norte, y cuyo conductor ya acostumbrado, de manera prepotente me ordenaba que me detuviese. El acompañante del conducto, un sujeto insignificante, tímido y con aspecto de traidor: avergonzado posiblemente de su próxima fechoría o quizá de haber nacido. Me indicaba con gesto “amable” y engañoso que me estacionara. Pense: ha de ser un agente; ha de ser un miserable agente que observo que mi vehículo es de origen extranjero, pero lo que ignora: es que el mío, sí esta en regla, incluso porta ya placas mexicanas. Y preparado para tal situación, tan irregular y frecuente en mi país, por mi prevista, en la guantera mi auto traía guardada una copia de todos los documentos al respecto: pago de derechos de importación, tenencia verificación y hasta una sentencia de la Suprema Corte de Justicia a favor de quien me había vendido el vehículo. Dicha sentencia emitida por el Cuarto tribunal colegiado del estado de Sonora, cuya autoridad y resolución no debía ponerse en tela de juicio. De forma cuidadosa y parsimoniosamente estacione mi vehículo, parte fundamental de mi patrimonio, y baje del mismo para saber a que arbitrariedad o equivoco respondía la actitud de por si despreciable de esos tipejos. Con voz hipócrita y cretina, así como con clara actitud amanerada se me acerco en sujeto de aspecto insignificante, que con anterioridad había Yo observado. Quien visto ya de cerca y frente a frente, parecía un caricaturesco y enfermo Saimiri. Era uno de esos seres que no debían nunca haber nacido; prepotente, frustrado y abyecto. Su despotismo implícito daba muestra tácita de su inicua y traumática existencia, así como de su gran complejo de inferioridad. Se identifico orgullosa y cínicamente, como sus compinches, con un sucio plástico oficial de la oficina recaudadora de impuestos de la Secretaria de Hacienda y Crédito Publico, y emitió la estúpida y estereotipada frase de rutina: que en su voz apagada y mustia sonó como una alta traición a la patria, sin estilo, grotesca y rastrera, hasta cierto punto vulgar. - “Sus documentos por favor” con gran satisfacción; saque de la guantera de mi vehículo toda la documentación que traía y se la mostré al mico alegórico, quien molesto ante tan gran previsión frunció animalesca y famélicamente el estúpido rostro que cargaba sobre los hombros. Mientras su acompañante revisaba mi vehículo con regocijo festivo y vociferando: - - No esta mal, nuestro jefe se va poner contentisimo. Como si este, mi auto, fuera ya parte del botín que finalmente se repartirían con sus superiores, como se acostumbra en México. El es que después de la frustración contenida, el ser insignificante grazno, con severidad intimatoria: - Los papeles están en regla, no cabe la menor duda de que este vehículo esta en legalizado, pero: hay algo que no me checa. Con toda calma, Yo respondí: Observe usted oficial, que se trata de un vehículo sentenciado por un Tribunal Colegiado y cuya documentación esta cotejada y firma por la agencia fiscal del estado de procedencia. - No importa, respondió mustiamente, creo que debemos “secuestrar” su vehículo, pero: si va usted a algún lugar, lo acompañamos y posteriormente vamos a realizar los tramites procedentes. Yo creí que se trataba de una de sus acostumbradas tretas para asustarme y luego poder pedirme una mordida por su honrosa labor. Y así fue que me deje seguir por esos salteadores en su ilegal vehículo. Una ves desocupado: los acompañe a su guarida, era tal mi inocencia e ignorancia del atraco que se estaba fraguando que les explique y señale todos y cada uno de los detalles referentes a mi vehículo; alarma, seguros para llantas y funcionamiento en general. El jefe del grupo de los secuaces, el ser insignificante, un tal NABOR, debo señalar el mas mustio y rapaz; dejo cerrado mi vehículo en un sótano de su asqueroso nido de ladrones y me condujo a sus oficinas, donde me señalo: - Puede ir a su casa y traer mas documentos, si los tiene, le doy la oportunidad de que los traiga, yo por mi parte: levantare el acta y si quiere mañana viene y me muestra su documentación, pero: eso sí, el acta la voy a levantar con fecha de hoy y usted me la firma mañana, es contra la norma pero le voy a hacer este favor. Yo, ya confundido y sospechando del atentado contra mi persona, respondí con toda calma: Señor: tome en cuenta que se trata de mi patrimonio y del esfuerzo de varios años de trabajo; usted, también, se ve que es de clase media y debe saber los que le cuesta a gente como Yo, llegar a hacerse de algo, así que le suplico tome en consideración lo que le digo, y si me quiere ayudar, que para eso son los servidores públicos, regréseme mi vehículo. A lo que replico: -Mire: yo que puedo hacer, le vuelvo a repetir; todos los documentos son muestra clara de que su vehículo esta regularizado y en regla y, tampoco, hay la menor duda de que usted dice la verdad, pero: tengo que actuar conforme a la norma, es decir “con todo el rigor de la ley”. ¿De la Ley?, pense para mis adentros: pero este mal nacido no comprende que la parte fundamental de una ley, regla, norma y/o gobernabilidad de una sociedad radica en la tolerancia, que de ella depende toda virtud, eficacia y capacidad de las instituciones: que las normas formales se modifican y evolucionan conforme a las normas informales que son parte esencial de la cultura y respuesta de un pueblo y/o de sus gobernados, para con sus gobernantes. Ya alterado y con la indignación de que la propia autoridad del panfletario gobierno de mi país; me iba a despojar arbitraria, oficial y “legalmente” de mi propiedad: exclame. No comprendo lo que esta sucediendo. Pero lo que si me queda claro, es que “gentes” como ustedes son las que le quitan la confianza al pueblo, los que constatan el hecho de que todos los llamados “funcionarios públicos”, son una sarta de burócratas corruptos, bandidos, narcotraficantes, mafiosos y desclasados. Que apoyados en el abyecto gobierno en el poder hacen de las suyas. A estas alturas, el insignificante sinvergüenza me susurraba tímidamente: - Calma, tranquilo: yo se lo que usted en este momento siente, pero: tengo que proceder conforme a la ley. ¿Ley?, se atreve a llamar Ley a esta patraña; pues permítame que le diga que si usted procediera conforme a la ley y al perfil verdadero de lo que es un Servidor Publico, encontraría la forma de ayudarme de la manera más correcta y satisfactoria. No de justificar su incalificable procedimiento para despojarme de lo que por derecho me pertenece. No se necesita ser un despreciable aduanero, para darse cuenta de la parcialidad de la ley que usted y sus compinches pregonan. Vea a su alrededor a la cantidad de funcionarios, secretarios de estado y capitalistas con vehículos ultimo modelo que ilegalmente circulan a diario en esta ciudad, incluso ustedes mismos que se rematan y auto asignan los autos que hurtan. Pues sepa bien que no me es desconocida su sucia argucia para robar vehículos a la gente honesta; para luego dárselos en uso de la manera más vil y servil a sus corruptos y despreciables “superiores”. Y luego estos los asignen a sus choferes para llevar a sus despreciables vástagos al colegio y a la esposa al supermercado. Escuela que usted reproduce a la perfección. Salí de ahí todavía con la absurda intención de regresar y mostrar los documentos originales que poseía, sin sospechar que ya había sido víctima de la única organización que en mi país es nombrada, autorizada y destinada “constitucionalmente” por el presidente de la república al robo de autos, para regular la rapiña de los consorcios automotrices nacionales. Finalmente regrese, mostré los documentos: se me dijo que no eran suficientes que mi expediente no aparecía en el padrón del estado donde esta registrado, ya que poseo los documentos que así lo demuestra, y se me hizo firmar un expediente. Ante tal atentado cometido con el menor pudor y el máximo enredo burocrático, solicite al agente fiscal del estado de donde procede mi vehículo, me enviara una copia del padrón y un oficio donde hablara de la legalidad del mismo. Recibí los documentos y anexo a una carta, dentro del tiempo marcado por la ley, los envíe a uno de los “superiores” de los “servidores públicos”, que descaradamente me habían atracado. Pasado el tiempo y sin recibir respuesta del supuesto superior. A la vuelta de un año, sin resignarme a tan descarado robo; me asesore de un abogado y solicite a mi vendedor mas documentos relativos al vehículo: recibí de mi vendedor notas de reparación y cambio de carrocería con sello de recibido por la Agencia fiscal del esta y de fecha de dos años antes de haber sido despojado de mi vehículo. Lo que constataba que la autoridad fue informada a su debido tiempo y que, también, debe constar en sus archivos. Al respecto el vendedor me comento: esta es una practica cotidiana en el estado y no le dan mayor importancia, pero ya que usted me lo solicita le envío los documentos al respecto. Con estas nuevas pruebas, el abogado realizo la reclamación formal y pasado el tiempo, algunos meses, la oficina recaudadora y/o hurtadora se digno responder de la siguiente forma: los documentos son correctos pero el tiempo de reclamación, ya venció. Espere la resolución consecuente. Esto ultimo basado en una ley caduca y acompañada de una estúpida e incomprensible frase: “Se le tiene por precluido su derecho para presentar pruebas”. Mi abogado con toda calma y profesionalismo me comento que esperáramos a que resolvieran y posteriormente procederíamos conforme a la ley y el derecho constitucional, para reclamarlo. Finalmente me llego un oficio donde se me comunicaba que mi vehículo había pasado a formar parte del patrimonio de algún delincuente con fuero legal y que por mi terquedad se me multaba con una cantidad desorbitante. Me queje con el presidente de la república y después de múltiples cartas, mi “máximo” gobernante que en campaña prometio estar del lado del pueblo me envío de regreso con mis verdugos y finalmente no se digno seguir contestándome. Inocentemente me queje ante la Comisión de “Derechos Humanos” de mi país y resolvieron: que si la Secretaria de Hacienda y Crédito Publico, Había dado esa sentencia, era correcta. Estos hechos “democráticos”, me demostraron que en México, todavía, no existe tribunal alguno que acepte y atienda seriamente las demandas de los gobernados, ni jueces que administren con pureza, dignidad, ética e imparcialidad la justicia. Pues la ley sigue siendo la ramera del presidente, secretarios y subsecretarias de estado, así como de funcionarios y pillos del gobierno en el poder, que en México la única manera de alcanzar los objetivos del pueblo y la solución a sus necesidades es: estrictamente al margen de la ley, ya rotundamente opera el cinismo del orden secreto de las cosas. A la vuelta de casi cinco años, sigo esperando que en mi país se opere un digno cambio de gobierno, para que con el apoyo de un verdadero gobernante solicite nuevamente la resolución correcta a la tan distinguida oficina de ladrones del gobierno de México, la S.H.C.P. Pero día con día he mantenido una férrea y constante campaña de difusión ante el agravio sufrido en mi persona y contra mi familia. He empleado todos los medios propicios: escuelas, reuniones, amigos, clubes, folletines, taxis; el autobús, las peceras, los bancos y el Internet. Pero principalmente mi familia. En la actualidad mis hijos son portadores del calificativo y desprecio al “gobierno, autoridades e instituciones” de mi patria. Conocemos perfectamente los nombres de los institucionales salteadores de mi patria y de quienes intervinieron en tan vil y reprochable atraco, robo, hurto, asalto, latrocinio, pillaje, rapacería, ratería, rapiña, saqueo, delito, fechoría, felonía, atentado y violación de mis garantías individuales. Es por eso que desde pequeño: uno va por ahí perdiéndole el amor a la patria, a las “instituciones”, a las “autoridades” y a la supuesta legalidad de su país. Deseando que los institucionales salteadores de mi patria, se queden huérfanos, si no lo están ya, que sus seres queridos se pudran en el cementerio convertidos en lóbregas carroñas, después de haber tenido una muerte horrible. Que las generaciones futuras de estos saguaipés sean un día el sambenito publico y que todas las maldiciones, males y enfermedades caigan sobre la estirpe de estos zánganos frustrados: que el incesto los degenere, las pestes los aniquilen y las malformaciones, lepras, tumores, cáncer, gonorreas y SIDA los torturen hasta la locura y el exterminio total. Estos son los mínimos y sanos augurios que para los nefastos jueces asalariados de mi patria deseo de todo corazón, pues si existe un equilibrio natural, toda su parentela; viejos, adultos, jóvenes, niños, recién nacidos, en gestación, por nacer y sin haber nacido: serán las víctimas del holocausto emanado del comportamiento de sus padres. Y habrán de pagar la herencia histórica y biológica que no han cometido; como justo y dulce espectáculo a mis satánicos y sarcásticos ojos de espectador satisfecho y agradecido con la cosmogónica en equilibrio. “HODIE MIHI, CRAS TIBI” Juan Sastré Rodríguez 7 / AGOSTO / 2000 -------------------------------------------------- |
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