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"Los demócratas" sostienen, hasta el punto de aburrirnos, que ETA, Batasuna y PNV son simplemente lo mismo. ================================================== ============ Es obvio que no es así, ETA es una banda terrorista, clandestina y armada. ================================================== ============ Batasuna es un partido político, aunque bien claro aparezca que es prisionera de ETA. ================================================== ============ Y el PNV es otro partido, que aún también nacionalista y vasco, sostiene un programa político que no agrada a Batasuna. ================================================== ============ Y si alguno tiene dudas, que lea lo que ahora transcribo y me cuente luego al punto dónde ve la afinidad entre un partido y el otro. ================================================== ============ Arnaldo Otegi y Joseba Permach Ibarretxe: historia de un fraude Gara Alos responsables del PNV les gusta decir que el Parlamento y el Gobierno autonómico son los representantes de tres cuartas partes del conjunto de la población vasca. Esto en sí mismo supone dos cosas: una, que su importancia política no es baladí en tanto que representan una parte muy sustancial de la sociedad vasca; otra, que parecen olvidar constantemente, es la enorme responsabilidad que tienen estas instituciones y sus regidores en el transcurrir de la historia política vasca y sus problemas. El PNV y sus sucesivos gobiernos y lehendakaris han tenido una altísima responsabilidad en que Euskal Herria se encuentre, en pleno siglo XXI y a las puertas de la ampliación europea, sin el reconocimiento explícito de su existencia como pueblo y de su soberanía, y sin instituciones y marco jurídico que nos garanticen la supervivencia en plena globalización económica y cultural. Históricamente, el PNV ha delegado la iniciativa política y la elaboración de propuestas en sus respectivos lehendakaris, y, analizando los dos últimos casos, Ardanza e Ibarretxe, podemos comprobar cómo ambos se convertían con el paso del tiempo en poderes fácticos dentro del partido hasta condicionar la práctica totalidad de la actividad del PNV. Ardanza pasará a la historia por ser el gestor fiel a Madrid. Gestionó durante años el Pacto de Ajuria Enea y, utilizando el maniqueo argumento de violentos y demócratas, se dedicó a ayudar en la represión política y policial contra la izquierda abertzale y en el aislamiento político, mediático y social de Herri Batasuna. Además, quiso dejar en herencia el denominado Plan Ardanza como buen garante del Espíritu del Arriaga, esto es, «la necesidad de vivir cómodos en España». Una gestión que desgraciadamente duró dema- siados años y que no trajo más que el alargamiento del conflicto y la secularización de los problemas estructurales que tenemos como pueblo. Por tanto, una gran irresponsabilidad que la sociedad vasca ha sabido comprender al no ser precisamente uno de los políticos que este pueblo recuerde con cariño, se pregunte donde se pregunte. Pero, en todo caso, lo que hoy queremos subrayar es que la irresponsabilidad y el fraude político que está suponiendo el actual lehendakari, Ibarretxe, es todavía, si cabe, muchísimo mayor que el de su antecesor. Ibarretxe llega al Gobierno de Gasteiz veinte años después de la puesta en marcha de la autonomía de las tres provincias y diez años después de la puesta en marcha del pacto de Ajuria Enea. La intensa labor de denuncia y de propuestas de cambio por parte de la izquierda abertzale hace que tanto el autonomismo como el Pacto de Ajuria Enea empiecen a perder apoyo en la sociedad vasca y entre los diferentes agentes sociales y sindicales. La necesidad de abrir un camino hacia un nuevo escenario y marco democrático y nacional, como superación del actual marco agotado, va cogiendo fuerza y las fuerzas abertzales entienden que ellas han de ser el motor de un proceso que nos lleve al reconocimiento de la existencia de un pueblo que tiene derecho a determinar su futuro. Ibarretxe llega al Gobierno en diciembre de 1998, en plena tregua como resultado de un acuerdo previo por parte de PNV y EA con ETA, a los pocos meses de la firma del acuerdo histórico de Lizarra-Garazi, dos meses antes de que se constituya lo que fue el embrión de nuestra primera institución nacional, Udalbiltza. Llega, en definitiva, en un clima de auténtica ilusión y esperanza para todos y todas aquellas que queremos una Euskal Herria en paz y libertad. Ibarretxe llegó al Gobierno en plena encrucijada y en el inicio de la transición que está realizando este pueblo hacia un nuevo marco democrático y nacional para vivir definitivamente en una paz justa y duradera. Ibarretxe llegó, por lo tanto, en un momento de vital importancia para la historia de nuestro pueblo. Pues bien, debe saber también el pueblo vasco, y que lo nieguen si no es cierto sus actuales compañeros de gobierno, que su primer objetivo tras las elecciones de octubre de 1998 fue la de intentar pactar con el PSOE. Posteriormente intentó evitar y retrasar *hasta aprobarlo finalmente a regañadientes* el acuerdo parla- mentario con EH. Y, en tercer lugar, se ha dedicado hasta el día de hoy a vanagloriar las bondades del Estatuto y de las actuales instituciones, en detrimento de un proceso democrático que nos lleve hacia un nuevo marco y unas nuevas instituciones. Sirva como ejemplo que Juan José Ibarretxe nunca se ha reunido con Udalbiltza, ni en plena tregua, ni ha mencionado sus potencialidades como vía para la articulación de un pueblo dividido en dos estados y tres administraciones. Más de uno responderá que la ruptura de la tregua supuso un cambio muy importante en el panorama político vasco. Y es cierto. Pero no es menos cierto que para cuando esto ocurrió el PNV ya había optado por otros derroteros muy diferentes al negar un acuerdo político y otro institucional con Euskal Herritarrok tras las elecciones municipales del 99. ¿Quizás por los buenos resultados de la izquierda abertzale y lo que esto le suponía en un futuro no tan lejano? ¿Hizo algún intento Ibarretxe, aunque no fuera hasta el amanecer, para que esto no ocurriera o para encauzarlo de nuevo en el más breve tiempo posible? No, dio por concluido su acuerdo con EH sin previa reunión alguna y cerró a cal y canto sus puertas a la representación política de la izquierda abertzale. Pero a pesar de todo ello, el tránsito hacia un nuevo marco sigue en marcha en nuestro país, y el Estado español ha comprendido que es precisamente ese proceso el que hay que paralizar o cuando menos condicionar. De ahí que el PP y el Estado iniciaran un proceso de criminalización y de satanización de todo lo abertzale y euskaldun. El PP y Mayor Oreja han hecho abertzale y soberanista a Ibarretxe pese a que su política sea tan autonomista como la de Ardanza, y gracias a ello consiguió 600.000 votos el 13 de mayo de 2001. Lo que sorprende es que, tras el logro de tan importante apoyo social, responda al proceso y a la transición iniciada en 1998 con propuestas y medidas que nos recuerdan a los tiempos de Ardanza, Arregi o el mismísimo Atutxa. Cuatro años después de entrar en Ajuria Enea, Ibarretxe ha iniciado un curso político como el actual cerrando las sedes de Batasuna, apaleando y reventando una manifestación multitudinaria en Bilbo, negando la posibilidad del derecho a manifestación en decenas de ocasiones, presentando una propuesta que no pretende otra cosa que acomodar veinte años después a las tres provincias en una lectura más o menos amplia de la Constitución española que este pueblo ya rechazó y, recientemente, con una manifestación y eslogan propios de los tiempos de Ajuria Enea. En definitiva, que esos modos y propuestas en tiempos de Ardanza eran graves, pero en la actualidad suponen una auténtica irresponsabilidad política y un gran fraude político para todos aquellos que pensaron que Ibarretxe era diferente. Cuatro años después de que el actual lehendakari llegase a Ajuria Enea, nos encontramos con un debate abierto sobre la necesidad de un nuevo marco en el conjunto de Euskal Herria y, sin embargo, Ibarretxe se empeña en trasladar ese debate a una rotonda que nos lleva veinte años atrás, con todo lo que ello supone. La política y la actual situación de nuestro pueblo es demasiado importante como para dejarla en sus manos y estamos obligados a tomar la iniciativa y no permitir un nuevo fraude político. No son tiempos de sumisión y partición. Son tiempos de debate nacional, marco democrático, autodeterminación, soberanía, y el año que empieza nos tiene que acercar a la paz y la libertad. |
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