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Una de FUNCIONARIOS
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  #1  
Viejo 22/feb/02, 23:11
macbenac
Usuario muy activo
 
Fecha de ingreso: 19/sep/05
Localización: España
Mensajes: 987
Predeterminado Una de FUNCIONARIOS

Funcionarios

El otro día tuve que salir para hacer unas gestiones burocráticas, nada complicado ¿eh?. Tuve que ir a sacar un certificado de empadronamiento para renovar el DNI porque como me he cambiado de domicilio, me hacia falta para compulsar una fotocopia que tenía que presentar para ir a Hacienda. Lo típico. Y una cosa puedo decir: he descubierto una raza superior: los funcionarios.

Es que los funcionarios no son igual que el resto de los humanos.

Para empezar, el ser humano desayuna una vez al día. Pues los funcionarios no. Los funcionarios, vayas a la hora que vayas, siempre están desayunando. Lo que creo es que hacen guardia para que siempre haya uno desayunando. Incluso creo que tienen montada una red que cuando te ven llegar se avisan por teléfono que dicen: “oye Jiménez, Jiménez, que acaba de entrar uno con una cara de buscarte a ti, que no sé. Anda vete corriendo a desayunar’. Y así pasa que tú haces 4 horas de cola, llegas a la ventanilla y te dicen:
“esto no es de mi competencia, esto lo lleva Jiménez, y ahora justamente estará desayunando”.

O puede ser peor ¿eh? te pueden decir: ’mire señor, esto lo lleva Jiménez pero hoy no ha venido porque tiene un día moscoso’. Que claro, cuando yo oía la palabra moscoso, pensé que era una gripe con mocos. Pues no. Es un día libre que tienen. No será una gripe, pero es igual de contagioso, porque hoy la tiene Jiménez, ayer la tuvo aquel, la semana pasada el bedel

En fin, que tuve que hacer 3 viajes hasta que se me apareció Jimenez. Bueno yo al verle, es que me temblaban las piernas. La verdad es que casi me daban ganas de pedirle un autógrafo.
Y va y me dice: “Pero señor, esto es urgente, ¿cómo ha tardado usted tanto en venir a recoger el certificado?”, y tú claro, ante esa raza superior, pues te accionas y dices: “pues mire, es que vine la semana pasada y usted tenía el día moscoso y su compañero no sabía nada, ...“
Entonces él te mira como la de fama, como diciendo: buscas el certificado, pero el certificado cuesta, y aquí es donde vas a empezar a pagar con sudor.

Por fin te da un impreso y te dice: “vaya a que se lo selle el oficial adjunto”.
“y dónde está ese señor”, “bueno pues ahora justamente debe estar desayunando”, y ahí te quedas, esperando al oficial adjunto, y viendo lo cariñosos que son los funcionarios, todos hablando por teléfono con la familia, con el padre, con el tío, con la prima, y claro tú te solidarizas con ellos acordándote de la madre que los parió a todos.

Pero por fin llega el oficial adjunto, y antes de que puedas abrir la boca te dice “enseguida le atiendo, espere un momento”. Y cuando un funcionario dice “espere un momento”, Atención, porque aunque no se note, el va a entrar en otra dimens~TónI Lo q~cFe~ara1tvan a ser dos horas de reloj, para él van a ser unos minutitos de nada. Pero unos minutitos muy bien aprovechados ¿eh?, porque cuando viene, vuelve cargado con las bolsas de hipercor, con la merluza congelada goteando. Y es que claro, los funcionarios, como raza superior, tienen el poder de dominar el tiempo.
Tú por ejemplo le preguntas a un funcionario cualquiera: “en qué cae el año que viene el puente de la inmaculada?, por ejemplo” y él en menos de un nanosegundo, te dirá sin pestañear el año, el mes, el día y hasta te informará de que él ya tiene reservado el puente para irse a Altea. Que el Windows Millenium a su lado es como la cuenta de la vieja.

Por fin, como ya tienes el certificado sellado, te vas a Hacienda, que en el fondo es lo que estabas deseando. La cola de Hacienda es como la cola del dentista: sabes que algo te van a sacar.
Y pasa una cosa curiosa, cuando por fin te toca, el funcionario que está detrás de la mesa te dice: “siéntese”. Malo. Malo, malo. ¿Ustedes conocen a alguien que le hayan dado una buena noticia sentado?. Pero bueno, tú te sientas, abres tu carpetita azul con gomitas donde pone “Hacienda’, sacas los papeles, él los coge, empieza a leerlos y también empieza a poner caras raras. Y mientras los lee, te mira de una forma intermitente, como diciendo: “es usted un chorizo”. Y tú, muerto de miedo, pensando “qué habré hecho!”.
Te sientes como en el corredor de la muerte esperando a que te frían. Y en ese momento suena el teléfono y el tío impertérrito mirando el ordenador, y el teléfono sonando, y el tío mirando el ordenador, y el teléfono sonando y el tío sin hacer caso, y el teléfono sonando, que te dan ganas de decir: “pero cójalo por el amor de Dios, que puede ser el indulto”.

Por fin le da a una tecla del ordenador y te dice: “pero es que esto está mal.
¿Esto quién lo ha hecho?”, y tú otra vez acojonado dices “Pues Jiménez, pero no le diga que se lo he dicho yo”.
“Pues tendrá que traerme usted otro certificado antes de 24 horas porque si no tendrá que pagar una multa de 400.000 pesetas, porque estos datos no se corresponde con los de mi ordenador.”
Sacarle otro certificado a Jiménez en menos de 24 horasi, y le digo “no sería mejor y más fácil que le comprara a usted otro ordenador?”.

Pero la próxima vez a mi no me pillan ¿eh?. No, no. La próxima vez, yo cuando esté sentado delante del funcionario, sacaré el termo de café, mi bandeja con bollos, una exprimidera, dos kilos de naranjas y le digo: “aquí tiene usted el desayuno, pero usted de aquí no se mueve.

Responder citando mensaje
  #2  
Viejo 23/feb/02, 00:12
tellagorri
Usuario muy activo
 
Fecha de ingreso: 19/sep/05
Localización: Europa
Mensajes: 2.088
Predeterminado Jimenez, ¿No sería Plómez?

> MacBenac ha escrito:
> Funcionarios
>
> El otro día tuve que salir para hacer unas gestiones burocráticas, nada complicado ¿eh?. Tuve que ir a sacar un certificado de empadronamiento para renovar el DNI porque como me he cambiado de domicilio, me hacia falta para compulsar una fotocopia que tenía que presentar para ir a Hacienda. Lo típico. Y una cosa puedo decir: he descubierto una raza superior: los funcionarios.
>
> Es que los funcionarios no son igual que el resto de los humanos.
>
> Para empezar, el ser humano desayuna una vez al día. Pues los funcionarios no. Los funcionarios, vayas a la hora que vayas, siempre están desayunando. Lo que creo es que hacen guardia para que siempre haya uno desayunando. Incluso creo que tienen montada una red que cuando te ven llegar se avisan por teléfono que dicen: “oye Jiménez, Jiménez, que acaba de entrar uno con una cara de buscarte a ti, que no sé. Anda vete corriendo a desayunar’. Y así pasa que tú haces 4 horas de cola, llegas a la ventanilla y te dicen:
> “esto no es de mi competencia, esto lo lleva Jiménez, y ahora justamente estará desayunando”.
>
> O puede ser peor ¿eh? te pueden decir: ’mire señor, esto lo lleva Jiménez pero hoy no ha venido porque tiene un día moscoso’. Que claro, cuando yo oía la palabra moscoso, pensé que era una gripe con mocos. Pues no. Es un día libre que tienen. No será una gripe, pero es igual de contagioso, porque hoy la tiene Jiménez, ayer la tuvo aquel, la semana pasada el bedel
>
> En fin, que tuve que hacer 3 viajes hasta que se me apareció Jimenez. Bueno yo al verle, es que me temblaban las piernas. La verdad es que casi me daban ganas de pedirle un autógrafo.
> Y va y me dice: “Pero señor, esto es urgente, ¿cómo ha tardado usted tanto en venir a recoger el certificado?”, y tú claro, ante esa raza superior, pues te accionas y dices: “pues mire, es que vine la semana pasada y usted tenía el día moscoso y su compañero no sabía nada, ...“
> Entonces él te mira como la de fama, como diciendo: buscas el certificado, pero el certificado cuesta, y aquí es donde vas a empezar a pagar con sudor.
>
> Por fin te da un impreso y te dice: “vaya a que se lo selle el oficial adjunto”.
> “y dónde está ese señor”, “bueno pues ahora justamente debe estar desayunando”, y ahí te quedas, esperando al oficial adjunto, y viendo lo cariñosos que son los funcionarios, todos hablando por teléfono con la familia, con el padre, con el tío, con la prima, y claro tú te solidarizas con ellos acordándote de la madre que los parió a todos.
>
> Pero por fin llega el oficial adjunto, y antes de que puedas abrir la boca te dice “enseguida le atiendo, espere un momento”. Y cuando un funcionario dice “espere un momento”, Atención, porque aunque no se note, el va a entrar en otra dimens~TónI Lo q~cFe~ara1tvan a ser dos horas de reloj, para él van a ser unos minutitos de nada. Pero unos minutitos muy bien aprovechados ¿eh?, porque cuando viene, vuelve cargado con las bolsas de hipercor, con la merluza congelada goteando. Y es que claro, los funcionarios, como raza superior, tienen el poder de dominar el tiempo.
> Tú por ejemplo le preguntas a un funcionario cualquiera: “en qué cae el año que viene el puente de la inmaculada?, por ejemplo” y él en menos de un nanosegundo, te dirá sin pestañear el año, el mes, el día y hasta te informará de que él ya tiene reservado el puente para irse a Altea. Que el Windows Millenium a su lado es como la cuenta de la vieja.
>
> Por fin, como ya tienes el certificado sellado, te vas a Hacienda, que en el fondo es lo que estabas deseando. La cola de Hacienda es como la cola del dentista: sabes que algo te van a sacar.
> Y pasa una cosa curiosa, cuando por fin te toca, el funcionario que está detrás de la mesa te dice: “siéntese”. Malo. Malo, malo. ¿Ustedes conocen a alguien que le hayan dado una buena noticia sentado?. Pero bueno, tú te sientas, abres tu carpetita azul con gomitas donde pone “Hacienda’, sacas los papeles, él los coge, empieza a leerlos y también empieza a poner caras raras. Y mientras los lee, te mira de una forma intermitente, como diciendo: “es usted un chorizo”. Y tú, muerto de miedo, pensando “qué habré hecho!”.
> Te sientes como en el corredor de la muerte esperando a que te frían. Y en ese momento suena el teléfono y el tío impertérrito mirando el ordenador, y el teléfono sonando, y el tío mirando el ordenador, y el teléfono sonando y el tío sin hacer caso, y el teléfono sonando, que te dan ganas de decir: “pero cójalo por el amor de Dios, que puede ser el indulto”.
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> Por fin le da a una tecla del ordenador y te dice: “pero es que esto está mal.
> ¿Esto quién lo ha hecho?”, y tú otra vez acojonado dices “Pues Jiménez, pero no le diga que se lo he dicho yo”.
> “Pues tendrá que traerme usted otro certificado antes de 24 horas porque si no tendrá que pagar una multa de 400.000 pesetas, porque estos datos no se corresponde con los de mi ordenador.”
> Sacarle otro certificado a Jiménez en menos de 24 horasi, y le digo “no sería mejor y más fácil que le comprara a usted otro ordenador?”.
>
> Pero la próxima vez a mi no me pillan ¿eh?. No, no. La próxima vez, yo cuando esté sentado delante del funcionario, sacaré el termo de café, mi bandeja con bollos, una exprimidera, dos kilos de naranjas y le digo: “aquí tiene usted el desayuno, pero usted de aquí no se mueve.
>
>
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  #3  
Viejo 23/feb/02, 01:01
florez
Novato
 
Fecha de ingreso: 19/sep/05
Mensajes: 5.485
Predeterminado Re: Jimenez, ¿No sería Plómez?

> Tellagorri ha escrito:
>> MacBenac ha escrito:
>> Funcionarios
>>
>> El otro día tuve que salir para hacer unas gestiones burocráticas, nada complicado ¿eh?. Tuve que ir a sacar un certificado de empadronamiento para renovar el DNI porque como me he cambiado de domicilio, me hacia falta para compulsar una fotocopia que tenía que presentar para ir a Hacienda. Lo típico. Y una cosa puedo decir: he descubierto una raza superior: los funcionarios.
>>
>> Es que los funcionarios no son igual que el resto de los humanos.
>>
>> Para empezar, el ser humano desayuna una vez al día. Pues los funcionarios no. Los funcionarios, vayas a la hora que vayas, siempre están desayunando. Lo que creo es que hacen guardia para que siempre haya uno desayunando. Incluso creo que tienen montada una red que cuando te ven llegar se avisan por teléfono que dicen: “oye Jiménez, Jiménez, que acaba de entrar uno con una cara de buscarte a ti, que no sé. Anda vete corriendo a desayunar’. Y así pasa que tú haces 4 horas de cola, llegas a la ventanilla y te dicen:
>> “esto no es de mi competencia, esto lo lleva Jiménez, y ahora justamente estará desayunando”.
>>
>> O puede ser peor ¿eh? te pueden decir: ’mire señor, esto lo lleva Jiménez pero hoy no ha venido porque tiene un día moscoso’. Que claro, cuando yo oía la palabra moscoso, pensé que era una gripe con mocos. Pues no. Es un día libre que tienen. No será una gripe, pero es igual de contagioso, porque hoy la tiene Jiménez, ayer la tuvo aquel, la semana pasada el bedel
>>
>> En fin, que tuve que hacer 3 viajes hasta que se me apareció Jimenez. Bueno yo al verle, es que me temblaban las piernas. La verdad es que casi me daban ganas de pedirle un autógrafo.
>> Y va y me dice: “Pero señor, esto es urgente, ¿cómo ha tardado usted tanto en venir a recoger el certificado?”, y tú claro, ante esa raza superior, pues te accionas y dices: “pues mire, es que vine la semana pasada y usted tenía el día moscoso y su compañero no sabía nada, ...“
>> Entonces él te mira como la de fama, como diciendo: buscas el certificado, pero el certificado cuesta, y aquí es donde vas a empezar a pagar con sudor.
>>
>> Por fin te da un impreso y te dice: “vaya a que se lo selle el oficial adjunto”.
>> “y dónde está ese señor”, “bueno pues ahora justamente debe estar desayunando”, y ahí te quedas, esperando al oficial adjunto, y viendo lo cariñosos que son los funcionarios, todos hablando por teléfono con la familia, con el padre, con el tío, con la prima, y claro tú te solidarizas con ellos acordándote de la madre que los parió a todos.
>>
>> Pero por fin llega el oficial adjunto, y antes de que puedas abrir la boca te dice “enseguida le atiendo, espere un momento”. Y cuando un funcionario dice “espere un momento”, Atención, porque aunque no se note, el va a entrar en otra dimens~TónI Lo q~cFe~ara1tvan a ser dos horas de reloj, para él van a ser unos minutitos de nada. Pero unos minutitos muy bien aprovechados ¿eh?, porque cuando viene, vuelve cargado con las bolsas de hipercor, con la merluza congelada goteando. Y es que claro, los funcionarios, como raza superior, tienen el poder de dominar el tiempo.
>> Tú por ejemplo le preguntas a un funcionario cualquiera: “en qué cae el año que viene el puente de la inmaculada?, por ejemplo” y él en menos de un nanosegundo, te dirá sin pestañear el año, el mes, el día y hasta te informará de que él ya tiene reservado el puente para irse a Altea. Que el Windows Millenium a su lado es como la cuenta de la vieja.
>>
>> Por fin, como ya tienes el certificado sellado, te vas a Hacienda, que en el fondo es lo que estabas deseando. La cola de Hacienda es como la cola del dentista: sabes que algo te van a sacar.
>> Y pasa una cosa curiosa, cuando por fin te toca, el funcionario que está detrás de la mesa te dice: “siéntese”. Malo. Malo, malo. ¿Ustedes conocen a alguien que le hayan dado una buena noticia sentado?. Pero bueno, tú te sientas, abres tu carpetita azul con gomitas donde pone “Hacienda’, sacas los papeles, él los coge, empieza a leerlos y también empieza a poner caras raras. Y mientras los lee, te mira de una forma intermitente, como diciendo: “es usted un chorizo”. Y tú, muerto de miedo, pensando “qué habré hecho!”.
>> Te sientes como en el corredor de la muerte esperando a que te frían. Y en ese momento suena el teléfono y el tío impertérrito mirando el ordenador, y el teléfono sonando, y el tío mirando el ordenador, y el teléfono sonando y el tío sin hacer caso, y el teléfono sonando, que te dan ganas de decir: “pero cójalo por el amor de Dios, que puede ser el indulto”.
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>> Por fin le da a una tecla del ordenador y te dice: “pero es que esto está mal.
>> ¿Esto quién lo ha hecho?”, y tú otra vez acojonado dices “Pues Jiménez, pero no le diga que se lo he dicho yo”.
>> “Pues tendrá que traerme usted otro certificado antes de 24 horas porque si no tendrá que pagar una multa de 400.000 pesetas, porque estos datos no se corresponde con los de mi ordenador.”
>> Sacarle otro certificado a Jiménez en menos de 24 horasi, y le digo “no sería mejor y más fácil que le comprara a usted otro ordenador?”.
>>
>> Pero la próxima vez a mi no me pillan ¿eh?. No, no. La próxima vez, yo cuando esté sentado delante del funcionario, sacaré el termo de café, mi bandeja con bollos, una exprimidera, dos kilos de naranjas y le digo: “aquí tiene usted el desayuno, pero usted de aquí no se mueve.

Esta divertida historia que nos ha contado Mac Benac se parece a las de Larra.

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Particularmente pienso que una sociedad democrática requiere una Administración eficaz, y que la nuestra dista todavía de serlo.

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No obstante creo que el problema es sobre todo político. La Administración es deficiente porque está mal dirigida y porque los ciudadanos no presionan lo bastante sobre los que han de dirigirla.

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Pero en fin, son opiniones no muy propias de este foro.

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Y una curiosidad, ¿ese Jiménez pertenecía a la Administración local, la autonómica o la estatal?
Responder citando mensaje
  #4  
Viejo 23/feb/02, 01:01
30130
Usuario activo
 
Fecha de ingreso: 19/sep/05
Mensajes: 269
Predeterminado Re:Da la sensación de SERLO

> Tellagorri ha escrito:
>> MacBenac ha escrito:
>> Funcionarios
>>
>> El otro día tuve que salir para hacer unas gestiones burocráticas, nada complicado ¿eh?. Tuve que ir a sacar un certificado de empadronamiento para renovar el DNI porque como me he cambiado de domicilio, me hacia falta para compulsar una fotocopia que tenía que presentar para ir a Hacienda. Lo típico. Y una cosa puedo decir: he descubierto una raza superior: los funcionarios.
>>
>> Es que los funcionarios no son igual que el resto de los humanos.
>>
>> Para empezar, el ser humano desayuna una vez al día. Pues los funcionarios no. Los funcionarios, vayas a la hora que vayas, siempre están desayunando. Lo que creo es que hacen guardia para que siempre haya uno desayunando. Incluso creo que tienen montada una red que cuando te ven llegar se avisan por teléfono que dicen: “oye Jiménez, Jiménez, que acaba de entrar uno con una cara de buscarte a ti, que no sé. Anda vete corriendo a desayunar’. Y así pasa que tú haces 4 horas de cola, llegas a la ventanilla y te dicen:
>> “esto no es de mi competencia, esto lo lleva Jiménez, y ahora justamente estará desayunando”.
>>
>> O puede ser peor ¿eh? te pueden decir: ’mire señor, esto lo lleva Jiménez pero hoy no ha venido porque tiene un día moscoso’. Que claro, cuando yo oía la palabra moscoso, pensé que era una gripe con mocos. Pues no. Es un día libre que tienen. No será una gripe, pero es igual de contagioso, porque hoy la tiene Jiménez, ayer la tuvo aquel, la semana pasada el bedel
>>
>> En fin, que tuve que hacer 3 viajes hasta que se me apareció Jimenez. Bueno yo al verle, es que me temblaban las piernas. La verdad es que casi me daban ganas de pedirle un autógrafo.
>> Y va y me dice: “Pero señor, esto es urgente, ¿cómo ha tardado usted tanto en venir a recoger el certificado?”, y tú claro, ante esa raza superior, pues te accionas y dices: “pues mire, es que vine la semana pasada y usted tenía el día moscoso y su compañero no sabía nada, ...“
>> Entonces él te mira como la de fama, como diciendo: buscas el certificado, pero el certificado cuesta, y aquí es donde vas a empezar a pagar con sudor.
>>
>> Por fin te da un impreso y te dice: “vaya a que se lo selle el oficial adjunto”.
>> “y dónde está ese señor”, “bueno pues ahora justamente debe estar desayunando”, y ahí te quedas, esperando al oficial adjunto, y viendo lo cariñosos que son los funcionarios, todos hablando por teléfono con la familia, con el padre, con el tío, con la prima, y claro tú te solidarizas con ellos acordándote de la madre que los parió a todos.
>>
>> Pero por fin llega el oficial adjunto, y antes de que puedas abrir la boca te dice “enseguida le atiendo, espere un momento”. Y cuando un funcionario dice “espere un momento”, Atención, porque aunque no se note, el va a entrar en otra dimens~TónI Lo q~cFe~ara1tvan a ser dos horas de reloj, para él van a ser unos minutitos de nada. Pero unos minutitos muy bien aprovechados ¿eh?, porque cuando viene, vuelve cargado con las bolsas de hipercor, con la merluza congelada goteando. Y es que claro, los funcionarios, como raza superior, tienen el poder de dominar el tiempo.
>> Tú por ejemplo le preguntas a un funcionario cualquiera: “en qué cae el año que viene el puente de la inmaculada?, por ejemplo” y él en menos de un nanosegundo, te dirá sin pestañear el año, el mes, el día y hasta te informará de que él ya tiene reservado el puente para irse a Altea. Que el Windows Millenium a su lado es como la cuenta de la vieja.
>>
>> Por fin, como ya tienes el certificado sellado, te vas a Hacienda, que en el fondo es lo que estabas deseando. La cola de Hacienda es como la cola del dentista: sabes que algo te van a sacar.
>> Y pasa una cosa curiosa, cuando por fin te toca, el funcionario que está detrás de la mesa te dice: “siéntese”. Malo. Malo, malo. ¿Ustedes conocen a alguien que le hayan dado una buena noticia sentado?. Pero bueno, tú te sientas, abres tu carpetita azul con gomitas donde pone “Hacienda’, sacas los papeles, él los coge, empieza a leerlos y también empieza a poner caras raras. Y mientras los lee, te mira de una forma intermitente, como diciendo: “es usted un chorizo”. Y tú, muerto de miedo, pensando “qué habré hecho!”.
>> Te sientes como en el corredor de la muerte esperando a que te frían. Y en ese momento suena el teléfono y el tío impertérrito mirando el ordenador, y el teléfono sonando, y el tío mirando el ordenador, y el teléfono sonando y el tío sin hacer caso, y el teléfono sonando, que te dan ganas de decir: “pero cójalo por el amor de Dios, que puede ser el indulto”.
>>
>> Por fin le da a una tecla del ordenador y te dice: “pero es que esto está mal.
>> ¿Esto quién lo ha hecho?”, y tú otra vez acojonado dices “Pues Jiménez, pero no le diga que se lo he dicho yo”.
>> “Pues tendrá que traerme usted otro certificado antes de 24 horas porque si no tendrá que pagar una multa de 400.000 pesetas, porque estos datos no se corresponde con los de mi ordenador.”
>> Sacarle otro certificado a Jiménez en menos de 24 horasi, y le digo “no sería mejor y más fácil que le comprara a usted otro ordenador?”.
>>
>> Pero la próxima vez a mi no me pillan ¿eh?. No, no. La próxima vez, yo cuando esté sentado delante del funcionario, sacaré el termo de café, mi bandeja con bollos, una exprimidera, dos kilos de naranjas y le digo: “aquí tiene usted el desayuno, pero usted de aquí no se mueve.
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