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![]() EL LEHENDAKARI AGUIRRE VISITA a HITLER El nacionalismo vasco afirma que siempre ha favorecido las libertades y los ideales democráticos. Sin embargo, en plena II Guerra Mundial, el "lehendakari" Aguirre VIAJÓ A BERLIN, donde pasó cuatro meses tratando de buscar la forma de negociar un "PROTECTORADO " vasco dentro de la futura Europa nazi que se da por segura en todas las cancillerías europeas. El Euskadi Buru Batzar realizó un informe de respuesta a las propuestas nazis sobre la "cuestión vasca", donde se revela la idea del PNV de que se cree una especie de "islote" independiente en el Pirineo. El texto dice: "Creemos en el talento político del Führer, en su sagacidad, en su alto espíritu de comprensión y esperamos que en el nuevo orden a establecer en Europa y particularmente en España, el problema vasco será tenido en cuenta: 1. Porque a Alemania le interesa la pacificación de España y no puede escapar a su recto sentido que no hay pacificación posible sin una solución favorable a los vascos. 2. Porque el problema vasco está íntimamente ligado al problema racial alemán y por lo tanto es lógico y natural esperar que el Führer lo acoja y lo resuelva con la mayor simpatía. 3. Porque nos damos perfecta cuenta de que las simpatías de Alemania en España están en decadencia, y por lo tanto es de extrema importancia para el Führer recoger y captar nuevas simpatías si no quiere perder toda su influencia en España". "Hago el viaje con tres oficiales alemanes que venían de París. Amables y correctos. Llego a Colonia después de pasar la frontera a las dos y media. Tomo de milagro el tren a Hamburgo y dejo olvidada mi gabardina con la precipitación. En la frontera, concesión y facilidad. Viajo hasta Hamburgo con un simpático oficial de la Marina condecorado con las cruces de guerra. Sabe francés y me viene muy bien de intérprete. Llego a Hamburgo a las nueve cincuenta". De esta manera tan gráfica relata el lehendakari provisional vasco, José Antonio Aguirre, su entrada en Alemania, el corazón del imperio nazi. Viaja solo en un tren, rodeado de simpáticos y amables oficiales nazis, sin ningún control de pasaportes, sin lentos ni molestos registros de las SS, la temida policía política y racial que dirige Heinrich Himmler, sin preguntas ni interrogatorios incómodos, sin la más mínima molestia. El país más vigilado y seguro del mundo abre las puertas al lehendakari vasco.
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Trebonius |
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#2
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MATANZAS EN LOS BARCOS PRISIONES
El bombardeo de Guernica ha pasado a la historia como una atrocidad de guerra. Sin embargo, murieron muchas más personas asesinadas en la retaguardia que durante aquel bombardeo. Varios barcos fueron convertidos en prisiones. Uno de ellos fue el "Cabo Quilates". Gregorio Balparda, abogado y diputado liberal por la circunscripción electoral de Valmaseda El 24 de agosto de 1936 recibía una comunicación de la Junta de Defensa de Vizcaya. Le reclamaba "sin excusa ni pretexto de ninguna clase" para actuar como fiscal militar en los tribunales sumarísimos que se estaban organizando en la provincia de Guipúzcoa. Como Balparda creía que la Justicia militar era cualquier cosa menos justicia y pretendían que acusara de rebelión militar al general Muslera, decidió no prestarse a la comparsa y se dio de baja en el Colegio de Abogados. Detenido poco después, fue interrogado en el Gobierno Civil por el ugetista Paulino Beltrán delante del gobernador Echevarría Novoa. -O sea, que ya no es abogado y no puede intervenir en el asunto. -En efecto, no voy a actuar contra mis convicciones. No voy a servir de Caifás. -Está bien. Si el gobernador no ordena otra cosa, que lo fusilen en el acto -bramó Beltrán-. En lugar de fusilarle le internan en la comisaría Elcano de donde saldría el 31 de agosto con otros 18 presos con destino al barco-prisión Cabo Quilates, un antiguo mercante de la naviera Ybarra fondeado frente a El Abra, en el término municipal de Erandio. Aquel mismo día le molieron a palos hasta que perdió el conocimiento. Luego le ataron a la grúa del barco y un miliciano ordenó: - ¡Al agua con este cabrón! Desnudo, atado de pies y manos, le zambulleron en la cloaca del Nervión una y otra vez hasta que perdió de nuevo el conocimiento. Acto seguido, le subieron a la cubierta y le descerrajaron un tiro de gracia. -¡Otro fascista menos! Concluida su hazaña, sus verdugos se quedaron con sus zapatos de Villarejo color marrón y su traje de Moronati, sucio por los días de cautiverio. Por José DIAZ HERRERA
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Trebonius |
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#3
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Yo tengo el recuerdo escuchado de que cuando los peneuvistas se apoderaron de Guipúzcoa mediante golpes municipales, ya que en aquella época toda la población provincial era mayoritariamente CARLISTA, sobornando al Coronel Carrasco (Coronel jefe de los Cuarteles de San Sebastián), salieron corriendo hacía los pueblos del Urola y en dirección a Bilbao los "aguerridos gudaris" en cuanto el Coronel Sochaga y sus requetés aterrizaron en Irún y procedentes de Pamplona.
Sus "batallas" consistieron en ir de pueblo en pueblo perdiendo posiciones y sin pegar un tiro porque los requetés les producían terror. Los requetés eran otros vascos, pero sin pamplinas inventadas. Pues, bien. Mientras gobernaron los carlistas no hubo represalia alguna en los pueblos situados entre San Sebastián y Eibar (Orio, Zarauz, Guetaria, Zumaya, Cestona, Azpeitia, Azcoitia, etc) contra los nacionalistas-socialistas armados. Sin embargo, en AZCOITIA, los "bravos gudaris" cogieron a SIETE carlistas locales al azar, los llevaron a unos kilómetros de allí, y en el borde de la cuneta los fusilaron, para a continuación salir corriendo hacia Eibar porque por Zumaya ya llegaban los requetés.
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John Cale |
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#4
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¿Era Luís Companys el líder democrático que hoy se pretende rehabilitar? Nada más lejos de la realidad. Companys no era un revolucionario obrerista, se trataba de un burgués de izquierdas, por tanto con unas raíces filosóficas relacionadas más con el individualismo y relativismo, que con el totalitarismo marxista, pero que no le impidió adoptar posturas frontalmente contrarias a la convivencia democrática. Companys un personaje mediocre, mezquino y oportunista, con una ideología bastante simplona, de corte jacobino, que evolucionó de la indiferencia e incluso antipatía por el catalanismo al autonomísimo, para terminar en el separatismo cerril, pero que le permitió adaptarse a las circunstancias cambiantes de una época de efervescencia política. Al igual que su partido, Esquerra Republicana de Catalunya, el perfil intelectual de Companys era bajo, su credo ideológico se basó en el aprovechamiento del sentimentalismo catalanista más elemental, para “llorar” y explotar los supuestos agravios históricos a que Madrid había sometido a Cataluña y conquistar un Estado Catalán, legitima aspiración que impedía la España reaccionaria. La ERC se había formado a partir del partido Estat Catalá de Macía, un ex coronel del ejército que se había pasado del españolismo al catalanismo. Personaje, un tanto ridículo, que elucubraba desde Francia una invasión “liberadora” de Cataluña con apoyos de Moscú. A él se unió el grupo de Companys, un abogado que había adquirido cierto renombre defendiendo anarquistas y que presidía la agrupación Republicá Catalá, además participaban otros elementos procedentes del entorno del periódico L´Opinió. Se trata pues de un partido de oportunidad, que sólo logró protagonismo gracias a las negligencias y convulsiones que caracterizaron a la II República. No en vano, José Pla, el más insigne escritor de la cultura catalana, juzga a la Esquerra, diciendo que estaba “llena de los tópicos del humanismo más insincero y tronado”. La proclamación de la II República da la posibilidad a este grupúsculo de obtener un protagonismo impensable frente al nacionalismo moderado de Cambó y la Lliga, hasta entonces principal representante del catalanismo. Maciá secundado por Companys, concejal electo, se apropia el día 14 de abril de 1931, por la vía de hecho del ayuntamiento y diputación de Barcelona proclamando la República Catalana. Normalizada la situación institucional ERC, aprovecha la popularidad ganada por el golpe de efecto que aunó republicanismo y catalanismo en el momento más oportuno, y obtiene en Cataluña, en las primeras elecciones republicanas, un magnifico resultado, que una vez aprobado el polémico estatuto de autonomía de Cataluña, catapultó, primero a Macía, y tras su muerte a Companys, a la presidencia de la Generalidad de Cataluña. Instalado en el poder Companys apostó por un separatismo cada día más extremista. Con ocasión de la declaración de inconstitucionalidad de la Ley de Contratos de Cultivo de la Generalidad, por parte del Tribunal de Garantías Constitucionales creado por el gobierno Azaña, que estimó un recurso de la Lliga, es decir del catalanismo de derechas, al considerar que el parlamento catalán había vulnerado el reparto de compendias al entrar a regular tal cuestión, Companys, en vez de acatar la decisión judicial decidió forzar un enfrentamiento con la autoridades republicanas en Madrid, que habían cambiado de signo tras las elecciones de 1933. Companys se negó deliberadamente a la salida negociada del conflicto, acudiendo a la demagogia ramplona de siempre, para espolear los sentimientos catalanistas, presentando la cuestión como una afrenta del gobierno de centro-derecha, y en definitiva de España, a los catalanes. Companys dijo que los catalanes sufrían una agresión “de los lacayos de la monarquía y de las huestes fascistas monárquicas” y advirtió, en clara incitación al uso de la fuerza, que no se repetirían las ocasiones en que los catalanes habían sido injuriados y no habían sabido responder con la violencia precisa. Mientras el órgano de ERC, el diario L´Opinió proclamaba: “El parlamento catalán, que es soberano responderá a España […] ¡No somos más que catalanes¡, y en el Parlamento en Madrid, el portavoz de ERC denunciaba las “agresiones tan manifiestas a la autotomía de Cataluña” y la retirada de las Cortes de su formación. Companys siguió alimentando el fuego de la radicalización. Instaló como conseller de gobernación a Dencás otro patético personaje, que imitando los aspavientos teatrales de Maciá, había creado los “escamot” una milicia de atrezo para el partido, a modo de bufa imitación de los fascios italianos, que hacía gala de un furibundo credo secesionista. El conflicto entre Generalidad y Estado se saldó con un acuerdo por el que la Ley se adaptaba en su reglamento a las peticiones del gobierno central. Sin embargo la violencia había anidado en el ánimo de la sociedad catalana, y la quema del Palacio de Justicia de Barcelona por unos nacionalistas exaltados, anunciaba que más que una solución, se abría un paréntesis en espera de acontecimientos. SIGUE..................
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Joseto |
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#5
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Y estos llegaron el de 6 de octubre de 1934. Companys, prisionero de sus proclamas catalanistas, rehén de su discurso demagógico que había buscado la rebeldía popular apostó por la total ruptura con la legalidad democrática republicana ALZÁNDOSE EN ARMAS en connivencia con el PSOE en lo que fue, ni más ni menos, que un intento de GOLPE DE ESTADO.
La disculpa, la entrada en el gobierno del partido más votado en las últimas elecciones, la derechista CEDA. Companys, desde los balcones de la Generalidad lanzó la siguiente arenga: “Las fuerzas monarquizantes y fascistas que de un tiempo a acá pretenden traicionar a la República han logrado su objetivo y han asaltado el poder. Los partidos y los hombres que han hecho publicas manifestaciones contra las menguadas libertades de nuestra tierra; los núcleos que predican constantemente el odio y la guerra contra Cataluña, constituyen hoy el soporte de las instituciones. Todas las fuerzas auténticamente republicanas y los sectores sociales avanzados, sin excepción ni distinción, se han levantado en armas contra la audaz tentativa fascista. Cataluña enarbola su bandera y llama a todos al cumplimiento del deber y a la obediencia absoluta al gobierno de la Generalidad, que, desde este momento, rompe toda relación con las instituciones falseadas. En esta hora solemne, en nombre del pueblo y del parlamento, el gobierno que presido asume todas las facultades del poder en Cataluña, proclama el estado Catalán dentro de la República Federal Española …” Companys contaba con los aproximadamente 3.400 escamots de Dencás y Badia y unos 400 mozos de escuadra al mando de Pérez Farras, tanto la Guardia de Asalto como la Guardia Civil, pese a su dependencia formal de la Generalidad, no se sumaron a la intentona golpista. La intervención en Barcelona de las tropas del ejército leales a la República, compuestas de unos 500 hombres, bajo el mando del general Batet frustraron el golpe, sin apenas resistencia de los nacionalistas, que se rindieron tras los primeros intercambios de disparos. Los escamots salieron huyendo, demostrando que apenas servían para algo más que desfilar y fanfarronear ante pusilánimes tenderos. En cuanto a los rabassaires, pequeños agricultores catalanes, cuyo apoyo popular esperaba la Esquerra, no se embarcaron en la insensata aventura de Companys. El pronunciamiento había comenzado el 6 de octubre y finalizó la mañana del día 7, apenas había durado unas horas, pero la estúpida ambición de Companys dejó aproximadamente 73 muertos innecesarios. Detenido y juzgado el sedicioso presidente de la Generalidad fue condenado a 30 años de prisión. Con el triunfo del Frente Popular en 1936 Companys salió de la cárcel, e increíblemente, pese a su reciente pasado delictivo fue restablecido en su cargo de Presidente de la Generalidad, como si nada hubiese pasado. De lo poco arrepentido que estaba de su actuación antidemocrática, y de lo poco que le importaban las vidas de los ciudadanos da fe el propio Azaña, que critica la intención de Companys una vez excarcelado, de presentarse inmediatamente en Barcelona para “tomar posesión del gobierno por la fuerza”, “disparate colosal, repetir otro 6 de octubre, y hacérmelo a mí”. Desde la cárcel Companys había jugado sus bazas políticas al colaborar en la tarea del Frente Popular de atraerse los votos de los anarquistas. La Esquerra envió al diputado Trabal, que en compañía de Salvat y Farreras, negoció con los líderes anarquistas su apoyó electoral. A cambio exigían la entrega de armas, quedando muy patente que la intención de las fuerzas revolucionarias no acababa en la obtención de una victoria electoral. Durante los meses de violencias que siguieron, la CNT se cobró su tributo a la contribución que en votos hizo para el triunfo del Frente Popular. En Cataluña una Generalidad sobrepasada “tolero” sus desmanes, que llegaron hasta el asesinato de los famosos hermanos catalanistas Badia, que tan activamente habían participado en el levantamiento de la Generalidad en octubre del 34. El alzamiento militar del 18 de julio fracasa en Cataluña. Companys y la Esquerra no tienen escrúpulo alguno en coaligarse con la CNT para prescindir del gobierno central e INSTAURAR DE FACTO UN RÉGIMEN semiindependiente en Cataluña. El terror que despliegan los milicianos se ve respaldado legalmente por Companys, que el 23 de julio de 1936 promulga un decreto que dice: “La rebelión fascista ha sido vencida por el heroísmo popular y el de las fuerzas locales. Precisa, pues, acabar de aniquilar en toda Cataluña los últimos núcleos fascistas existentes y prevenirse contra los posibles peligros de fuera. Por tanto a propuesta de la presidencia, y de acuerdo con el Consejo Ejecutivo, decreto lo siguiente: 1º Se crean las milicias ciudadanas para la defensa de la República y la lucha contra el fascismo y la reacción … 2º En toda Cataluña se constituirán los Comités locales de defensa que deberán obrar de acuerdo con el Comité Central”. La actuación de esos comités y milicias, tuvo como resultado el ASESINATO en Cataluña de 8.000 personas durante 1936, según estimaciones del propio Companys y el destacado miembro de ERC, Jaime Miravitlles. El número de ejecuciones fue tan elevado en las primeras semanas, y la represión tan brutal, que el propio Companys tuvo que protestar ante el Comité Central controlado por los anarquistas García Oliver y Peiró. En noviembre de 1936 disuelve la Oficina Judicial controlada por la CNT sustituyéndola por los Tribunales Populares, que se habían creado en el mes de octubre. La relación simbiótica de la Esquerra de Companys con el anarquismo finalizó en abril de 1937. En dichas fechas los comunistas del PCE, muy fortalecidos por la importante presencia militar y política soviética en España, pretendían dominar al resto de organizaciones obreras y los resortes de poder de la República. En Cataluña los comunistas coaligados con socialistas en el PSUC pretendían acabar con el dominio de los anarquistas. Durante los meses de marzo y abril se habían producido secuestros y asesinatos entre miembros de las organizaciones obreras enfrentadas. Companys barruntando el cambio de vientos, se alía con los comunistas, y permite que la Generalidad practique numerosas detenciones de anarquistas tras el asesinato del líder del PSUC Roldán Cortada el 25 de abril. El 3 de mayo los comunistas, con el beneplácito de Companys ocupan el edificio de Telefónica de Barcelona, baluarte del anarquismo y por tanto autentica provocación, que desemboca en un levantamiento armado de la CNT y el POUM, que es sofocado en pocos días. La represión posterior, que se hace especialmente cruenta entre los miembros del POUM, incrementada tras el ascenso de Negrin a la jefatura de la República, nos añade 500 asesinatos más en suelo catalán permitidos por el gobierno de Companys. La represión se atempera durante los años 1937 y 1938, para volver a subir en 1939, barajándose un total de al menos 2.300 EJECUCIONES más en el territorio catalán. Finalizada la contienda civil, Companys huye a Francia donde es detenido por la Gestapo y entregado a las autoridades españolas que tras un juicio militar condenan a muerte al que fuera presidente de la Generalidad. El balance no puede ser más siniestro, son dos los hechos criminales que se deben imputar a Luis Companys y Jover. Por lado un levantamiento armado contra la legalidad democrática, que provoca decenas de muertos en octubre de 1934, y por otro la responsabilidad política y personal directa en la represión en Cataluña durante la Guerra Civil, represión que Companys no solo no desconocía y permitía, sino que apoyó con sus medidas legislativas y de gobierno. De aplicarse las mismas normas procesales y penales que se utilizaron durante el juicio de Nuremberg contra los dirigentes nazis, a la conducta de Companys, seguramente habría acabado, al igual que los jefes nazis, colgando de una soga. El hecho de que acabase sus días ante un pelotón de fusilamiento franquista no cambia los graves crímenes de guerra que cometió. Mateo Requesens
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Joseto |
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#6
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LAS ELECCIONES DEL 12 DE ABRIL DE 1.931.
Las primeras elecciones programadas, en las que se elegirían los alcaldes de pueblos y ciudades, tuvo lugar el 12 de abril de 1931. La victoria de los monárquicos fue sencillamente aplastante. En la inmensa mayoría de los pueblos ni siquiera había candidatos republicanos, y donde se presentaban solían perder. La excepción la constituyeron las grandes ciudades, como Madrid o Valencia. Una combinación entre que los resultados de las ciudades se conocieron antes, el desprecio republicano por los pequeños pueblos, que suponían en manos del caciquismo, y el entreguismo de los monárquicos (con la excepción de Juan de la Cierva), llevó a los republicanos a declarar ilegalmente la II República. Dijeron que la República había ganado en unas elecciones en las que no se discutía el modelo de Estado, sino los alcaldes de los ayuntamientos. Y que, además, había perdido abrumadoramente, con una relación de 6 a uno. El origen institucional de la II República se basa en una ilegalidad. Una Constitución contra media España La Constitución, que entró en vigor el 9 de diciembre de 1931, estuvo elaborada por la izquierda, desde la izquierda y para la izquierda, sin ninguna voluntad de alcanzar un consenso con la derecha, que de hecho no se produjo. Manuel Azaña diría en su momento que la República era para todos los españoles, pero gobernada desde los republicanos. Esta concepción alimentó el golpe de Estado de 1934. La Constitución del 31 disolvió las órdenes religiosas y les expropió los bienes. También suprimió el presupuesto del clero y de los cultos católicos. El texto disolvía el derecho de propiedad, al asentar la expropiación forzada de cualquier tipo de propiedad por causa de utilidad social, que se juzgaba por el propio Gobierno. Quema de conventos e iglesias. Los días 10, 11 y 12 de mayo se producen actos vandálicos contra la Iglesia en Valencia, Madrid, Málaga, Sevilla, Córdoba, Cádiz, Sanlúcar de Barrameda, Murcia, Alicante, Algeciras o Jerez de la Frontera, entre otros. El día 20 se incendia el convento de los Benedictinos de Lazcano. El 13 de junio se expulsa al cardenal Primado Segura, después de que la Constitución hubiera reconocido la libertad religiosa. El presidente del Gobierno, Manuel Azaña, declara que "todas las iglesias de Madrid no valen la vida de un republicano". De modo que le da un valor a la vida de los republicanos que no le otorga a los demás, y compara ambas cosas, cuando no había porqué elegir entre ellas. El Gobierno suspende actos políticos de la derecha liberal (Ciudad Real), actos religiosos (la Adoración Nocturna en Tortosa), manifestaciones... En 1933 se suprime la celebración de Semana Santa en prácticamente toda España. En julio del mismo año se detienen a unos 3.000 derechistas, por un supuesto complot nada menos que de las JONS (falangistas) y la FAI (anarquistas), y todo por un asalto de unos jonsistas a la asociación Amigos de la Unión Soviética. Casas Viejas A lo largo de la II República, los anarquistas se rebelarían contra ella en tres ocasiones. El problema principal de la II República es que no creían en ella ni en la izquierda (socialistas y anarquistas jamás la defendieron como tal) ni en la derecha. En enero de 1933, los anarquistas intentan repetir, sin éxito, la matanza de Castilblanco en la localidad de Casas Viejas. Los Guardias de Asalto liberan a los Guardias Civiles secuestrados por los anarquistas, y les cercan en una choza. El Gobierno no quiere ningún tipo de contemplaciones, y Casares Quiroga ordena que "arrasen la casa, que se haga un escarmiento". La choza se quemó, y varios murieron ardiendo. Tras el asalto, se detuvieron a varios anarquistas, alguno de los cuales muere de forma no explicada. El capitán Rojas dijo que ordenó dar "tiros a la barriga" por indicación de Azaña, presidente del Gobierno, y de Arturo Menéndez, Director General de Seguridad. Elecciones de 1933 y golpe de Estado de 1934 En un mitin en la campaña electoral para las elecciones de 1933, Largo Caballero explica cuáles son los planes del Partido Socialista: " si los socialistas son derrotados en las urnas, irán a la violencia, pues antes que el fascismo preferimos la anarquía y el caos". Y así fue. Las elecciones las ganaron el centro (representado por los radicales de Alejandro Lerroux) y la derecha (la CEDA). Gobernarían los primeros con el apoyo de los segundos. Cuando la CEDA aumenta el número de ministros en el Gobierno (algo a lo que tenía pleno derecho) a tres, el PSOE lanza el golpe de Estado que llevaba tiempo planeando, con el objetivo de sustituir la "república burguesa" por una "dictadura del proletariado". La revuelta contra la república de los socialistas causó no menos de 2.000 muertos. Ni los socialistas aceptan la república ni los republicanos (tampoco los socialistas) aceptan que la derecha pueda acceder democráticamente o por el medio que sea al poder. Largo Caballero, antes y después del golpe de Estado de 1934, tiene un discurso guerracivilista que es criticado por Julián Besteiro, para quien la guerra civil que busca su compañero sería desastrosa y que, además, cree que la victoria no está en absoluto asegurada. El Frente Popular Manuel Azaña declara en Mestalla, en un mítin ante sus simpatizantes previo a las elecciones que resultarán en la victoria del Frente Popular (FP), que "nos reunimos aquí para inaugurar una campaña y preludiar un ajuste de cuentas". Largo Caballero insiste en su estrategia de Guerra Civil: "Si triunfan las derechas nuestra labor habrá de ser doble, colaborar con nuestros aliados dentro de la legalidad, pero tendremos que ir a la guerra civil declarada. Que no digan que nosotros decimos las cosas por decirla, que nosotros lo realizamos". Lo habían demostrado en el 34. Un día más tarde, el 21 de enero de 1936, Largo Caballero explicaría que "a clase obrera debe adueñarse delopder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo, y como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la revolución". Ya en el poder, el FP inicia lo que llama la "republicanización de la república", y que consiste en expulsar a la derecha de las instituciones, purgando a quien fuera sospechoso de no ser plenamente fiel a la República y el FP. Ley de Defensa de la República El 21 de octubre de 1931 se publica en la prensa la Ley de Defensa de la República, que da al Gobierno la posibilidad de suspender alguno de los derechos básicos que vendrían reconocidos en la Constitución, para defender el sistema político y el Gobierno frente a las críticas. Define como "actos de agresión a la República": "toda acción o expresión que redunde en menosprecio de las instituciones u organismos del Estado" o "la apología del régimen monárquico o de las personas en que se pretenda vincular su representación y el uso de emblemas, insignias o distintivos alusivos a uno u otras". Para actuar en contra de lo que el Gobierno considere "actos de agresión a la República", la ley le permite "suspender las reuniones o manifestaciones públicas de carácter político, religioso o social", "clausurar los centros o Asociaciones que se consideren incitan" a lo que considera agresión a la República, así como "intervenir la contabilidad e investigar el origen y distribución de los fondos de cualquier entidad". También le permite "la incautación de toda clase de armas o sustancias explosivas, aun de las tenidas lícitamente". Esta ley permitía al Gobierno actuar en contra de la libertad de expresión cuando le conveniera, y de hecho la utilizó para cerrar más de 100 periódicos de derechas y para suspender numerosos actos legítimos de carácter político, religioso o social. Dado que, ya durante el Frente Popular, Azaña había cerrado numerosos periódicos no adictos, Gil Robles utilizó el Parlamento para denunciar los numerosos atropellos contra ciudadanos por el hecho de ser religiosos o creyentes, o por ser de derechas. Con sus denuncias, basadas en informes que recibía de toda España, haría que los actos violentos quedasen registrados, ante la mordaza a la prensa. El 15 de abril, José María Gil Robles, líder de la CEDA, dice en el Parlamento: "Una masa considerable de opinión, que es por lo menos la mitad de la Nación, no se resigna implacablemente a morir: yo os lo aseguro. Media Nación no se resigna a morir". El asesinato de José Calvo Sotelo El 16 de junio de 1936, José Calvo Sotelo pronuncia un discurso contra el presidente del Gobierno, Santiago Casares Quiroga. Éste le responde diciendo: "después de lo que ha hecho Su Señoría hoy ante el Parlamento, de cualquier caso que pudiera ocurrir, que no ocurrirá, haré responsable ante el país a Su Señoría”. Calvo Sotelo toma nota de lo que considera una amenaza. Un mes más tarde, un grupo de derechistas matan al Guardia de Asalto José Castillo. Al día siguiente, unos guardias de asalto de la escolta del socialista José Prieto planean matar al líder de la CEDA, José María Gil Robles. Van a su casa y no lo encuentran, lo que les salva la vida. Acto seguido se dirigen al domicilio de José Calvo Sotelo, le sacan de su cama, le detienen ilegalmente y le matan de un disparo. Cuando le comunicaron la noticia a Azaña, exclamó: "¡Esto es la guerra!". Las checas Ya en plena guerra, socialistas y comunistas organizan cárceles, conocidas como checas por imitación de las cárceles soviéticas. Solo en Madrid habría más de 200. César Vidal, en su libro dedicado a estas cárceles republicanas, incluye una lista con nombre y dos apellidos de personas ejecutadas en las checas madrileñas. Figuran 11.705 personas. No solo se las ejecutaba, sino que también se les torturaba. También había checas en otras ciudades, como Barcelona o Valencia. ¡QUIEREN MÁS MEMÓRIA HISTÓRICA? Pues la tendrán. Saludos. Bauprest |
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#7
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Desde bien antes del nuevo año 1936, núcleos extremistas de izquierda se dedicaban al asalto de viajeros, imponiéndoles “impuestos” por el derecho de paso; a la ocupación tumultuosa de de terrenos y propiedades y al incendio de iglesias y conventos. Según las palabras recogidas en las memorias de Diego Martínez Barrio “era el drama de cada día, y a veces de cada hora”.
En tal ambiente, el 11 de mayo de 1936 se encargó formar gobierno a Casares Quiroga, con gran disgusto de los grupos que formaban el Frente Popular. El Frente Popular esperaba que el presidente de la República (Azaña) rectificara, cambiando de ministerio, la política vacilante de las últimas semanas, y dudaba que pudieran hacerlo las mismas personas que habían gobernado anteriormente con Azaña. Argüían que éstos serían meros subordinados al presidente de la República, por pertenecer al partido que hasta ese momento había residido el propio presidente de la República. Sea como fuere, la constitución de la nueva formación ministerial se compuso con Casares Quiroga como presidente del Consejo de Ministros y Ministro de la Guerra. Casares era considerado por amplios sectores como un fanático sectario, presto a la cólera contra sus adversarios. Tal sectarismo quedó patente cuando un día, desde el banco azul se encaró con Calvo Sotelo y le espetó “el gobierno es, frente a lo que vosotros representáis, un beligerante”. En sus memorias, Martinez Barrio exculpa la bronca zafiedad de Casares, diciendo que el aserto anterior “no pasó de la categoría de frases infelices, y que los enterados comparaban las arrogancias de Casares a las voces destempladas de aquéllos que se aturden, gritando en los momentos históricos de atravesar unas habitaciones oscuras”. Muy poético, pero también muy inexacto. Durante el transcurso del mes de mayo de 1936 Miguel Maura publica una serie de cinco artículos en el diario El Sol de Madrid, en los que se realiza una amplia apología de la dictadura republicana. Primo de Rivera -a la sazón preso en la cárcel de Alicante le dirige una carta: “Alicante, 28 de junio de 1936. Querido Miguel: he leído tus artículos con el interés que mere, a parte del que les da tu firma [...] y hasta he creído el caso de formular a ellos algunas afectuosas objeciones. Con este propósito mandé a Informaciones un artículo titulado por mí 'El ruido y el estilo' que Víctor de la Serna destacó con llamativos subtítulos [...] fue tachado de arriba abajo por la censura de la inmunda chusma que nos gobierna. Igual suerte hubiera corrido si tratara de la Osa Mayor [...] Tú, ahora, después de los extravíos que tienes la nobleza de confesar y que se valoran e ti -ya lo dije otra vez- con el sacrificio de las cosas más costosas, andas barruntando la verdad en nuevas pesquisas. Lástima que aún no te atreves a llamarla por su nombre [...] Pero ya verás: ya verás cómo la terrible incultura, o mejor aún, la pereza mental de nuestro pueblo (en todas sus capas) acaba por darnos o un ensayo de bolchevismo cruel y sucio o una representación flatulenta de patriotería alicorta a cargo de algún figurón de la derecha. Que Dios nos libre de lo uno y de lo otro” Respuesta de Maura: “Madrid, 7 de julio de 1936. Querido José Antonio: Te agradezco mucho tu carta. No he recibido las galeradas de Informaciones. No quieren por lo visto ni ese trato conmigo. Hacen bien [...] Por otra parte, el desenlace de la experiencia que el Frente Popular representa no puede tradar en producirse. Por días se resquebraja más y es mayor el malestar interno de sus componentes y, por supuesto, más evidente la catástrofe para la economía y la paz del país. El día próximo en que el derrumbamiento del Frente Popular sea notorio, España se encontrará en plena guerra civil [...] Ni vosotros podéis afirmar seriamente que estáis en condiciones de asumir la dirección de la vida nacional, ni los marxistas pueden soñar con la posibilidad de articular otra cosa que la más bárbara anarquía [...] Es Estado republicano actual, tal cual lo forjaron quienes hicieron la Constitución es inservible e ineficaz para la hora histórica en la que vivimos [...] Lo fundamental, que es el concepto de una España jerarquizada y grande, donde los intereses personales o colectivos estén sometidos hasta la esclavitud al supremo interés de la nación y la que las gloriosas tradiciones morales y sociales que fueron la base de nuestra pasada grandeza se repongan en todo su vigor y sean respetadas como sagradas [...] El tránsito de la actual anarquía a ese nuevo estado no puede hacerse sin que exista ya el Estado mismo con sus órganos capacitados. Sobre escombros y en guerra civil no se edifica nada sólido. Yo quiero que la base del Estado futuro sea el Estado republicano, limpio de faramallas arcaicas y reorganizado en la medida necesaria para que sirva de cimiento al nuevo edificio [...] La experiencia que se está haciendo de hacer compatible la democracia con la revolución social es una quimera. Pronto habrá fracasado. Estoy seguro de que entonces el pueblo español sabrá orientarse. Mi esfuerzo va hoy encaminado a poner lo que yo pueda para que esa orientación conduzca a levantar a España de su agarbanzamiento, inyectándola el orgullo nacional, hoy inexistente.” |
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18 de mayo 1934. José Calvo Sotelo interviene en las Cortes, atacando la gestión de Indalecio Prieto al frente del Ministerio de Hacienda. Éste le replica sarcásticamente:
“Conozco la audacia del señor Calvo Sotelo. No de hoy. La conozco desde los tiempos en que su señoría, no sé si abusando o haciendo uso lícito del puesto que en la secretaría particular de don Antonio Maura tenía, vino aquí representando al distrito de Carballino”. Diciembre de 1935. La CEDA retira su apoyo a Chapaprieta, ni Martínez de Velasco, ni Maura, ni el propio Chapaprieta consiguen formar gobierno. Portela Valladares, sin la CEDA, y con el decreto de disolución de las Cortes, logra hacerlo. El día 16 de diciembre, Largo Caballero dimite del cargo de presidente de la ejecutiva del PSOE a causa de pugnas internas entre las posiciones de aquél y de Prieto. A partir de ese momento la conjunción electoral republicano- socialista es un hecho. El proyecto del estatuto vasco se queda a las puertas de las Cortes cuando éstas se disuelven a finales del 35, resultando una incógnita sobre cual podría haber sido el jucio del parlamento radical- cedista sobre aquél. Sin embargo parece haber indicios de que dicho juicio habría sido negativo, ya que Gil Robles no elude manifestar sus aprensiones ante la institucionalización del parlamento vasco, rechazando de plano las tesis de una nacionalidad vasca y de la bandera del PNV. Calvo Sotelo pronuncia un discurso en San Sebastián en el que ataca la concepción histórica del problema por parte del nacionalismo vasco. Días después se pronunciará en el congreso respecto a los propósitos separatistas, acuñando la frase “Prefiero una España roja, antes que una España rota”, y continúa “El nacionalismo vasco, tal como lo cree, lo define y pontifica Sabino Arana, es un sentimiento de independencia vasca, fundado en el odio a los españoles y a la nacionalidad española; en el odio a la historia de España (DSC, 5 de diciembre de 1935 (continuar y pulir en las páginas 185 y 186 de las memorias de Prieto) El 16 de junio de 1936, José Calvo Sotelo participó en una de las sesiones parlamentarias más dramáticas de toda la historia de España, y en la que tuvo lugar un violento incidente con el presidente del Gobierno, Casares Quiroga, siendo objeto de insultos y amenazas por parte de diputados izquierdistas. “El Frente Popular y el Gobierno que emergió de su seno, con representación política mayoritaria, desde el momento en que la CNT no coincide en su actitud política y sindical con la política que el Frente Popular dirige, es sólo una personificación minoritaria de la opinión española”. “El Gobierno, nacido ayer, no tiene por eso pasado; sin embargo, tampoco tiene futuro”. “El Parlamento está roído por el gusano de la mixtificación. España no es esto. Ni esto es España. Aquí hay diputados republicanos elegidos con votos marxistas; diputados marxistas partidarios de la dictadura del proletariado, y apóstoles del comunismo libertario; y ahí y allí hay diputados con votos de gentes pertenecientes a la pequeña burguesía y a las profesiones liberales, que a estas horas están arrepentidas de haberse equivocado el 16 de febrero al dar sus votos al camino de perdición por donde nos lleva a todos el Frente Popular”. “El marxismo constituye hoy en España -en muchos puntos del extranjero también- la predisposición de las masas proletarias para conquistar el Poder, sea como fuere”. “La ley de la turbamulta es la ley de la minoría disfrazada con el ademán soez y vociferante, y eso es lo que está imperando ahora en España; toda la vida española en estas últimas semanas es un pugilato constante entre la horda y el individuo, entre la cantidad y la calidad, entre la apetencia material y los resortes espirituales, entre la avalancha brutal del núcleo y el impulso selecto de la personificación jerárquica, sea cual fuere la virtud, la herencia, la propiedad, el trabajo, el mando, lo que fuere; la horda contra el individuo. Y la horda triunfa porque el Gobierno no puede rebelarse contra ella o no quiere rebelarse contra ella, y la horda no hace nunca la historia, señor Casares Quiroga; la historia es obra del individuo. La horda destruye o interrumpe la Historia y Sus Señorías ni pueden imprimir en España un sello autoritario. Y el más lamentable de los choques (sin aludir ahora al habido entre la turba y el principio espiritual religioso) se ha producido entre la turba y el principio de autoridad, cuya más augusta encarnación es el Ejército”. “Cuando se habla por ahí del peligro de militares monarquizantes, yo sonrío un poco, porque no creo - y no me negaréis una cierta autoridad moral para formular este aspecto- que exista actualmente en el ejército español, cualesquiera que sean las ideas políticas individuales, que la Constitución respeta, un solo militar dispuesto a rebelarse a favor de la Monarquía y en contra de la República. Si lo hubiera sería un loco, lo digo con toda claridad, aunque considero que también sería loco el militar que al frente de su destino no estuviera dispuesto a sublevarse en favor de España y en contra de la anarquía, si ésta se produjera. |
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#9
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[Casares Quiroga: ‘No haga Su Señoría invitaciones que fuera de aquí pueden ser mal traducidas’.]
La traducción es libre, señor presidente; la intención es sana y patriótica, y de eso es de lo único que yo respondo... Quiero decir al señor presidente del Consejo de Ministros que puesto que existe la censura, que puesto que Su Señoría defiende y utiliza los plenos poderes que supone el estado de alarma, es menester que Su Señoría transmita a la censura instrucciones inspiradas en el respeto debido a los prestigios militares. Hay casos bochornosos de desigualdad que probablemente desconoce Su Señoría. Porque, ¿es lícito insultar a la Guardia Civil - y aquí tengo un artículo de ‘Euzkadi Rojo’ en que dice que la Guardia Civil asesina a las masas y que es homicida- y, sin embargo, no consentir la censura que se divulgue algún episodio, como el ocurrido en Palenciana, pueblo de la provincia de Córdoba, donde un guardia civil, separado de la pareja que acompañaba, es encerrado en la Casa del Pueblo y decapitado con una navaja cabritera? [Grandes protestas. Varios diputados gritan: ‘Es falso’. ‘Es falso’.] ¿Qué no es cierto que el guardia civil fue internado en la Casa del Pueblo y decapitado? El que niegue eso es... [Calvo Sotelo pronuncia unas palabras que no constan en el ‘Diario de Sesiones’ por orden del presidente del Congreso y que dan lugar a grandes protestas e increpaciones. El presidente de las Cortes: ‘Señor Calvo Sotelo, retire Su Señoría inmediatamente esas palabras’.] Estaba diciendo, señor presidente, que a un guardia civil, en un pueblo de la provincia de Córdoba, en Palenciana, me parece, no lo recuerdo bien, se le había secuestrado en la Casa del Pueblo. [Varios diputados gritan: ‘Es falso’. ‘Es falso’.] Y con una navaja cabritera se le ha decapitado, cosa que por cierto acabo de leer en ‘Le Temps’, de París, y que ha circulado por toda España. [El presidente de las Cortes: ‘Su Señoría ha pronunciado más tarde unas palabras que yo le ruego retire’.] "Y al afirmar esto se me ha dicho: eso es una canallada; entonces yo..." Calvo Sotelo, sigue señalando: “...Para que el Consejo de Ministros elabore esos propósitos de mantenimiento del orden han sido precisos doscientos cincuenta o trescientos cadáveres, mil o dos mil heridos y centenares de huelgas. Por todas partes desórdenes, pillaje, saqueos, destrucción. Pues bien; a mí me toca decir que España no os cree. Esos propósitos podrán ser sinceros, pero os falta fuerza moral para convertirlos en hechos...” [En la Cámara, desde los bancos izquierdistas, se escucha: “¡Nos está provocando!] Prosigue Calvo Sotelo: “...El señor Largo Caballero ha dicho en Oviedo que ellos van a la revolución social y que el Frente Popular sólo es admisible en cuanto sirva a la revolución de octubre. Si es cierto, sobran notas, discursos, planes y propósitos: En España no puede haber más que una cosa: anarquía”. Interviene Casares Quiroga, y amenaza: ...Yo no voy a descender al terreno a que suavemente quería llevarme el señor Calvo Sotelo, terreno de polémica personal, personalísima, al cual me está vedado acudir porque yo no puedo olvidar que aquí soy el presidente del Consejo. Ocasiones ha tenido en la vida el señor Calvo Sotelo para encontrar a Santiago Casares. Hoy no encontrará aquí más que al jefe del Gobierno... Que el ministro de la Guerra ha tomado determinadas medidas porque se las ha impuesto el Frente Popular de tal sitio o la comisión de tal otro, exigiéndole hasta plazo y tope de fecha... ¡Aceptar yo ni como particular ni como ciudadano que se viniera a injerir nadie en las funciones de un Ministerio tan delicado como el que represento, porque se me pusiera una condición, o un tope, o una fecha por parte de los elementos políticos que fuere, aunque fueran los más afines! Se ninguna manera, señor Calvo Sotelo. Y por eso, contestando a lo que Su Señoría decía cuando afirmaba que tal traslado se había hecho por imposición y tal otro se había ordenado incluso marcándoseme el número de horas en que se había de realizar, digo a Su Señoría que eso es absolutamente inexacto. Yo no quiero incidir en la falta que cometía Su Señoría, pero sí me es lícito decir que después de lo que ha hecho Su Señoría hoy ante el Parlamento, de cualquier caso que pudiera ocurrir, que no ocurrirá, haré responsable ante el país a Su Señoría”. |
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#10
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Calvo Sotelo le replica:
“...En estos instantes, en España se desata una furia antimilitarista, que tiene su arranque y orígenes en Rusia y que tiende a minar el prestigio y la eficiencia del Ejército español... Nada de adulaciones al Ejército; la defensa del Ejército ante la embestida que se le hace y se le dirige en nombre de una civilización contraria a la nuestra y de otro Ejército, el rojo, es en mí obligada. De eso hablaba el señor Largo Caballero en el mitin de Oviedo, y por las calles de Oviedo, a las veinticuatro o a las cuarenta y ocho horas de la circular de Su Señoría, que prohíbe ciertos desfiles y ciertas exhibiciones, han pasado tranquilamente uniformados y militarizados, cinco, seis, ocho o diez mil jóvenes milicianos rojos, que al pasar ante los cuarteles no hacían el saludo fascista, que a Su Señoría le parece tan vitando, pero sí hacían el saludo comunista, con el puño en alto y gritaban: ¡Viva el Ejército Rojo!... Yo tengo, señor Casares Quiroga, anchas espaldas. Su Señoría es hombre fácil y pronto para el gesto de reto y para las palabras de amenaza. Le he oído tres o cuatro discursos en mi vida, los tres o cuatro desde ese banco azul, y en estos ha habido siempre la nota amenazadora. Bien, señor Casares Quiroga. Me doy por notificado de la amenaza de Su Señoría. Me ha convertido Su Señoría en sujeto, y por tanto no sólo activo, sino pasivo, de las responsabilidades que puedan nacer de no sé que hechos. Bien, señor Casares Quiroga. Lo repito, mis espaldas son anchas; yo acepto con gusto y no desdeño ninguna de las responsabilidades que se puedan derivar de actos que yo realice, y las responsabilidades ajenas, si son para bien de mi Patria. [Exclamaciones] y para gloria de España, las acepto también. ¡Pues no faltaba más! Yo digo lo que Santo Domingo de Silos contestó a un rey castellano: “Señor, la vida podéis quitarme, pero más no podéis”. Y es preferible morir con gloria que vivir con vilipendio. [Rumores.] Pero a mi vez invito al señor Casares Quiroga a que mida sus responsabilidades estrechamente, si no ante Dios, puesto que es laico, ante su conciencia, puesto que es hombre de honor; estrechamente, día a día, hora a hora, por lo que hace, por lo que dice, por lo que calla. Piense que en sus manos están los destinos de España, y yo pido a Dios que no sean trágicos. Mida Su Señoría sus responsabilidades, repase la historia de los veinticuatro últimos años y verá el resplandor doloroso y sangriento que acompaña a dos figuras que han tenido participación primerísima en la tragedia de dos pueblos: Rusia y Hungría, que fueron Kerensky y Karoly. Kerensky fue la inconsciencia: Karoly, la traición a toda una civilización milenaria. Su Señoría no será Kerensky, porque no es inconsciente, tiene plena conciencia de lo que dice, de lo que calla y de lo que piensa. Quiera Dios que Su Señoría no pueda equipararse jamás a Karoly.” El 13 de julio de 1936, el diario “El Sol” daba la noticia del asesinato del teniente de la Guardia de Asalto José del Castillo Sáenz de Heredia en estos términos: “A las diez y cinco, en la calle de Augusto Figueroa, donde vivía el teniente de asalto don José Castillo, perteneciente al segundo grupo, que tiene su alojamiento en el cuartel de Pontejos, esperaba un grupo, al parecer de cuatro individuos. A esa hora el Sr. Castillo salió de su domicilio para tomar el servicio, que empezaba a prestar a las diez. Un testigo ha declarado que pudo escuchar cómo uno de los cuatro individuos dijo: «Ése, ése es», señalando al teniente Castillo. Al acabar de oír esto, cayó al suelo, a efectos de un fuerte empujón, y simultáneamente sonaron varios disparos. Se repuso rápidamente este testigo a tiempo de recibir al Sr. Castillo al desplomarse. Ayudado por otro vecino de la misma calle, trasladó al señor Castillo a un automóvil y se dirigieron al Equipo Quirúrgico. El teniente falleció en el camino. El cuerpo del teniente Castillo presentaba una herida de arma de fuego con orificio de entrada por la cara posterior del brazo izquierdo. Y otra, también de arma de fuego, con entrada por el quinto espacio intercostal y sin orificio de salida, mortal de necesidad. Durante la tarde, la aglomeración de gente, compuesta en su mayoría por clase obrera, que acudía a la Dirección de Seguridad para desfilar ante el cadáver del teniente Castillo, era enorme. Estacionada frente al edificio de la Dirección, había a las seis de la tarde, unas cuatro mil personas.” |
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