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Viejo 1/Jun/04, 15:03
tellagorri
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Predeterminado INDICE (incompleto) DE TEMAS

-I n d i c e

INICIOS DE LA PENÍNSULA
Iberos
Celtas y Cántabros
Visigodos
NAVARROS,GUIPUZCOANOS, ALAVESES Y VIZCAÍNOS:
Origen de los Territorios
Diversas Opiniones
Nuevas Aportaciones
ADN y LA GENÓMICA
Céltico-bereber
Los Ligures eran vascos?
Protohistoria : Hebreos
Pelasgos
Constructores de Megalitos
DE ATAPUERCA A LA HISTORIA
Los Celtas (siglo V a.c.)
Los Romanos (196 a.c.)
Visigodos (481 d.c.)
ENTRE LOS AÑOS 400 Y 900 (INVASIONES DE NORTE Y SUR)
Invasión de Alanos, Suevos y Vándalos
BAUGADIA EN EL 400-450
Los Francos penetran en Pamplona en el 541.
LOS VISIGODOS
Leovigildo en el 480
Guerras civiles visigodas
Navarra y Pamplona hasta la conquista Musulmana. (718)
Principales Reyes visigodos
Europa : Entre los años 500 y 1.000
ORIGEN DEL REINO DE PAMPLONA (820)
Los Aznar o Condes de Aquitania (824)
Los Arista o Iñigos (820)
EL REINO DE SANCHO III (1000 a 1035)
Abderraman III : Contemporáneo de Aristas y Aznarez (900)
EL CONTEXTO PENINSULAR
(Cataluña con Borrel y Galicia con el rey astur-leonés Alfonso II en el 900)
Batallas de Tamaron (1037) y de Atapuerca (1054)
EL CALIFATO DE CORDOBA (900)
y los dos califas de madre vascona.
Europa entre los años 500 y 1.000
PAIS VASCO :Guipuzcoanos, Vizcaínos y Alaveses.
Banderizos: Oñacinos y Gamboinos
Francia e Inglaterra entre 1189 y 1214
Batalla de Bouvines: Ricardo I y Juan Sin Tierra, con Felipe de Francia y Otón IV de Brunswick.
Leonor de Aquitania y los Plantagenet (1193)
Las Dinatias francesas en el Reyno de Navarra
Agramonteses y Beamonteses
Europa y Bizancio en esa ÉPOCA: La historia de cómo se preparó el asalto a Constantinopla

NAVARRA queda incorporada a la Corona CASTELLANO ARAGONESA Y DE LEON
La Batalla de Noain (30-6-1521)
Del 700 al 1.500 en la PENINSULA (Breve índice)
FUEROS (Su concesión)
Foralismo actual (Concepto)
La verdad sobre el Foralismo
La importancia de SER HIDALGO
RESUMEN CRONOLOGICO DE LOS SIGLOS XVI-XVII-XIII Y XIX
Las Matxinadas o Motines populares :
La Matxinada de 1718
La Matxinada de 1766
La Zamacolada de 1804
EL SENORÍO DE OÑATE, independiente del País Vasco hasta 1845
LOS VIKINGOS EN EL PAIS VASCO
Quienes eran los Vikinkos
Europa en el siglo IX
En Vísperas del segundo milenio
LOS ILUSTRADOS
Historia de la Sociedas Vascongada de Amigos del País
Las influencias de Diderot y Voltaire
Los Vascos y los Pueblos de América y Asia
Colonizadores vascos en América
Lope de Aguirre : Su Carta a FELIPE II
Paraguay, Chile : El Gobernador Irala, Mendieta, Zárate,
Juan de Garay.
Mexico y Filipinas:
Urdaneta(1508 a 1568): El “Tornaviaje”
Legazpi.( 1505 a 1572 :Fundador de Manila
Relaciones de Mexico con Japón
Primera Embajada Japonesa en Europa.
Francisco de Ibarra- Mexico. 1562
Juan S. Elcano
Domingo Martinez de Irala (1509 a 1556)
LOS VASCOS DEL SIGLO XIX
EL Euskera y los Derechos Históricos
El Sabinianismo
De cómo inventaron la ikurriña
LAS CARLISTADAS : EL CARLISMO Y LAS GUERRAS VASCAS
Causas del Carlismo. La Primera Guerra.
El Personaje. La Corte- Viudez y Boda.
Estella : Ciudad clave
Tomás Antonio de Zumalacarregui e Imaz
El General Maroto
La Dinastía Carlista
Segunda Guerra (1.846-1.849)
Fin de Carlos V y sucesión de Montemolín
Tercera Guerra ( 1,872-1.876)
Santa Cruz, el Cura trabucaire
El General Cabrera
Rey Don Jaime I
Don Javier
ABOLICIÓN DE LOS FUEROS VASCOS : Ayer y Hoy
Historia del Foralismo en Alava, y similar en Guipuzcoa y Vizcaya
Literatura, Idioma y Religión
Reyes Navarros tras Sancho III
Los Dominios de Sancho III
Emires y Califas de Córdoba
Los Almogávares Catalano-aragoneses

PROEMIO

Todos los datos y documentos utilizados en este Compendio han sido obtenidos de las Bibliotecas de la Universidad de Alicante, Universidad Complutense de Madrid, Universidad de Granada, de las Enciclopedias Encarta y Espasa, de la revista Estudios Vascos, de la web Euskonews&Media, de los diversos historiadores que se citan en los textos, de la obra “La conquista de Navarra” de Boissonnade(1957), de los profesores José Luís Orella, José Angel García Cortazar, Fernando García de Cortazar, Francisco Leyva, Pablo Sánchez Velasco.

Úlima edición por tellagorri fecha: 12/Jan/06 a las 01:01. Razón: Corrección estética
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Viejo 21/Mar/05, 19:07
tellagorri
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Predeterminado Mapa de Norte prerromano

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Viejo 21/Mar/05, 19:07
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Predeterminado Mapa Vasconia de Caro Baroja

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Viejo 21/Mar/05, 19:07
ennecoarista
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Predeterminado La Raza de los Vascos

Ningún investigador cree hoy en el supuesto origen misterioso de la lengua y etnia vasca y todas las crónicas de la historia demuestran que aquellos hombres a quienes los celtas pusieron el nombre de vascones (barscunes que en lengua celta significa “los de lo alto” o “los de la cima”) y a quienes los romanos describieron como “guerreros salvajes de razas varias” y “de lengua y costumbres diferentes en todo a los pueblos celtas de la zona” (180 aC), no eran pobladores autóctonos del lugar donde los celtas les dieron el nombre sino que provenían de las tropas bereberes que abandonaron a Anibal (219 aC), cuando, a punto de atravesar los Pirineos, se enteraron que marchaban a luchar contra Roma.

El rastro descrito a partir de las crónicas de Tito Livio (XXI 1,2,3,4-24), Polibio (III,33,34,35) y Estrabón citando las de Ptolomeo, así como las restantes crónicas y restos arqueológicos, hace coincidente la lengua hablada por aquellos hombres que los celtas llamaron vascos y la presencia en Hispania de los bereberes libiofenicios y tingitanos de Mauritania que solían incorporar los ejércitos íberos primero y cartagineses después.

En el caso concreto de los vascones, su instalación en las cumbres navarras, coincide con el itinerario de la marcha de Aníbal contra Roma desde Cartago, de cuyas tropas huyeron al menos 20.000 hombres poco después de pasar el Ebro y antes de cruzar los Pirineos en el año 219 aC, al correrse la voz entre las tropas de que Aníbal los dirigía contra Roma.

Poco más tarde (finales del Siglo I aC) la crónica romana de Dion Casio describía los cruentos y continuos saqueos sobre tierras cántabras del bandido vasco Corocotta al frente de una numerosa cuadrilla, por cuya captura se llegó a efrecer una importante recompensa en tiempos del Emperador Augusto.


La lengua vasca y berebere, en particular la hablada en la región de los montes Atlas de la antigua Mauritania y los territorios de la antigua Persia, sigue mostrando evidente similitud a pesar del tiempo transcurrido y de las distintas influencias recibidas; esta similitud actual, era identidad en las fechas en las que aparecieron los vascones en la montaña navarra, como confirman los nombres, toponimia y vestigios arqueológicos encontrados en la península.

Los almohades procedentes del Atlas marroquí que invadieron la península ibérica rezaban, se comunicaban y hacían sus discursos en la lengua berebere amazigh.

De esta lengua ha quedado abundante toponimia tambien en las islas Canarias donde las tribus bereberes allí asentadas entraron en un proceso de tribalización similar al de los vascones en la montaña navarra; de raiz berebere son las palabras guanches (gu, nosotros), gomera (komera-), adeje (adegi), tacoronte (toki-gorontz), tegueste (tegi-geste), agulo (agun-lo) etc.

Tambien son de lengua amazig los nombres amaya y areitio comunes entre los tingitanos de Mauritania que entraron con Abderraman III en el 912; erio, derramamiento, manantial, exhaltación, areitio palabra que anunciaba el final de la ceremonia de desvirgar a la novia los tingitanos, que al igual que los vascos encuentran tambien sus raices en Egipto.


Los primeros Indo-Europeos en alcanzar Europa fueron los celtas. Desde el primer milenio aC, los pueblos de la Europa Occidental conocían y utilizaban la escritura.

En los años 500 aC las lenguas celtas se hablaban en la mayor parte de España y Francia, Austria, Suiza, Sur de Alemania, Norte de Italia, Bretaña e Irlanda.

La lengua celta ya se hablaba en la Península ibérica un siglo antes de que los celtas poblaran el norte de Italia.

La indoeuropeizacion de la península por los celtas se produjo en dos oleadas, protoceltas 900-850 aC y celtas entre 650-500 aC.

En esta época el este y el sur de la península eran poblaciones iberizadas. Los celtas usaban la escritura y dejaron legados escritos, entre los que destaca la tabla de Botorrita.
Los Iberos que entraron a partir del 600 a C por la costa levantina llegando hasta la costa de Francia, tambien desarrollaron escritura y dejaron abundante legado escrito.

De las fuentes de Estrabon, referidas seguramente a los protoceltas (ilirios), se deduce que los celtas cántabros habitaban toda la costa hasta el Pirineo. Además del Norte de España, los celtas ocupaban gran parte del centro.

Mas tarde, las crónicas históricas del año 456 dC sitúan en Navarra a los celtas berones y autrigones, en el solar junto al Cantábrico que hoy se denomina País Vasco, a los Caristios en Vizcaya y Alava hasta el Sur de Vitoria, los Autrigones en Vizcaya y los Vardulos en Guipúzcoa y Norte de Alava, todos ellos celtas, étnica y lingüísticamente afines y del mismo tronco cántabro.

A pesar del escaso interés que los vascones suscitaron en la historia, los datos aportados por las fuentes y vestigios arqueológicos son suficientemente esclarecedores como para deducir que el mito que han elaborado los nacionalistas vascos sobre su supuesto origen enigmático y su supuesta condicion de pueblo autóctono e incluso anterior a los celtas que poblaban el solar navarro, pirenaico y cantábrico, no es más que un planteamiento voluntarista carente de toda base científica y contradictorio con los datos y testimonios existentes:

Los vascos no tenían nombre para denominarse a si mismos, lo cual quiere decir que carecían de identidad como tribu o grupo étnico (hasta que Sabino Arana inventó el término “eusk” para denominar a la nación vasca que propugnaba), lo que es claro indicio de que su presencia en las montañas navarras fue consecuencia de un hecho sobrevenido y no de su evolución natural como pueblo, tribu o grupo étnico de aquellos solares.
El nombre vascones que los celtas les dieron tambien lo indica así, ya que no responde ni a una denominación de familia o cum (clanes), ni tampoco a una identidad racial o cultura del grupo humano o tribu, como era la costumbre celta, sino que aludía únicamente a su localización en un punto determinado, la parte mas alta de la montaña navarra, por lo que el término vasconum no puede referirse o aplicarse genéricamente a una etnia o cultura determinada tal como sostienen los historiadores vascos, sino solo a “los de arriba” que es el significado de “barscunes” en la lengua celta, de lo que se desprende que no podían ser vascones los pobladores de los valles y solares de Navarra, como suponen los historiadores vascos, porque existe constancia de que eran celtas, aunque posteriormente se fueran instalando los vascos también en estas y otras zonas.

Por la misma razón la lengua que hablaban aquellos hombres no podía ser la propia de los vascos, sino la del grupo étnico al que pertenecia ese grupo humano que los celtas llamaron vascos.

Los romanos describen a los vasconum como “hombres de razas varias” y de ahí que los celtas al apodarlos se refirieran solo a su situación en la parte alta y no a una característica o tipo etnico uniforme que los describiera.

Pero esta descripción choca también con las hipótesis de los investigadores vascos, para quienes la conservación de su lengua en un medio celta era consecuencia de su aislamiento secular de las influencias externas, lo que contradice la variedad racial del grupo, que queda plenamente explicada en cambio, admitiendo que los vascones no eran otros que las tropas que habían abandonado en aquel mismo lugar al ejército de Aníbal unos 40 años antes de la llegada de los romanos a esa zona, pues tratándose de hombres sólos era lógico que en los saqueos, que eran según las crónicas era su forma habitual de subsistencia, además del botín usual robaran tambien las mujeres de los poblados celtas, lo que corroboran las crónicas romanas cuando relata que los vascones se “desposaron” con las mujeres de los VARDULOS y AUTRIGONES y de ahí también, la repentina explosión demográfica acaecida en la zona vascona (que tampoco aciertan a explicar los historiadores vascos) y la incorporación de palabras y nombres celtas en la lengua de aquellos hombres.

3º.- La lengua y la etnia vasca y berebere:
Antropología: El vasco es mesocéfalo. En los celtas indoeuropeos los nórdicos son dolicocéfalos y en las áreas más meridionales braquicéfalos.

Se sabe que el cruce entre braquicéfalos y dolicocéfalos no dá mesocéfalos, por lo que la procedencia vasca desde el punto de vista antropológico es extraña en la península ibérica y común en el norte de Africa, donde en los pueblos del cercano oriente (desde Beirut) es común el cráneo mesocefálico, la frente angosta al igual que los márgenes internos de los ojos, e inclinada del tipo armenoide, la cara es ancha y larga, al igual que la nariz .
Los que tienen ojos marrones oscuros son más araboides mediterráneos; mientras que los que tienen ojos más claros son más braquicefálicos.

Los actuales bereberes que quedan en las montañas del Atlas presentan una frecuencia de Rh negativo en su sangre del 40% , en España los vascos mantiene hoy un 32 % de Rh negativo. Las investigaciones de los doctores Francisco LEYVA y Pablo SÁNCHEZ VELASCO, del Departamento de Inmunología de Valdecilla, han dado como resultado que el componente genético de los cántabros (cántabralos pasiegos o cántabros), ofrece similitud con otras poblaciones del Norte de Europa, en concreto con las escandinavas, las del norte de Francia e Irlanda, con las que comparten un haplotipo desconocido y unos genes que ya había en los antepasados de Atapuerca, y en cuanto a su origen, lo cifran en un millón de años, mientras que en los vascos el componente genético es fundalmente coincidente con el norteafricano actual.

Úlima edición por tellagorri fecha: 12/Jan/06 a las 01:01.
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Viejo 21/Mar/05, 19:07
beltrandebonlieu
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Predeterminado GuipÚzcoa

A través de la primera mención documental auténtica de Guipúzcoa sabemos que esta tierra pertenecía al reino de Pamplona: se trata de la confirmación que el rey Sancho III el Mayor y García Acenáriz, señor de IPUSCUA, hicieron del testamento que éste y doña Galga, su esposa, habían otorgado en el año 1025 a favor del monasterio de San Juan de la Peña.

Esta integración, resultante de la actividad política de Sancho III, duró hasta 1076, año de la muerte de Sancho IV el de Peñalén (rey de Pamplona).

Durante ese período los reyes pamploneses tuvieron cuidado de reforzar la relación de las tierras guipuzcoanas con las navarras, pero aparecen indicios de que las vinculaciones políticas de Guipúzcoa irán a modificarse: a través de ciertas donaciones de bienes parece existir un cambio de orientación en la relación política del área occidental guipuzcoana hacia el oeste, hacia Vizcaya -o sea, hacia Castilla, regida por Alfonso VI- con lo que serán los Señores de Vizcaya quienes gobiernen Guipúzcoa en nombre de los reyes castellanos.

Si en 1078 Orbita Aznárez, navarro y primer eslabón conocido del futuro linaje alavés de Guevara, era Señor de Guipúzcoa, en 1082 el conde de Vizcaya, Lope Iñiguez, reunía ya en su persona las tenencias de Alava y Guipúzcoa.

Así continuó hasta 1134, cuando fallecido Alfonso I el Batallador se separaron los reinos de Pamplona y Aragón.
El restaurador del reino de Pamplona, García Ramírez, retomó la soberanía sobre Alava, Guipúzcoa y Vizcaya a través de su tenente, Ladrón Iñiguez de Guevara.
Esta soberanía la mantuvo Sancho VI el Sabio, que tuvo por tenente en Guipúzcoa al hijo del de Guevara, Vela Ladrón.

Pero puede resultar síntoma de inseguridad de la presencia navarra en este territorio el que Sancho el Sabio se intitulara “rey en Guipúzcoa” sólo en dos ocasiones ( frente a la frecuencia con que lo hiciera García Ramírez).

De hecho, cuando en 1200 Alfonso VIII de Castilla incorporó Alava y Guipúzcoa de forma definitiva a su Reino, Navarra no pudo oponerse no sólo a la potencia militar de su adversario sino tampoco a la decisión de las pueblas guipuzcoanas de tomar partido por el rey castellano.

Este hecho contrasta con lo acaecido en Alava en aquel mismo momento: mientras que en Alava Alfonso VIII se apoyó en la nobleza para frenar a la monarquía navarra (utilizando su descontento frente al creciente poderío de las villas realengas de creación navarra), en Guipúzcoa procedió justamente al contrario, y debió ser la promesa castellana de nuevas fundaciones que frenarían el empuje de la nobleza feudal lo que animó a la población a dar su apoyo al Rey de Castilla.

Pensemos que hasta 1200 los navarros –Sancho el Sabio de Navarra- sólo habían fundado San Sebastián por razones de estrategia política y económica, buscando una salida al mar. En los años siguientes, con la definitiva vinculación de Guipúzcoa a la Corona de Castilla, la tendencia fundacional se animó considerablemente.

El fenómeno anterior se relaciona estrechamente con la reorganización territorial protagonizada por los distintos monarcas.
La fundación de un total de veinticuatro núcleos supuso un proceso de reestructuración del territorio acorde a unas directrices políticas y económicas marcadas por los diversos reyes castellanos.

Veamos. Desde el punto de vista espacial y social, Guipúzcoa se organizaba con anterioridad (en el momento de la creación de San Sebastián) en valles, circunscripciones que constituían agrupaciones de aldeas y tierras, en las que se asentaba de manera bastante dispersa una población vinculada por lazos de parentesco más o menos fuertes.

Pues bien, la fundación de villas modificó estas coordenadas espaciales y, por tanto, económico-sociales en las que habían vivido sus habitantes. En la mayor parte de los casos no se trató de la creación ex-nihilo de nuevos núcleos de población, sino de su elevación a la categoría de villa.

La etapa comprendida entre los años 1203 y 1237 vio la aparición de cuatro localidades costeras: Fuenterrabía, Guetaria, Motrico y Zarauz, que fueron constituídas como villas por los reyes castellanos Alfonso VIII y Fernando III.

El interés por los puertos es indudable, pero no lo es menos la intención de Alfonso VIII en delimitar su recién ocupado territorio en sus dos extremos, oriental y occidental.
Con ello, además, se contribuía desde la villa a disolver las relaciones socio-económicas dominantes en Guipúzcoa, entre las que no podía encontrarse cómoda una sociedad más orientada al comercio y necesitada de vínculos sociales más flexibles: las relaciones de carácter feudal basadas en el parentesco, en la red de dependencias que conllevan los linajes de familias dominantes en los valles, se diluyen en la villa, integrada por solares familiares individuales y que aglutina población que no pasará ya a acrecentar la parentela de los poderosos.

De 1256 a 1383, los sucesivos reyes castellanos Alfonso X, Fernando IV, Alfonso XI, Enrique II y Juan I fundaron veinte villas.
Su intención era, por un lado, económica, en cuanto se promovían rutas de vital importancia, como la que desde Salvatierra llegaba a San Sebastián a lo largo del valle del Oria (la actual Nacional I) o se potenciaban puertos mercantiles (Orio).

Además, aseguraban al rey un sólido apoyo para contrarrestar la fuerte implantación social de la nobleza de la tierra.
Buena parte de estas nuevas villas, las localizadas en la cuenca del Deba, se encuentran en frontera con el Señorío de Vizcaya, lo que nos da una idea del interés regio en delimitar claramente la separación entre las tierras realengas y las del Señorío.
También existían motivaciones defensivas, como en Rentería, cuyas gentes huían de los abusos de los señores que habitaban el valle de Oyarzun.

De esta forma, la creación de las villas guipuzcoanas no respondió a una única causa sino a un complejo entramado de razones económicas, políticas y sociales que varían según el momento histórico, circunstancia que resulta aplicable a las otras provincias.

El resultado, a fines del siglo XIV, es la existencia de una red urbana que alteró de forma profunda las estructuras del territorio.
Se establecen nuevos polos de atracción, potenciándose el litoral mientras en el interior se crean renovados ejes de expansión. Este fenómeno otorga, asimismo, un impulso definitivo a la red de caminos.

Las villas se convierten en jalones de las rutas de la región y éstas dotan a las zonas urbanas de una nueva dinámica económica y social.

Por otro lado, formar parte del cuerpo social de una villa implica poseer un derecho de vecindad que conlleva exigencias, pues todos los vecinos están sujetos al pago de impuestos municipales para el mantenimiento de la villa.

Junto a las obligaciones, existen una serie de derechos: la posibilidad de disfrutar de las tierras comunales; el vecino es juzgado por el alcalde y las autoridades reales según el fuero que recibe la villa, lo que, en principio, le libra de arbitrariedades; se beneficia de las exenciones fiscales y penales que la carta foral señala; puede ser fiador y testigo en los juicios, siendo su testimonio superior al de la persona forana.

A lo expuesto, se añade la protección física que otorga el vivir en una sociedad que delimita su suelo edificado con una muralla y se dota de instituciones de gobierno. Por todo ello, la condición de VECINO será enormemente apetecida por quienes no la posean.

Todos estos aspectos no pasaron desapercibidos a los monarcas castellanos, que vieron en las villas una eficaz herramienta de fortalecer su posición y dominio político territorial.

La reacción de los señores de la tierra no se hará esperar.

Desde el siglo XIV unos recurrirán al enfrentamiento abierto, yendo de forma violenta contra el mundo urbano; otros tratarán de introducirse en las villas, adaptando sus economías y formas de vida a la nueva situación, acaparando poco a poco las propias instituciones villanas.

A lo largo de los siglos XIV y XV, las Hermandades existentes en las tres provincias vascas, agrupaciones de villas que servían de autodefensa en los turbulentos días de las crisis bajomedievales frente a las agresiones de la nobleza feudal, así como la progresiva constitución de sus JUNTAS GENERALES, COMPETENTES EN LA TOMA DE DECISIONES CRUCIALES COMO LA FISCALIDAD Y RESPONSABLES DE LA CREACIÓN DE UN DERECHO TERRITORIAL, FUERON EL SOPORTE DE LA SOBERANÍA CASTELLANA (ESPAÑOLA) EN AQUELLA TIERRA.

Concluyamos. En las tres provincias la anexión política a la emergente potencia castellana va íntimamente unida al largo curso de delimitación territorial, reorganización económico-social y cristalización institucional, efectuados en un marco de conveniencia mutua para los reyes de Castilla y diferentes grupos sociales del País Vasco.

Esta confluencia de intereses fue la clave para que aquel acontecimiento resultase perdurable en el tiempo, pues debemos insistir en que tan importante como la incorporación puntual en sí resulta para su permanencia la labor reestructuradora de los territorios y si en ella se observa una directriz regia, ESTÁ FUERA DE TODA DUDA QUE LA MAYOR PARTE DEL ENTRAMADO SOCIAL VASCO, AQUELLA QUE PRETENDÍA ESCAPAR AL CONTROL FEUDAL DE LOS LINAJES DE LA TIERRA, APOYÓ DECIDIDAMENTE ESTE PROCESO DE ESTRECHAMIENTO DE LAZOS CON LA MONARQUÍA CASTELLANA.
Simplemente para protegerse frente a los abusos de la Nobleza Baja agrícola, pendenciera y patrimonialista.
Guipuzcoanos, Alaveses y Vizcaínos buscaron y hallaron protección de Castilla frente a sus PREBOSTES rurales.

Úlima edición por tellagorri fecha: 4/Dec/05 a las 18:06.
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Viejo 21/Mar/05, 19:07
beltrandebonlieu
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Predeterminado Vizcaya

El texto más antiguo conocido que menciona el nombre de Vizcaya lo encontramos, como en el caso alavés, en la Crónica de Alfonso III.

Más tarde, a fines del siglo X, aparece en el Códice de Roda el nombre de Munio, conde vizcaíno casado con una hija de Sancho Garcés I, rey de Pamplona, y a partir del XI comienzan a ser más frecuentes los datos documentales sobre este territorio, observándose su vinculación a la monarquía pamplonesa, primero, y castellana después.

El conde Lope Iñiguez apoyó con decisión el partido de Alfonso VI cuando, asesinado en 1076 el rey de Pamplona, (Sancho IV el de Peñalén), Vizcaya, Alava, parte de Guipúzcoa y La Rioja se inclinaron por el monarca castellano.

Su hijo, Diego López de Haro I, sostuvo a la hija y sucesora de Alfonso VI de Castlla y León, doña Urraca, al enfrentarse a su marido (Alfonso I de Aragón y Pamplona), así como a su hijo Alfonso VII.

Sin duda como pago a sus servicios, en junio de 1110 doña Urraca concedió a perpetuidad a Diego López que no pudiese entrar sayón (oficial subalterno con funciones policiales) del Rey en sus tierras, incluidos los casos reservados a la justicia real, como los de homicidio, lo que implicaba la total jurisdicción sobre aquella tierra.

Luego, en esa misma línea de actuación, Alfonso VIII de Castilla y León le entregó el Señorío sobre toda la tierra de Vizcaya y el Duranguesado, a los que Fernando III, más tarde, unió los enclaves de Orduña y Valmaseda.

Ello posibilitó que, desde el siglo XII y a lo largo del XIII, los diferentes titulares del Señorío de Vizcaya actuaran en las tierras de su jurisdicción, y según la lógica imperante en el sistema feudal, con notable autonomía respecto a la corona castellana AUNQUE SIEMPRE VINCULADOS POLÍTICAMENTE a aquélla.
Un ejemplo: fue el Señor de Vizcaya, Diego López de Haro II, quien dirigió las tropas de Alfonso VIII en la conquista de Vitoria en 1200.

Los acontecimientos del siglo XIV resultaron cruciales para la incorporación del Señorío de Vizcaya al realengo castellano y para la formación en la mentalidad vizcaína de que las relaciones con la monarquía debían basarse en el pacto, es decir, habían de constituirse con un carácter contractual.

Hacia 1300 el Señorío estaba en manos de Diego López de Haro V, apodado el Intruso, hermano de Lope Díaz de Haro III, quien fuera asesinado en Alfaro. El dominio de don Diego el Intruso lo discutía su sobrina doña María Díaz de Haro, hija del asesinado.

Como detalla la Crónica de Fernando IV, tras un largo pleito que interesó a gran parte de la nobleza de la Corona de Castilla se llegó a un acuerdo: Diego López V retendría el Señorío hasta su muerte, tras la cual recaería en su sobrina María Díaz, casada con el infante Juan de Castilla, hijo de Alfonso X, siguiendo la tradición de emparentamiento entre la Casa de Vizcaya y la Casa Real castellana.

El gobierno de María Díaz se prolongó hasta 1334, año en que pasó a ocuparlo su nieta, María Díaz de Haro II, que había contraído matrimonio con Juan Núñez, Señor (consorte, pues) de Vizcaya. Aquel mismo año el rey Alfonso XI de Castilla, cuyo objetivo fue siempre el de controlar a la nobleza, entró en el Señorío para castigar las rebeldías de Juan Núñez, apropiándose del título de Señor de Vizcaya con el beneplácito de los hidalgos vizcaínos.

La anterior intervención militar real pudo contribuir a fortalecer en Vizcaya el sentimiento de que la autoridad del Señor de Vizcaya (auténtico Virrey hasta que, algo más adelante, Juan I reasume en su persona toda la autoridad ) se basaría en adelante en el pacto de vasallaje de los hidalgos vizcaínos respecto a él, idea que por otra parte reflejaba las corrientes de teoría política imperantes en Europa durante este período.

Restablecido el principo de autoridad real, el título de Señor retornó de nuevo a María Díaz II y a su marido en 1338 y hasta su muerte.

Tras algunas otras vicisitudes dinásticas y matrimoniales que implicaron, de modo sucesivo, al hijo bastardo de Alfonso XI y a la mujer de Enrique II de Trastámara, el cual entregó el Señorío de Vizcaya a su hijo el infante don Juan, heredero del reino: cuando en 1379 éste se convirtió en el monarca Juan I de Castilla, el título de Señor de Vizcaya quedó definitivamente vinculado a los otros que ostentaban los reyes castellanos.

Fueron los Señores de Vizcaya quienes llevaron a cabo la organización social “de arriba abajo” del espacio vizcaíno durante los siglos XII y XIV.

En 1199 Valmaseda recibió el fuero de Logroño, iniciándose la larga de serie de concesiones forales que finaliza en 1376, cuando el infante don Juan de Castilla, Señor de Vizcaya y futuro Juan I, fundaba las tres últimas villas del Señorío: Munguía, Larrabezúa y Rigoitia.
En el intervalo otras diecisiete localidades, incluyendo la propia Bilbao en 1300, obtuvieron carta-puebla con su correspondiente fuero.

Hasta mediados del siglo XIV el poblamiento se desarrolla en las villas costeras y en las situadas en los accesos de la meseta al mar, sin que en la fundación de ninguna de ellas mediara una petición expresa por parte de los habitantes del Señorío, frecuente en las fundaciones de villas posteriores a esa fecha.

Este poblamiento se lleva a cabo con los habitantes de la puebla, si ésta es previa a la condición de villa, o con los residentes dentro de los términos especificados en la carta de poblamiento; también con los labradores o cualesquier otras personas que, atraídas por unas condiciones favorables, acudieran a vivir a ella y quedarán por ello avecindadas.

Todos ellos son vasallos del Señor, término que aparece en 1304 con ocasión de la confirmación de los fueros a Ochandiano y reiterado a partir de la carta-puebla de Marquina de 1355.
Los vecinos obtienen unos estímulos legales para la colonización del término municipal, posibilidades de enriquecimiento a través del trabajo de roturación y explotación del mismo; quedan además sus personas y bienes bajo la expresa protección del fuero, frente a las fuerzas de cualquier autoridad o persona; asimismo, la vecindad viene a atenuar la dependencia personal de corte feudal, mediante la liberación de usos y cargas señoriales; por último, la ampliación del ejercicio de comprar o vender y el vigor con que se regula la actividad mercantil manifiesto en los ordenamientos locales vizcaínos, son indicios suficientes para comprender que se pretende un desarrollo comercial que será básico en la vida económica del Señorío.

De estos privilegios vecinales quedan excluidos los hidalgos, caballeros y escuderos que no estuvieran dispuestos a renunciar a los privilegios propios de su condición si acudían a morar a la villa.
Existe, en conclusión, un claro deseo señorial de equiparación de los estatutos sociales.

Los habitantes de lugares no aforados, la Tierra Llana, aspirarán a mediados del siglo XIV, como aparece en el capitulado de las Juntas de Guernica de 1342, a no verse privados de determinadas actividades económicas industriales o comerciales crecientemente monopolizados por las villas, así como a beneficiarse de la protección que éstas podían brindar en un período de fuertes conflictos sociales.

En la segunda mitad del siglo XIV resulta habitual que en la concesión de una carta foral exista petición previa por parte de los habitantes del Señorío, pero no es ésta la única novedad.
Los núcleos previos a las nuevas villas son prácticamente inexistentes; sus beneficiarios son mayormente hidalgos y labradores, cuyo objetivo fundamental es el de agruparse y defenderse de las violencias desatadas en estos tiempos de crisis y el de participar en el disfrute de los beneficios mercantiles. Ello, sin duda, redunda a su vez en una mayor defensa de los propios intereses del Señor.

Es también elemento de primera importancia para nuestro propósito comprender la relación existente entre el Señor y el Señorío, basada desde el siglo XIV en el pactismo.

Este vínculo contractual, que como se ha afirmado bien pudo surgir con la intervención militar de Alfonso XI, alcanzó su máxima expresión durante el gobierno de don Tello, entre 1352 y 1370, período en el que son más frecuentes los signos de carácter vasallático.
La crónica de Enrique III ilustra esta realidad al contar la visita realizada por el monarca en 1393, poniendo de manifiesto los intentos de las villas e hidalgos por subrayar los aspectos contractuales de la relación.

Todo lo anterior se traduce en la mutua jura de homenaje y guarda de fueros: los vizcaínos “toman señor”, entendiendo como tal la prestación del juramento de vasallaje a aquél que por línea sucesoria le corresponde, gesto al que los Señores otorgan un carácter simbólico consiguiente a la sucesión automática al frente del Señorío.

La fiscalidad, es decir, el derecho señorial a percibir ciertas rentas, la dispensación de la justicia mediante sus oficiales designados y la confirmación de todos los privilegios de las villas existentes, constituyen los derechos y obligaciones más importantes contraídos y están en la base de una vinculación recíprocamente aceptada.

Resta afirmar que el pactismo no fue exclusivo del Señorío de Vizcaya; por ejemplo, cuando en enero de 1475 las Juntas de Guipúzcoa juraron fidelidad a los nuevos reyes, Isabel y Fernando, lo hicieron a cambio de la confirmación de todos los privilegios del territorio. En otros lugares del Reino aconteció lo mismo.

Úlima edición por tellagorri fecha: 4/Dec/05 a las 19:07.
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Viejo 21/Mar/05, 19:07
beltrandebonlieu
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Predeterminado ALAVA

Durante los siglos VIII y IX las tierras alavesas, junto a las del norte de Burgos, constituyeron la frontera oriental del reino asturiano frente a los ataques musulmanes del valle del Ebro.

La primera mención del topónimo Alava data de fines del siglo IX (Crónica de Alfonso III de Castilla), refieriéndose a las tierras de la Llanada, al norte y este de Vitoria. A esta Alava nuclear se sumará otra periférica, integrada por la tierra de Ayala, Treviño, la Rioja Alavesa y la zona al este del río Bayas.

En el siglo X son ya evidentes las influencias de Castilla y Navarra. Así lo revelan los nombres de dos condes que gobiernan sobre territorio alavés: Alvaro Herremálliz ( relacionado con la corte del rey de Pamplona); Jimeno Garcés y Fernán González (con el de Castilla).

A partir de 1024 los documentos presentan a Sancho III el Mayor de Pamplona reinando también en Alava a través de su tenente, el conde Munio González (en el ámbito de los vínculos feudales, la tenencia era el régimen de posesión por un Señor de una determinada tierra por DELEGACIÓN real, lo que implicaba su control militar, administración civil y disfrute compartido de sus rentas aquel Rey o autoridad, a quien sustituirá Fortún Iñiguez, también vinculado a Navarra.

Otra buena prueba de esta orientación del territorio alavés hacia la monarquía pamplonesa la constituye la donación efectuada hacia 1060 por nobles de Alava al monasterio de San Juan de la Peña, situado en la región de Jaca, muy unida a los reyes de Pamplona.

Con el conde Alvaro Díaz concluye la soberanía navarra en Alava, pues en 1076 acaeció el asesinato de Sancho IV el de Peñalén, crisis aprovechada por Alfonso VI de Castilla para incorporar temporalmente a su reino La Rioja, parte de Guipúzcoa, Vizcaya y Alava.

La restauración del reino pamplonés con García Ramírez en 1134 tuvo como consecuencia que este monarca se intitulase rey de Pamplona, Alava, Vizcaya y Guipúzcoa, correspondiendo la tenencia de estos tres últimos territorios a Ladrón I, forjador del linaje alavés de Guevara, quien se consideró siempre navarro y, de hecho, fue conocido como Ladrón de Navarra, aunque su vida política se desarrollase en la corte castellana, aunque finalmente retornara a la obediencia del Rey navarro.

En 1179 Alfonso VIII de Castilla y Sancho VI el Sabio de Navarra firmaron un tratado que fijaba la frontera entre sus reinosa lo largo de una línea que, en el occidente de Guipúzcoa, desde el Cantábrico remontaba el curso del río Deba y continuaba, ya en Alava, siguiendo los ríos Bayas y Zadorra.

Consecuencia del mismo fue que toda Alava quedase bajo la soberanía navarra. Asimismo, el gobierno condal de la familia Guevara en esta provincia se disgregó en una serie de tenencias cuyos titulares eran renovados frecuentemente por el monarca navarro, siguiendo la costumbre de organización administrativa feudal que imperaba en el reino pirenaico.

Esta reestructuración política del espacio alavés se vio acompañada por un proceso de fundación de villas por Sancho VI el Sabio: Laguardia (1164), Vitoria (1181), Antoñana (1182) y La Puebla de Arganzón (1191); la última fundación navarra en Alava fue Labraza, realizada en 1196 por Sancho VII el Fuerte.

La situación de fortalecimiento navarro en el territorio cambió de manera radical con la conquista efectuada por Alfonso VIII de Castilla entre 1199 y 1200, quien previamente había negociado con los nobles alaveses, descontentos con la política de los reyes navarros de fortalecimiento del realengo y fundación de villas.

A excepción del territorio dominado por la Cofradía de Arriaga, de la que hablaremos poco más abajo, toda Alava quedaba en manos de Castilla.

La adhesión a esta última monarquía será ya definitiva, salvo el breve paréntesis abierto con motivo de la guerra civil castellana del siglo XIV entre Pedro I y Enrique de Trastámara, durante la que Carlos II de Navarra retuvo durante escasos 5 años algunas villas alavesas.

La fundación de villas en Alava durante los siglos XII y XIII fue protagonizada, pues, por los reyes de Navarra y Castilla según las alternancias en la titularidad de la soberanía política, y terminó en 1338 con la fundación por Alfonso XI de Castilla de Monreal de Zuya.

Cuando un monarca medieval promulgaba una carta de poblamiento, ello conllevaba el otorgamiento de un FUERO. Estos instrumentos legales que regulaban las relaciones entre el Rey y sus vasallos aparecen como el reconocimiento por parte de la autoridad de una serie de exenciones y privilegios a favor de una comunidad asentada o por asentar en un determinado núcleo, respondiendo a un interés común por parte del poder real y de la comunidad beneficiada, quedando reestructurado el tejido social al fundarse nuevos núcleos de población con atrayentes condiciones de vida.

Si consideramos que en Alava, también en Guipúzcoa, fueron los reyes quienes llevaron a efecto de manera exclusiva la política de fundaciones, es lógico deducir que ésta se constituyó en una herramienta de primer orden para fortalecer la posición real en aquellos lugares, en detrimento de la nobleza feudal de la tierra.

Este afianzamiento del realengo tiene una clara finalidad política pero también económica, pues la concesión de un fuero conlleva el incremento de las rentas reales derivado, entre otras circunstancias, de la diversificación de las actividades, el desarrollo de los intercambios y las rutas comerciales.

Se ha citado a la Cofradía de Arriaga, así llamada por el lugar donde realizaban sus juntas, y de ella debemos ocuparnos ahora, pues también hemos advertido que con la conquista de Vitoria en 1200 no toda Alava quedó en manos del monarca castellano.

La primera mención documental data de 1258 y en ella la Cofradía presenta ya unos perfiles bien definidos, por lo que lógico es pensar que su formación fuera bastante anterior.

Ya en la segunda mitad del XI ciertas informaciones nos ayudan a entrever la existencia de senñores o barones con capacidad para ejercer determinadas acciones jurídicas que, mediado el siglo XII, elegían a un señor. Este, en un territorio organizado en merindades o circunscripciones, administraba justicia, de manera personal o a través de merinos o alcaldes nombrados por él, era responsable de la defensa manteniendo las tenencias de los castillos y en reconocimiento de este señorío recibía de los labradores el impuesto llamado pecho forero.

Era en definitiva una organización de base feudal, formada por nobles de muy distinto rango (a ella pertenecerán pequeños hidalgos, pero también algunos de los más ilustres apellidos de la nobleza alavesa, como los Rojas, Mendoza, Hurtado de Mendoza, Ayala o Guevara) y campesinos dependientes, que dominaba un territorio netamente diferenciado del realengo, controlado por el monarca.

Pues bien, la Cofradía de Arriaga concluyó con su autodisolución en 1332, fecha en la que se produjo el llamado Pacto de Arriaga o Entrega voluntaria de las tierras de la Cofradía a Alfonso XI de Castilla y León.

La interpretación de este acontecimiento pasa por la valoración conjunta de varios factores, entre los que resaltaremos dos: primero, el enfrentamiento entre los miembros de la Cofradía y algunas villas realengas fundadas dentro de su territorio, como Vitoria y Salvatierra, que disputaban a aquélla la jurisdicción sobre los núcleos de población de su alfoz o término jurisdiccional (conflicto en el que necesariamente la fortaleza monárquica castellana habría de terminar imponiéndose).

Y segundo, las dificultades que desde la segunda mitad del XIII atravesaba la nobleza alavesa, en el contexto general de las transformaciones del sistema feudal o crisis bajomedieval, en forma de caída de sus rentas.

En contrapartida a su autodisolución los hidalgos alaveses obtuvieron de Alfonso XI el reconocimiento de su estatuto jurídico privilegiado, lograron fijar a los campesinos a la tierra para impedir su huida a lugares privilegiados como las villas realengas y se aseguraron el control de importantes fuentes de ingresos como el aprovechamiento de los montes.

En definitiva, no sólo garantizaron su subsistencia sino que algunos de sus más insignes miembros vieron enormemente favorecida su posición y ascendencia sobre la sociedad alavesa.

En otro orden de cosas, la historia eclesiástica, no sólo de Alava sino también de Vizcaya, apunta de igual forma a la vinculación con Castilla:

a) Desde finales del siglo XI, Alava pertenecía enteramente a la ya castellana diócesis de Calahorra.

b) Vizcaya quedaba subdividida en dos sectores de influencia: Las Encartaciones, al oeste del río Nervión, incluidas en la diócesis de Burgos; y el resto, en la de Calahorra.

c) Guipúzcoa es en este aspecto ciertamente más complejo: mientras que su borde occidental, limítrofe con Vizcaya, pertenecía a Calahorra, los demás territorios estaban adscritos a la sede episcopal de Pamplona, salvo las tierras delimitadas por los ríos Bidasoa y Oyarzun que dependían de la diócesis francesa de Bayona.

Esta situación se mantuvo durante toda la Edad Media ; el mismo Fernando el Católico, a petición de los naturales del país, intentó sin éxito conseguir un vicario general que independizara la provincia de Guipúzcoa de las diócesis de Bayona y Pamplona.

No fue hasta 1566 cuando Pío V concedió la desmembración del obispado de Bayona y la incorporación al de Pamplona de estos territorios, mas ya la pertenencia de Guipúzcoa a uno u otro obispado carecía de la trascendencia política anterior, pues hacía tiempo que la propia Navarra había sido conquistada por Castilla.

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Viejo 20/Apr/05, 15:03
tellagorri
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Predeterminado Hablando con el HISTORIADOR

Fernando García Cortazar, Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Deusto, expone :

¿Cuál es el origen del pueblo vasco?

No lo sé, ni tengo especial interés en investigarlo. Más que el origen, me preocupa el presente y el futuro no del pueblo vasco, que no existe, sino de la sociedad o los ciudadanos vascos.

El concepto de pueblo tiene connotaciones raciales o tribales que encajan mal con una sociedad mestiza, muy mezclada y plural, fruto de la modernización industrial y de distintas corrientes migratorias de los siglos XIX, XX Y XXI.

La pretendida existencia del “pueblo vasco” y su singularidad es la base del discurso nacionalista.

A lo largo de nuestra Historia, ¿de qué modo contribuyeron los vascos a la configuración de España?

Nada hay en la historia del País Vasco que permita pensar en una entidad independiente de la España que desde los años de dominación romana empezaba a gestarse. Por otro lado hasta la aprobación del Estatuto de Guernica en 1979 no se podría hablar con rigor del País Vasco, entendiendo éste como organización político-administrativa unitaria correspondiente a Vizcaya, Álava y Guipúzcoa, territorios bien distintos entre sí con sus peculiaridades jurídicas bien diferenciadas.

Los vascos, llamados así a partir del siglo XIX, participaron con los demás peninsulares en la formación de España.
Colaboraron decididamente en la Reconquista y, en la hora histórica de las Navas de Tolosa, la vanguardia de las tropas del Reino de Castilla estuvo mandada por Diego López de Haro, señor de Vizcaya. Vizcaínos y guipuzcoanos fueron los mejores soldados y marinos de los reyes castellanos.

Gracias a ellos, el rey Fernando III pudo conquistar Sevilla. Alféreces vascos dirigen la conquista de Baeza, Úbeda, y Córdoba y ayudan eficazmente a Alfonso XI en la batalla del Salado.
La conquista de Algeciras y Gibraltar también contó con protagonismo vizcaíno y guipuzcoano, redoblado en las guerras civiles de la casa de Trastámara y en las actividades comerciales con las que Castilla se proyecta en Europa.

San Sebastián, Guetaria, Fuenterrabía, Zarauz, Bermeo y, desde 1300, Bilbao vieron salir la lana de la Meseta y el hierro vizcaíno camino de Flandes e Inglaterra.

La participación vasca en la España moderna fue colosal. El reconocimiento oficial de su condición de hidalgos permitió a guipuzcoanos y vizcaínos copar los puestos de la administración de la monarquía, disputándoselos a los judeoconversos, buenos burócratas como ellos, de los que se libraron mediante la aplicación de los españolísimos estatutos de limpieza de sangre.

Sin exageración se ha podido afirmar que durante los siglos XVI, XVII y XVIII, España y el Imperio estuvieron gobernados por vascos. Y en efecto, el número de vascongados encaramados en la administración estatal es apabullante, copando en algunas épocas la mayor parte de los altos cargos.

Ya en 1525, de doce secretarios del Consejo de Estado cinco eran guipuzcoanos. Los apellidos Idiáquez, Zuazola, Galarza, Ibarra, Amezqueta, Mancisidor, Ipiñarrieta, Gastelu, entre otros, salpican la nómina de quienes fueron secretarios de los diversos reyes.

Si fuese cierto, como alguna vez se ha afirmado, que la monarquía española oprimió de alguna forma a las provincias vascongadas, cabría pensar que buena parte de tal “opresión” correspondió a quienes salidos de aquellas tierras representaban lo más granado del poder.

No faltaron tampoco vascos en las principales empresas españolas de la época. Bien conocida es su decidida participación en la conquista y colonización de América y Filipinas y su protagonismo en las aventuras descubridoras.

Juan Sebastián Elcano, Pedro Ursáa, Lope de Aguirre, Francisco Argarañaz Murguía, Miguel de Legazpi, Urdaneta… son sólo algunos de los vascos que participaron en lo más característico de la política imperial de la Monarquía española.

La proyección espiritual de España en el mundo lleva el nombre de un guipuzcoano, Ignacio de Loyola, que había guerreado al servicio de la Corona de Castilla mientras que la Ilustración aportó muchos nombres ilustres- Samaniego, Peñaflorida, Cadalso- de vascongados a la cultura del XVIII español.

Hasta hace poco más de cien años no se produjo la escisión conceptual entre lo vasco y lo español.
Habría de ser la acción política del inventor del nacionalismo vasco, Sabino Arana, la que provocaría con el tiempo, la ruptura en la concepción de un País Vasco armónicamente integrado en España. Nadie antes de él había formulado la idea de la independencia política del País Vasco.

A pesar de su reivindicación independentista, Arana tendría que reconocer que la historia no ayudaba en nada a su proyecto de secesión, como tampoco lo ayudaban sus coetáneos miembros de la gran burguesía vizcaína, empeñados en reforzar la idea unitaria y el sentimiento de España, manifestado en carne viva en el latido de los vascos de la generación del 98.

¿En qué momento podemos hablar de España como Nación?

La formación de España como Nación está ligada a la primera experiencia liberal, la de las Cortes de Cádiz que intenta liquidar el pasado feudal.
El moderno concepto de nación es el que desarrollan los hombres del XIX para reivindicar sus derechos y libertades individuales frente al absolutismo y las desigualdades de la sociedad anterior.

Paradójicamente se dio crédito a la versión franquista de la historia, negando o enterrando la España liberal.
¿Por qué se identifica España más con Franco que con la II República?
¿Por qué se identifica España con la leyenda negra y no con su tradición erasmista, ilustrada o liberal?

El problema, en el fondo, es cultural. De no haber navegado por la historia ni haber leído suficiente.

Porque la España real ya no sería para ellos esa España siniestra y canalla que hoy se inventan los nacionalistas sino la honda y viva de la gran literatura.

El nacionalismo catalán está ganando la batalla mediante una descomunal manipulación. Cataluña es la tierra de la modernidad, de la libertad, de la apertura a Europa, del diálogo.
España –que es otra cosa- es la Castilla harapienta y antigua, cejijunta y clerical, reaccionaria y fascista, abusona de los territorios con verdadera identidad.

¿Cómo valoraría la figura de los Reyes Católicos?

Sin duda alguna son los personajes más importantes de la Historia de España. Con su sentido político, superador de intereses puramente dinásticos pusieron en marcha el largo proceso de integración “nacional”, al unir en su matrimonio las dos coronas más poderosas de la Península.

La España nacida en 1469 es todavía un simple bosquejo pero la unión permite estrechar lazos, conforme se alcanzan las metas trazadas siglos antes por cada uno de los reinos: Granada, Nápoles, Navarra.

¿Qué opina de la reciente polémica suscitada en relación a los símbolos franquistas que el Gobierno pretende eliminar o al menos sustituir? ¿No le parece un debate innecesario treinta años después de la muerte de Franco?

Objetivo central de la política franquista fue mantener la división de España en dos Españas: la España de los vencedores y la España de los vencidos, la España auténtica, nacida de las cenizas del 39, y la anti España de la República, “poblada por los verdaderos criminales comunes de nuestra guerra”.

Efectivamente, políticos de izquierda y periferia, ensalzando la actitud de los vencidos de ayer para hacerse mejores que los demás han convertido la guerra civil en una absurda ceremonia de canonización, en una película de malos –simpatizantes de la derecha, centralistas y terratenientes sin escrúpulos, es decir fascistas- y buenos –partidarios de la izquierda, separatistas y campesinos hambrientos, es decir, demócratas-.

Se quiera reconocer o no, la óptica es la misma que la empleada por los propagandistas de la dictadura, pero al revés, como si estuviéramos dentro del espejo que Lewis Carroll inventó para Alicia.

La manipulación se repite y, bajo la luz fotográfica de los nuevos tiempos, se olvida interesadamente que a la ruina de la República contribuyeron también la ceguera sectaria de la izquierda y la incompetencia de una gran parte de sus líderes; que en el bando republicano no todos eran, ni mucho menos, demócratas o defensores de la libertad; que el odio reventó tanto en el Badajoz de los militares rebeldes como en la Barcelona de Companys, esa Barcelona de las patrullas armadas de la que tuvo que huir Orwell para salir de España con vida y de la que años más tarde diría: “Nadie que haya vivido en Barcelona entonces o en los meses posteriores podrá olvidar la agobiante atmósfera creada por el miedo, la sospecha, el odio, la censura periodística, las cárceles abarrotadas, las enormes colas para conseguir alimentos y las patrullas de hombres armados”.

La guerra civil atravesó de sangre las tierras de España, de culpas y opresiones recíprocas, de rencores y de lutos, heridas que no se pueden ignorar pero que es necesario sanar para que el ayer cese de contaminar el presente con sus viejos fantasmas y palabras.

¿Cómo albergar esperanzas sobre un futuro más o menos abrigado y razonable si no dejamos de hurgar en las llagas del pasado con la intención de hacerlas supurar todavía más, si seguimos lanzándonos los nombres y las vidas de nuestros mártires a la cara, si siguiendo el ejemplo de los antiguos combatientes carlistas, perdedores de todas las guerras civiles del XIX, damos hervor y actividad a los odios del 36, con la fosa del padre de éste, el fusilamiento de la madre del otro, los balazos que enseña con orgullo el abuelo del más allá?

Úlima edición por tellagorri fecha: 4/Dec/05 a las 19:07.
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  #9  
Viejo 18/Oct/05, 04:04
tellagorri
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Predeterminado Descomunal MANIPULACIÓN DE LA HISTORIA

Por parte de los nacionalistas VASCOS primero, y de los CATALANES después.



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