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Antes de Nicea la Declaración de Fe bajo pena de muerte confesada por todas las iglesias podemos resumirla en las siguientes palabras: Sólo hay un Dios Verdadero, su nombre es YAVE, el "Señor de los ejércitos" de las Sagradas Escrituras de los Hebreos, Dios del Patriarca Abraham, del Profeta Moisés, del rey David.
YAVE Dios es Padre, su Hijo Primogénito se llama Jesús. Este Primogénito de Dios se hizo hombre y nació en Belén de Judá durante el imperio del César Octavio Augusto, al final del reinado de Herodes Ben Antípater, en el año primero del Siglo de Cristo. El Hijo de Dios vino al mundo para comprar nuestra alma al precio de su sangre. Estando en el mundo nos descubrió que el Hombre que al principio Dios creara a su Imagen y Semejanza, ese Hombre es Cristo. Y que ese Hombre está en todos nosotros. Este Hombre es el que confiesa con el corazón rebosante de eternidad y el espíritu abierto al infinito que el Primogénito de Dios, Jesús, es el Cristo, el Modelo sempiterno a cuya Imagen y Semejanza ha creado Dios al Hombre. Aquel Jesús que vino al mundo para ofrecernos la vida eterna, ese Jesús es el Hijo Unigénito de Dios, engendrado, no creado, principio y fin de la Creación, alfa y omega de la actividad Divina, el primero y el último de su Naturaleza: Dios Hijo Unigénito, nuestro Rey y Señor, nuestro Maestro y Salvador. Respecto a esta Fe se cumple la Palabra de Dios, que dice: El justo vivirá de la fe. Esta Confesión sencilla y elemental donde las haya, esta elemental y sencilla declaración de Fe, al igual que hoy en día les sigue costando la vida a muchos hombres y mujeres, también ayer, antes de Nicea, significaba la muerte. Nosotros, Hoy, con independencia de la reacción de quien la oye o la oiga, seguimos confesando la Declaración Universal que toda la Creación confiesa con la boca y vive con el corazón: Artículo Uno: Dios es Amor Dios, voluntaria y libremente, ha fundado el Reino de los Cielos. Ninguna fuerza otra que el Amor a la Vida está en el origen del impulso que ha conducido a Dios a crear este Reino Sempiterno, espacio donde la Plenitud de las Naciones del Universo comparten una misma Vida y se relacionan con su Creador a la luz de su Infinita Sabiduría Eterna. Artículo Dos: Dios es Padre Dios es la fuente de la que emana la Constitución de su Reino, por la que todas las Civilizaciones de los Pueblos del Universo se rigen y la Plenitud de las Naciones se articula. Esta Constitución Universal tiene en la Paternidad Divina su Origen y su Principio. Desde esta Paternidad y por ella Dios legisla desde su Omnisciencia y juzga desde su Presciencia, la Verdad como principio, medio y fin de su acción. Hijos de Dios, Ciudadanos de su Reino, corremos hacia El espontáneamente y nos echamos en sus brazos clamando con todo nuestro ser ¡Padre Nuestro! Artículo Tres: YAVE es Dios YAVE es el nombre del Ser que creó el campo de las galaxias y el océano de las estrellas del Universo. EL es el Creador del Cosmos y de todo cuanto existe en el Universo. EL es la fuente de la que mana el Futuro de todas las cosas, a las que con su Ser sustenta y con su Palabra mueve hasta el horizonte que jamás se alcanza y tiene en el Infinito su Orto. YAVE es la fuente del río de la Vida, EL es quien mantiene el Futuro de la Plenitud de las Naciones en crecimiento eterno y alegre y hace desembocar su caudal en el océano de su Omnisciencia. Todo lo que existe, en el Cosmos como en el Universo, tiene en EL su causa física y la fuente de energía que le permite crecer por la Eternidad. Artículo Cuatro: Dios es Señor Por derecho de Creación todo lo pertenece a YAVE Dios. EL tiene todos los derechos de propiedad sobre toda su Creación. Todas las cosas, las del Cosmos como las del Universo, las del Cielo como las de la Tierra, todas le pertenecen, y EL las gobierna según su Infinita Sabiduría. Desde esta Verdad Eterna EL le ha dado la Corona de su Reino a su Hijo Primogénito. Jesucristo es el Nombre de su Hijo, Jesucristo es el Nombre del Rey de la Plenitud de las Naciones. Artículo Cinco: El Rey es Hijo Unigénito Sólo hay un Rey, universal y sempiterno. Su Padre es Dios. Al Padre es la adoración de todas las criaturas del Universo y al Hijo la Obediencia de todos los Ciudadanos del Reino de los Cielos. El Rey es Hijo Unigénito; Hijo Amado, El es la causa metafísica de la Creación de Dios. Como Rey El es el Jefe de todos los ejércitos del Reino de Dios, El es el Brazo de YAVE, su Padre. El es el Príncipe de los príncipes del Cielo, el Primogénito de los hijos de Dios. Artículo Seis: El Señor de los ejércitos YAVE es el Señor de los ejércitos de su Reino. A la cabeza de todos los ejércitos de la Plenitud de las Naciones del Universo EL ha puesto a su Primogénito, nuestro Rey, su Hijo Amado. Todos los ejércitos de su Reino obedecen única y exclusivamente a su Rey sempiterno, y sólo a la Orden de su Voz se mueven. Ningún poder ejecutivo exterior a su Corona tiene el Poder de la Guerra y la Paz. Todas las Naciones del Reino de Dios ponen sus ejércitos a los pies del Rey, cuyo Consejo tiene el Poder de la Guerra y la Paz. Este Consejo tiene en el Padre, YAVE Dios, su Cabeza Todopoderosa y Omnisciente. Todos los ejércitos de la Plenitud de las Naciones se gobiernan por esta Ley de Obediencia al Consejo del Rey de los Cielos. Ningún Gobierno tiene el Poder sobre los ejércitos de la Nación a la que pertenecen. Al Rey, efectivamente, y sólo al Rey le ha dado su Padre, Dios, este Poder. Su Hijo, nuestro Rey, es su Brazo, el Brazo derecho de YAVE, Señor de los ejércitos. Artículo Siete: El Sumo Pontífice El Rey es el Único Sumo Pontífice de la Plenitud de las Naciones. La Plenitud de las Naciones de la Creación tienen sólo una Religión, un Único Dios y un Único Sumo Pontífice, alrededor del cual todos los Pueblos del Universo se unen para adorar al Único Dios Verdadero, YAVE Dios, el Padre, Creador de todas las cosas, del Cielo como de la Tierra, cuyo Espíritu Santo lo anima todo y lo mantiene todo en crecimiento sano y alegre. El, el Sumo Pontífice, es el Único Viviente que se mantiene de pie delante del Dios de la Eternidad y el Infinito; Su Nombre es Jesucristo. Artículo Ocho: La Iglesia El Sumo Pontífice, Jesucristo, el Hijo Unigénito, es la Única Cabeza, Suprema y Divina, y por Divina: Visible, de todos los Obispos y de todos los sacerdotes y pastores de la Plenitud de las Naciones. Sólo a El le deben Obediencia Sempiterna todos los Obispos y los sacerdotes y pastores que con El y en El forman un sólo y único Cuerpo, sagrado y sempiterno, la Iglesia. Esta Iglesia, su Cuerpo, tiene por Casa todo el Reino de Dios y en sus carnes en medio de la Plenitud de las Naciones mantiene viva la Doctrina de la Eternidad y el Infinito: YAVE es Dios y Padre. Artículo Nueve: Dios es Juez Creador y Fundador del Reino de los Cielos, cuya Corona le pertenece a EL y EL la comparte en vida con su Hijo, pues siendo Dios no puede morir, heredando su Hijo en vida la Corona que por Derecho de Primogenitura le pertenece; siendo su Creador y Fundador, YAVE Dios reservó para el Rey la Presidencia del Tribunal Supremo de Justicia, cuya Jurisdicción comprende la Plenitud de las Naciones de su Reino, poniendo así Dios en las manos del Rey el Poder sin límites para Juzgar de quien preside la Corte Suprema de Justicia de su Reino. Al heredar el Hijo en vida la Corona que debía heredar tras la muerte del Padre, siendo el Padre Dios abrió su testamento en vida para que en vida, siendo el Hijo de su misma Naturaleza Divina, disfrute de lo que de otro modo jamás podría. Lo glorificó al Nacer, aboliendo toda corona y elevando la Suya hasta el Trono de Dios, su Padre; y volvió a glorificarlo al Morir, sentándolo en el Trono del Presidente de la Corte de Justicia de su Reino, con poder sin límites para dictar sentencia, a la medida del propio Dios, Absolución Universal comprendida. Artículo Diez: La Ley de la Igualdad Todos los Ciudadanos del Reino de los Cielos, en cuanto hijos de Dios, independientemente de la Nación de Origen, todos disfrutan de la misma Igualdad ante la Ley. Todos los Ciudadanos del Reino de Dios, sin excepción, desde el Rey que se sienta a la Derecha del Padre hasta el más pequeño de sus hijos, todos los Ciudadanos de la Plenitud de las Naciones son responsables de sus actos ante la Justicia, todos están sometidos a la Ley Universal de Igualdad en la Responsabilidad. Artículo Once: La Ley de la Libertad Dios es el Señor y a EL le pertenece el suelo donde moran la Plenitud de las Naciones. Heredero de su Padre, partícipe de todos Sus bienes, el Rey es el Señor del suelo donde pisan todas las Naciones. Las fronteras de su Reino se extienden alrededor de la Plenitud de las Naciones. Los Ciudadanos de la Plenitud de las Naciones de su Reino son libres y disfrutan de la Libertad de Movimiento de quienes tienen a Dios por Padre y por Hermano al Rey del Cielo. Artículo Doce: La Ley de la Fraternidad Todos los bienes y riquezas de la Plenitud de las Naciones, del suelo como de las personas, le pertenece a Dios. Todos los Ciudadanos de su Reino, independientemente de su Nación, poseen por nacimiento el Derecho de uso y disfrute de todos los bienes y riquezas del Universo. Dios es el que multiplica los bienes y riquezas de su Reino, sea a través de la Naturaleza sea a través de sus hijos, mirando a la felicidad de la Plenitud de las Naciones. Artículo Trece: La Ley de la Inteligencia Dios crea a sus hijos inteligentes a su imagen y semejanza para el enriquecimiento de la Plenitud de las Naciones en toda clase de ciencias y tecnologías. Siendo EL el Origen de todo Conocimiento todos los beneficios vienen de su Omnisciencia y están sujetos a la Ley de la Fraternidad sempiterna. Pues Dios actúa en todos para el enriquecimiento y crecimiento de todos en el Conocimiento de todas las cosas. I La semilla que el Hijo de Dios vino a plantar en el ser humano ha dado su fruto. ¿Qué somos? lo sabemos. ¿Qué fuimos? también. ¿Qué seremos? lo que nunca dejamos de ser, hijos de Dios. Muchas fases ha dejado atrás la Vida, a través de muchos saltos dimensionales la evolución de la Vida en la Tierra ha realizado su viaje en el Tiempo; su meta estaba al otro lado del último salto evolutivo a cuyo borde se colocó el Género Humano un día, hace unos seis mil años atrás. Entrábamos en la última recta, nos habíamos puesto de rodillas para coger el impulso que había de conducirnos a la última dimensión: la naturaleza de los hijos de Dios, cuando un pie maligno nos puso la zancadilla y un puño asesino aprovechó la ocasión para molernos a golpes. La Serpiente que en su odio al espíritu de Dios lanzó la lanza de la traición contra el Hombre, aunque nos dejó en el suelo como muertos no pudo arrebatarnos la venganza. Moribundos, pero no muertos. Este fue el gran error de la Bestia. Nos dejó sin conocimiento, sin fuerzas, aturdidos por los palos, sin conciencia...pero aún vivos. Para su eterna desgracia y nuestra maravillosa suerte sobre nuestro cuerpo caído juró un Dios por su Cabeza que así se vería nuestro enemigo, con una diferencia: EL no dejaría moribundo a aquel sobre el que caería como una maza su puño. El Guerrero que bulle en el Gran Espíritu Divino al Cielo levantó su Voz y desde su cólera profética juró por su gloria bendita bailar sobre los cadáveres de sus enemigos. "Ciertamente yo alzo mi al cielo mi mano y juro por mi eterna vida: Cuando yo afile el rayo de mi espada y tome en mis manos el juicio, yo retribuiré con mi venganza a mis enemigos y daré su merecido a los que me aborrecen, emborracharé de sangre mis saetas y mi espada se hartará de carne, de la sangre de los muertos y de los cautivos, de las cabezas de los jefes enemigos. Regocijaos gentes, por su pueblo, porque ha sido vengada la sangre de sus siervos, y hará la expiación de la tierra y de su pueblo", palabra de Dios. ¡Guerreros! hoy es día de fiesta, la hoguera arde, sus chispas saltan alegres al son de los tambores de la victoria. Venid y sumaos a la danza de los valientes, venid a celebrar la Victoria saltando alrededor de las llamas, cantando "¿dónde está el fantasma de Gog y dónde los colmillos de Magog el fuerte?". Saltad alegres, regocijaos a pleno pulmón, batid brazos al viento de las alegrías perpetuas. Recordad lo que fuisteis, rebaños masacrados por el príncipe de las tinieblas, pasto de sus ejércitos, quien devoraba la más rolliza quien la más tierna. Treinta monedas de plata por el pastor, ni tres céntimos por oveja. El César de turno haciendo espada de su estrella afiló la hoja contra las cabezas de nuestros padres. Huérfanos, no teníamos a nadie que nos defendiese. Éramos como niños abandonados en la selva en tiempo de hambruna, pasto para bestias. ¿El horizonte...? ¿Qué futuro había después del César? Entre las constelaciones del universo la luz de la Tierra se apagaba en la oscuridad bajo un velo de lágrimas nebulares: Ay mi corazón que se me parte -se lamentaban las Pléyades, mi núcleo que se me muere de frío -lloraba Orión. Guerreros, no éramos nada, éramos todavía menos. Éramos lo que no había, un calvario de pueblos crucificados a los dioses del siglo. No crucificaron a Cristo. Nos crucificaron a todos nosotros. Que nos matasen los judíos o los romanos ¡qué importancia tiene! Guerreros, hermanos en el Gran Espíritu que un día para la eternidad se cernió sobre las Aguas de nuestro Universo, hoy es día de victoria, hoy es día de fiesta. Aquella criatura que Dios creara desnuda, sin conocimiento de la Guerra, está al presente vestida de guerra hasta los dientes. Oid su Voz, la Voz del Jefe de los ejércitos, el Verbo del Dios del Infinito y la Eternidad. Su Voz es como un torrente manso que alivia las tierras de una sequía de setenta años, como el canto de la leche de la vaca después de los siete años de escasez y plaga, como el beso del Sol a una Tierra desesperada por la muerte de sus hijos, como el coro de los pajarillos en el naranjo de mi jardín. Guerreros, hijos de la Tierra, imagen y semejanza de vuestro Creador, firmad conmigo esta promesa para la eternidad: A Dios todopoderoso nuestro Creador levantamos nuestra voz y por nuestra vida juramos delante de las estrellas y sus hijos que, como Ayer, Hoy estamos a sus pies para labrar su Paraíso y por la eternidad atrapar al vuelo la espora de la Cizaña maldita, antes que llegue al suelo, antes que encuentre seno en la tierra, antes que eche raíces, mientras planea buscando pensamiento donde poner sus infernales huevos. Este es el Juramento de Cristo y de toda su Casa. Sellémoslo bailando al son de los yambés de la Paz. Esta es la historia del drama de la Humanidad. A esta historia se reduce el drama del Género Humano. Una palabra lo define mejor que ninguna: Ignorancia. Ignorancia es la palabra que define la Historia de la Humanidad desde Adán hasta Jesucristo, y desde Jesucristo a nuestros días. Y sin embargo porque hubo Ignorancia hubo Redención, y porque hay Ignorancia hay Esperanza. A la Ignorancia debemos remitirle nuestros terribles errores, nuestras horribles guerras civiles, nuestros crímenes sin número y nuestro comportamiento a imagen y semejanza de la Bestia que soñó poner de rodillas a Dios. Sólo fuimos un peón en la partida de ajedrez de otros, el escenario para una guerra que pilló a todo el mundo por sorpresa y a nuestro mundo por carne de cañón. ¿La estrategia del Diablo? Sus fines, principios y sus medios eran simples y claros como el agua. Supuesto el caso que al comprometerse a crear al Hombre a su imagen y semejanza Dios se hubiera metido en un agujero negro del que sólo podría salir abandonándonos a nuestra suerte, y abandonándonos Dios declararía su imposibilidad para cumplir su Palabra, desde esta renuncia, por aquel supuesto abandono y con toda la razón del mundo el Verbo no podría imponer su status de "Palabra de Dios". Si Dios dijera y no hiciera los fundamentos de este status divino de su Verbo perdería toda consistencia y no habiendo podido demostrar su Omnipotencia la Palabra de Dios tendría que aceptar el status de relatividad que pretendía darle el Diablo. Una vez esto asumido, que Dios es Dios pero que a veces también se le tuercen las cosas y no siempre su Voluntad se cumple, el paso siguiente, efecto inmediato de la inconsecuencia antes destacada, sería la abolición de la relación entre el Espíritu Santo y Dios, paso por el que la Creación, estando sujeto su Creador al error, no podría ser juzgada en base al error innato que por esta falla teológica heredarían las criaturas. El Cielo -concluyendo- no podría darle la espalda a la vocación eterna del Diablo: la transformación del Universo en un Olimpo de dioses todos más allá del Bien y del Mal. El argumento del Diablo, sistema de pensamiento maligno que lo condujo a intervenir en el Edén, primero, y en Jerusalén, después, no se sostuvo delante del Tribunal de los hijos de Dios porque carecía de peso. ¡Dios es Infalible! En verdad todas las criaturas del Universo, del Cielo como de la Tierra, estamos sujetas a error y de aquí que necesitemos un código de conducta que nos señale el peligro y nos aleje de la equivocación. Deducir de esta afirmación de falibilidad de todas las criaturas la falibilidad del Creador es una hipótesis maligna condenada a la basura, primero por no basarse en los hechos, ya que la Caída no demuestra la Falibilidad Divina sino la locura del que se atrevió a poner en práctica su teoría infernal. Y segundo porque para sostener este argumento sobre una base firme que pueda ser aceptada delante de un tribunal se debe primero, ante todo y sobre todo, demostrar la Igualdad entre las dos partes sujetas a deducción. Cualquier inteligencia mínimamente formada en los principios del pensamiento lógico sabe que lo creado no puede ser jamás igual a su creador. Pretender sin esta Igualdad ontológica sostener el argumento anterior es pasar por alto los principios básicos de la inteligencia universal, y aboliendo sus fundamentos ejecutar una acción vírica de sustitución de sus leyes internas, esas leyes por las que se rige la constitución del mismo cuerpo cósmico. Ninguna criatura inteligente, hijo, hermano, amigo, o siervo de Dios puede aceptar la Falibilidad del Creador partiendo de la falibilidad de la criatura, ni la Infalibilidad de la criatura tomando como punto de referencia la Infalibilidad del Creador. Su propia infalibilidad, contra la Falibilidad de Dios, era el punto adonde quería llevar el Diablo su argumento. Así que si locura es creerse Infalible tomando como referencia la participación en el espíritu del que sí lo es, locura que a la Ignorancia debemos remitir, la ejecución maligna de un programa de implantación infernal de la Infalibilidad personal sobre la Falibilidad Divina, acción que el Diablo llevara adelante en el Edén primero y en Jerusalén después, ¿qué sentencia se merece de nuestra parte? Esto sería Teología -supongo. Pero yo no soy teólogo. Así que difícilmente puedo hacer teología. La respuesta está en el hombre que un día, en la cima de un monte esperó al Bestia que asesinara a su hermano pequeño, Adán, y mirándole a los ojos, le dijo: "Apártate, pero no te vayas muy lejos que tengo que aplastarte el cráneo". Por esto digo que Hoy es día de fiesta, día de aleluyas. Desde la distancia de los milenios, como quien aparta una montaña del camino de una generación que viene, el Hijo de Dios nos contempló en las entrañas de la Historia y nos llamó a la Vida. Dos mil años después estamos aquí, nuestras piernas sobre las dos orillas del océano, abriendo una Nueva Era, caminando una Nueva Fase del Camino, haciendo el camino golpe a golpe, como los buenos, como los de siempre, cada día un poco más cerca del Monte de la Sabiduría. Viendo a la muchedumbre, subió a un monte, y cuando se hubo sentado, se le acercaron los discípulos, y abriendo El su boca, les enseñaba, diciendo: Bienaventurados los pobres de espíritu Porque de ellos es el reino de los cielos. Nosotros, criaturas de barro, que un día chapoteamos en las entrañas de las aguas del océano, al otro hicimos el camino a los árboles, al siguiente nos pusimos de pie imponiendo nuestra ley en la selva, y al otro nos vimos desheredados de nuestro mundo, extranjeros en nuestra tierra, perseguidos como alienígenas en nuestro propio planeta, expulsados de nuestro paraíso como quien es desterrado de un universo ajeno, desde entonces a la búsqueda del camino de regreso, nómadas del espíritu, nosotros que perdidos en las tinieblas no encontrábamos el camino vimos brillar en lo alto de un Monte la Luz y corrimos como locos al encuentro de nuestro Rey. No venía a nosotros con espada y escudo, lanza y hacha dispuesto a cortar cabezas y miembros; la cabeza para los perros, los miembros para las ratas. Si así hubiera venido no lo hubieran crucificado. Lo despreciaron por lo que Le amamos, lo odiaron por lo que Le adoramos, por venir desnudo, sin armaduras ni ejércitos, como aquel Adán cuya desnudez le costó la corona y a nosotros la ruina. ¿Qué haréis conmigo? "¿Qué haremos con nuestra hermana cuando un día se trate de ella?". ¿Y sin embargo qué es la pobreza de espíritu? ¿Ser pobre de espíritu es ser analfabeto? ¿Ser pobre de espíritu es no tener conocimiento de ninguna clase? Cuando nuestro Maestro le dio por herencia su reino a los pobres de espíritu ¿de quiénes estaba hablando? ¿De Einstein? ¿De Newton? ¿De Darwin? ¿De Marx? ¿Qué será la pobreza de espíritu? ¿Será la infalibilidad y el todopoder de quien tiene a sus pies el Cuerpo de Cristo y no puede errar ni ser juzgado? ¡Qué modelo de pobreza de espíritu para todos los siervos de Cristo! ¿O será la pobreza de espíritu la del Sócrates que sólo sabía que no sabía nada pero siempre estaba abierto a conocer cada día más? ¿Será la pobreza de espíritu esa cualidad natural de la Creación por la que las criaturas se mantienen, como los Discípulos alrededor de Jesús, alrededor de la Omnisciencia de su Creador para continuamente crecer en inteligencia y entendimiento? ¿Será una declaración formal por la que la creación y sus criaturas nos reconocemos eternamente Discípulos de Dios, a la luz de cuya Infinita Sabiduría crece por la eternidad el árbol de nuestra Inteligencia? Siempre aprendiendo, siempre creciendo en toda clase de ciencias, siempre deudores de la Luz que alimenta con sus rayos las ramas del árbol de nuestro Conocimiento. Si somos inteligentes será porque El nos ha hecho, si somos sabios será porque El le ha sumado conocimiento al conocimiento. Seamos lo que seamos somos lo que nuestro Creador ha querido que seamos. Y eso somos. Ni más ni menos. ¿Será "la pobreza de espíritu"esa cualidad que nos permite sentarnos alrededor del fuego para mediante el diálogo entre todos enriquecernos a todos? Hermano, amigo, ¿lo has entendido? Si no, ven, siéntate a mi lado y escucha palabras de Sabiduría. Porque la Sabiduría Divina es la fuente de la Inteligencia de todas las Naciones, el Derecho Natural Divino establece: Artículo Catorce: La Ley de la Paz Los hijos de Dios tenemos el Deber de hacer que la Plenitud de las Naciones tengan acceso gratuito y libre a la Biblioteca del Conocimiento Universal para la satisfacción y felicidad de sus Pueblos en todo lo que concierne a las necesidades de estructuras e infraestructuras relativas a las Tecnologías y Ciencias de la Paz y la Salud. La Plenitud de las Naciones, bien a través de los Hijos de Dios y sus Fundaciones desde proyectos privados o internacionales, bien a través de su Consejo, tiene el deber de poner todos los medios financieros y económicos necesarios para que esta Norma de Sabiduría se cumpla, y las naciones más alejadas del Modelo Social de Civilización se acerquen al centro universal sin sufrir el largo y estrecho camino recorrido por las naciones que componen su núcleo. Ningún Mundo ni ningún Sistema de Civilización puede subsistir en el tiempo y el espacio sujeto a una diferencia crónica invencible entre sus Naciones. La desigualdad imbatible a través de la destrucción constante de los modelos temporales conduce a los Mundos a su desaparición de la faz del Universo mediante el progresivo desgaste de los recursos naturales y el incremento cíclico de las armas de combate entre quienes imponen la desigualdad como medio de subsistencia. ¿Si el que siembra vientos recoge tormentas los que siembran tormentas qué recogerán? Ofrecer libre y gratuitamente a todos los Pueblos los frutos de la Civilización es ofrecerles a todas las Naciones el fruto del árbol de la vida: que es la Paz. Artículo Quince: La Ley de la Guerra El fruto del árbol prohibido es la Guerra. El Derecho Natural Divino establece que los accesos y la participación en el crecimiento de las ciencias del árbol de las Tecnologías de Defensa les estén prohibidos a todo agente externo al Cuerpo de los Ejércitos de la Plenitud de las Naciones. El Derecho Natural Divino establece que el fruto del árbol de las Tecnologías de Defensa esté bajo la Administración del Consejo de los hijos de Dios, y en consecuencia establece expresa prohibición de venta de producto e información bajo pena de delito contra la Seguridad de la Humanidad. Nadie puede vender a un tercero a través de un segundo tecnología e información sin ocasionar en la Comunidad Internacional grietas bélicas y en las nacionales terremotos dictatoriales. Para el cumplimiento de esta Ley por la Paz y la Seguridad de la Humanidad los hijos de Dios tienen el Deber de promover y edificar la formación de un Consejo de Estados Mayores como responsable y garante del cumplimiento de esta Ley, y la sujeción de este Consejo al Consejo de la Plenitud de las Naciones del Reino de Dios en la Tierra. La Historia ha demostrado con ejemplos tremendos cómo las tecnologías de Defensa en manos de grupos privados se convierten en el origen de terremotos bélicos que arrasan el progreso de las naciones en vías de desarrollo en nombre de los beneficios de ese grupo de producción, y cómo semejantes grupos son los enemigos de la Paz Mundial a todos los niveles, pues debiendo vivir a toda costa de la venta de sus Productos la obligación los arrastra a crear nuevas guerras, sembrando el odio entre las naciones como medio de hacer ventas. Aunque al Principio Dios no quiso introducirnos por el método de la experiencia en el conocimiento de la Ciencia del bien y del mal, una vez provocado el conflicto cósmico en el que el Género Humano está aún atrapado, dispuso Dios en su Omnisciencia llevarnos al conocimiento de todas sus leyes en el menor tiempo posible aún a costa de la tragedia tan inmensa que este espectáculo supone. Hecho, el Conocimiento de las leyes de esta Ciencia es la plataforma desde la que articular la estructura del Futuro sobre la Roca de nuestra experiencia. Sabiendo que el destino de todo mundo sujeto a las leyes de la Ciencia del bien y del mal es su desaparición apocalíptica, en palabras de Dios: su regreso al polvo cósmico, la experiencia se suma a la Ciencia para poner sobre la mesa las bases de una Arquitectura Biopolítica acorde a cuyos axiomas y espíritu: el bien de todos a través de la participación de todos en todo, articular el Edificio de la Plenitud de las Naciones. En este terreno, sin violencias pero sin concesiones, todos los hijos de Dios tenemos el Deber de aportar cada uno su grano, sabiendo que la cantera de la que aportamos cada uno nuestro grano tiene en nuestro Creador su origen. Por consiguiente: Las Tecnologías de Defensa sirven a la Paz y el proceso de producción estará sujeto a esta Norma de Paz y Seguridad. Artículo Dieciséis: La Ley de la Seguridad El fruto del árbol de la Vida es la Paz. Las Naciones no pueden tener acceso vallado a La Paz en razón del interés privado de ciertos grupos financieros de carácter internacional; ni los hijos de Dios podemos aceptar la sujeción del disfrute de la Libertad a los objetivos de esos grupos de presión, extranjeros o locales, cuyas metas y fines tienen en la desestabilización de los Gobiernos la puerta por la que entrar a saco y asaltar las riquezas de las naciones. El Consejo de la Plenitud de las Naciones no puede garantizar la Paz y la Libertad Internacional sin el Poder para enfrentarse a esos grupos, someterlos a las leyes y declararlos fuera de la Ley en caso de persistir en sus actuaciones contra la Seguridad. Mirando a este horizonte el Derecho Natural Divino establece que el Consejo de los hijos de Dios esté facultado de todo el Poder para decretar la expropiación de los bienes de cualquier asociación financiera internacional que tenga en la desestabilización de los Gobiernos Nacionales su medio de lucro. El Derecho Natural Divino establece que el Consejo de los hijos de Dios tiene el Poder para decretar la desintegración de las asociaciones financieras internacionales que operan bajo una ley de legalidad imperial, sin curso legal en este Nueva Era, y llevar ante la Corte de Justicia Internacional a sus jefes y colaboradores locales, cabeza y cola. La intervención en la Economía de una nación por un grupo de intereses, físico o jurídico, externo al cuerpo legislativo de la nación afectada supone su invasión por un Estado sin Patria, cuya actividad, aunque enmascarada en la legitimidad de operaciones financieras, tiene por fin una actividad terrorista internacional, cual es la desestabilización del gobierno de un pueblo en razón de los intereses del grupo financiero invasor. Así pues, cualquier intervención de un grupo de intereses financieros contra la legalidad de un Gobierno de Derecho es un atentado contra la Seguridad, del que se hace responsable la nación y Estado que respalda los intereses de ese grupo poniendo a su disposición sus recursos nacionales, bien militares bien logísticos, sufriendo las consecuencias como se ha visto en los últimos tiempos. De donde se entiende que todo grupo financiero que desde la Libertad Internacional actúe en la economía de una Nación para desestabilizar su Gobierno pierde todos sus derechos internacionales desde el momento que usa la Libertad como medio de empobrecimiento del Pueblo, y el empobrecimiento como medio de desestabilización de la Paz. La Historia de las Naciones ha demostrado ya con amplios ejemplos cómo el terrorismo de tales grupos financieros sobre un Gobierno legítimamente establecido conduce a los Pueblos a las profundidades de infiernos hacia los que para nada labraron sus víctimas semejante destino. El Futuro de la Humanidad y de un Reino que mire a un Horizonte que no se acaba: únicamente puede permitirse la alegría y la felicidad de avanzar bajo un cielo sin nubes desde el Poder de un Consejo Mundial para la defensa de la legitimidad de los Gobiernos de los Pueblos. II Contra el orgullo, Humildad. Entre las raíces del mal el orgullo figura en primer lugar junto a la envidia, y tal vez como causa de la envidia en las páginas de la Biblia. ¿Quién no ha sido orgulloso alguna vez y se ha encerrado en su postura no admitiéndole "ni a dios" cosa alguna? Pero esta postura de encabezonamiento no sería el orgullo propiamente dicho. El orgullo sería más bien aquella postura del Diablo por la que se negó a aceptar que el Hombre, "aquel mono desnudo", fuera a heredar de su Creador sabiduría sin límites para gobernar todas las almas. ¿No se merecía ese poder y gloria él, un hijo de Dios, sangre de dioses, casta divina? Y la envidia lo condujo al crimen. El ciclo evolutivo del orgullo no podía ser más abominable a los ojos de un Padre cuyo hijo había sido asesinado por el fruto de ese árbol. La Historia de la Humanidad está cargada de los crímenes innumerables cometidos por los hijos de las castas elegidas, las sangres azules, las razas superiores, perfectas, nacidas para recibir el poder de las alturas, etcétera. Sea el sistema de castas occidental, con sus jerarquías aristocráticas, o el oriental, con su sistema de castas sagradas, el orgullo y no la verdad es la raiz de tales estructuras antinaturales. La Humildad, por tanto, esa pobreza de espíritu a la que se refiere el Cristo en su Doctrina, es la riqueza del universo, el principio de su garantía de subsistencia ad eternum. Siendo la Humildad administradora de todo en nombre del Creador de todos para el enriquecimiento de todos, la Humildad ofrece su fruto, la vida, mucha vida, vida en abundancia, sin envidia de nada ni de nadie, pues al Creador de todos le debemos hasta el último pelo que tenemos, cuánto más el Conocimiento. No siendo nuestro nada sino que todo lo administramos en bien de todos ¿cómo se podrá envidiar lo que está fuera del alcance de todos? La doctrina contraria presupone que lo que Dios da le pertenece a quien lo recibe y desde este derecho de propiedad se puede hacer uso de lo que se tiene de acuerdo a la voluntad propia. De manera que si Dios da en propiedad y no para su administración ¿el que tiene menos por qué no va a envidiar al que en su opinión tiene más? Lamentablemente por este camino aquél que un día fuera hijo de Dios acabó envidiando al Hijo de Dios. Lamentable pero irremediablemente tal es el fin natural de ese camino, lo extraño sería que andándolo se acabase en otro lugar diferente al Infierno. En cuanto a nosotros hablando sobre la naturaleza administradora de la Fe la doctrina apostólica abunda en textos, así que no voy a cargar demasiado sobre el hecho de la naturaleza participativa del espíritu del Verbo aunque, a tenor de los hechos históricos, ninguna carga parezca demasiada pesada. Bienaventurados los mansos Porque ellos poseerán la tierra ¿Qué es la Mansedumbre según Jesucristo? ¿Será una cualidad semejante o parecida a ese idiotismo por el que el rebaño -llamémoslo la masa- sigue hasta el mismo precipicio a sus pastores -llamémoslos sus líderes? ¿Será la mansedumbre jesucristiana la renuncia a la inteligencia que ilumina nuestro pensamiento y nos hace libre a imagen y semejanza de nuestro Creador? ¿Qué será? En el caso positivo (caso rebaño-masa, pastores-líderes) Jesucristo no fue precisamente un modelo de Mansedumbre. A nadie se sometió en razón de la autoridad que viene de la tradición ni aceptó ser la oveja de ningún líder en razón de los hábitos sagrados. Desde esta plataforma contemplado el Maestro fue todo lo contrario de una de esas ovejas que los líderes conducen a los verdes prados del paraíso de la felicidad revolucionaria. ¡Gracias a Dios! La historia universal es generosa en pruebas, demostraciones, argumentos y hechos; generosa hasta la saciedad incluso. Sus lecciones no tienen flecos. Sus conclusiones tampoco. Todos los líderes revolucionarios que la humanidad ha conocido, sin excepción, acabaron conduciendo al infierno a los rebaños que pusieron sus almas en sus manos . Y es que si es malo vender a Cristo, que está en nosotros, no menos bueno es vender el alma al Diablo. No seamos entonces revolucionarios por moda ni utópicos por romanticismo. ¿Qué será pues la mansedumbre jesucristiana? ¿Cómo llegaremos a sus entrañas, cómo nos internaremos en su núcleo para ver el pálpito del corazón del Maestro bombeando vida eterna? ¿Le entramos por el método de los contrarios aprovechando que estamos en los intestinos de la Ciencia del bien y del mal? ¿Así pues, qué cualidad será la contraria de la mansedumbre jesucristiana? ¿Mansos como los corderos que se alimentan de la tierra sin negarles a los demás el uso y disfrute de lo que la tierra ofrece libre y generosamente? ¿Habremos dado con el núcleo sin necesidad de hacer el peligroso y largo viaje al centro de la Tierra? ¿No será la mansedumbre jesucristiana esa propiedad del espíritu por la que se le reconoce la Propiedad sobre todas las cosas a su Creador y el Derecho del uso y disfrute de los bienes de la Creación a todas sus Criaturas? ¿Qué ser inteligente de este mundo o de cualquier otro se negaría a firmar esta definición de la mansedumbre divina? "¡¡Todo para todos, todo de todos, y Todo de Dios!!". ¿Por bonito será mentira? ¿Entonces la belleza y la verdad caminan por caminos diferentes en el universo? ¿Si así fuera o fuese cómo será que la admiración, el acto de maravillarse, estuvo en el origen de la Ciencia una vez que la belleza y la Verdad no son las dos caras de la misma moneda? ¿Acaso el título de Señor que la Creación le atribuye a su Creador no representa una Mansedumbre Positiva frente a esa mansedumbre negativa transformadora de la Libertad de los hijos de Dios en un sistema de pensamiento encadenado a los intereses jerárquicos y de castas de quienes tienen por gloria la doctrina de la Bestia? ¿Y qué fin y principio tendrá la doctrina de la Bestia sino convertirnos a todos en animales y bestias, "ecce homo político"? Y sin embargo ¿cómo puede renunciar Dios, Creador de todas las cosas, a su propiedad en beneficio de una parte de sus criaturas en perjuicio de la otra? Concluyendo: Es natural que esos individuos para quienes el Derecho de Propiedad de Dios sobre toda su Creación acaba donde empieza el de ellos estimen que la Mansedumbre Jesucristiana es la esclavitud a sus doctrinas privadas, cuyas leyes tienen un fin: privar a las demás criaturas del uso y disfrute de la parte que les pertenece. Apuntillando: "Todo esto te ofreceré si de rodillas me adoras". En consecuencia el Derecho Natural Divino establece: Artículo Diecisiete: Ley del Pan La Propiedad de todas las cosas del Universo, de los Cielos como de la Tierra, le pertenece a Dios, su Creador. Todas las Criaturas somos alimentadas por nuestro Creador a través de su Creación. Cualquier límite de producción o destrucción de los bienes de la tierra de cultivo en razón de intereses privados o comunitarios es un delito contra la Humanidad. Ninguna razón justifica la muerte por hambre de las naciones del Tercer Mundo en nombre de un Mercado que ordena la destrucción de millones de toneladas por año de productos vitales para la vida y crecimiento alegre y sano de las naciones. La capacidad de ese Mercado y de las Comunidades para ordenar la destrucción y limitar la productividad de la tierra para producir alimentos es un delito contra la Humanidad. Los hijos de Dios tenemos el Deber de abolir esa capacidad delictiva del Mercado para asesinar por hambre a muchedumbres enteras en nombre del Concepto criminal de estabilidad de los precios. Ningún precio justifica el asesinato en masa de los pueblos de la Humanidad. Los hijos de Dios tenemos el Deber de abolir este sistema de Cuotas de producción y liberar la tierra de las cadenas que sobre ella echaron los intereses de los líderes de todos los tiempos. Artículo Dieciocho: La Ley de la Tierra La Propiedad Legal de la tierra es del Dios que la creó para alimentar con el fruto de la tierra a todas sus criaturas. Este Derecho Divino establece para el Consejo de la Plenitud de las Naciones de su Reino poder ilimitado para la Distribución del fruto de la tierra entre los pueblos de su Reino en Hora de Necesidad. En esta Hora todos los excedentes almacenados y todas las cosechas en su fruto estarán a disposición del Consejo de los hijos de Dios para socorrer la necesidad de los pueblos hermanos. Artículo Diecinueve: La Ley de la Propiedad Todas las criaturas somos hermanos en Dios, nuestro Creador. Nuestro Creador y Padre dispuso que la capacidad de la tierra para alimentar a sus hijos sea ilimitada. Pero las guerras entre los que se rebelaron, en su ignorancia, contra esta Disposición Divina por la que todos los recursos son propiedad de todos los hombres y están sujetos a su Distribución Internacional según la necesidad, esas guerras, como la marea borra de la costa la escritura en la playa, deshicieron lo que Dios hizo y le entregaron el derecho de propiedad de la tierra a la criatura, desheredando al Creador de su Creación. Origen esta locura de las hambres que han devorado a muchedumbres enteras delante de nuestros ojos, habiendo asistido impotentes al espectáculo inhumano de la destrucción de los alimentos excedentes, mediante el fuego y las cuotas, el Derecho Natural Divino establece que el abandono de la tierra de cultivo por sus propietarios temporales implique la reversión a este Derecho de Creación del título de propiedad, que le será concedido libre y gratuitamente a quien le dé a la tierra lo que la tierra quiere, y mediante esta satisfacción el hombre sacie la Necesidad de los suyos y de todos los demás seres humanos. Artículo Veinte: La Ley de la Humanidad La Propiedad Legal de la tierra de cultivo, de la que depende la vida de sus hijos, le pertenece a Dios de manera inalienable. Su propiedad temporal le es concedida a quien la labra y está dispuesto en el Derecho Natural Divino que permanezca en su familia mientras haya manos que la trabajen. Perteneciendo en usufructo a quien la labra la tierra no puede ser vendida ni comprada, sino que al término del trabajo, por ausencia de manos familiares, la tierra revertirá a su Creador, entrando en ella quien continúe dándole a la tierra lo que la tierra pide, las manos del hombre. De este trabajo, no de la tecnología y las ciencias del ocio, depende la vida de la Humanidad. De aquí que cuando Dios creara al Hombre y entre ellos fuera a elegir al que sería el más grande de entre ellos, tomó para sí un hortelano, un campesino, un labrador. Heredero de su Padre, perteneciéndole a su Padre todas las cosas, heredando la propiedad de la Tierra la preservaba su Padre del saqueo y la esclavitud a que luego, contra su Voluntad, la Tierra fue sometida, encontrándose la que fue creada con capacidad ilimitada en la contradicción de ver a sus hijos morirse de hambre. Esta Propiedad revierte, pues, a las manos de la Humanidad, cuya Cabeza fue Adán, y al presente Jesucristo, el Legítimo Dueño y Señor de todas las cosas, del Cielo como de la Tierra. Artículo Veintiuno: La Ley del Futuro El Derecho Natural Divino establece que las manos que expropiaron al Señor de su Creación reduciendo a esclavitud a los hijos de la tierra no tienen ningún derecho sobre la tierra. Son manos de delito. La historia universal es larga en ejemplos sin nombres y generosa en lecciones sin títulos. El terratenientismo es un delito contra la Humanidad cuyo fruto ha demostrado ser la ignorancia, la miseria y la guerra civil. La tierra pertenece a los que la habitan y de ella viven manteniendo con el fruto de su trabajo a la Humanidad, empezando por sí mismos y sus casas. Los hijos de Dios tenemos el Deber de abolir esta forma de delincuencia, heredada del Pasado, por la que los hijos de la tierra eran enajenados del medio que el Creador les diera para vivir y con el que participar en la Sociedad mediante la producción de los frutos de la tierra, sin los cuales no puede vivir la Humanidad. La abolición de esta forma criminal de administración de la tierra será abolida por la Plenitud de las Naciones del Reino. Como está abolida en el Cielo así en la Tierra. III Bienaventurados los que lloran Porque ellos serán consolados La pregunta es obvia y nunca será nimia. Desde que venimos al mundo el llanto es nuestra primera palabra. Así que ¿hemos nacido para llorar? ¿Fuimos creados para arrancarle al universo una lluvia de lágrimas? El argumento de la creación no es más radical ni menos exigente porque no se le puedan pedir peras al olmo. Pero la verdad está de la parte de quien la tiene. No hacen falta dos cucharas para un plato vacío. Las lágrimas en el río no dejan huellas, ni los pies del fugitivo en el fondo del mar. ¿Qué pañuelo hará falta para secarle las lágrimas a un universo entero? ¿Quién ignora que en la ignorancia está la felicidad? Mientras menos sabe el hombre sobre lo que pasa en su mundo más es como las bestias y menos como un hijo de Dios. Tal vez por esto había que transformar el medio de comunicación por excelencia, la televisión, en la famosa caja tonta. Contra las lágrimas ríase con la desgracia ajena. Mal consuelo contra el SIDA. Había otro medio para combatir lo que ellos crearon, pero era mejor exorcizarlos, convertirlos en herejes, sujetos de anatema, los caídos bajo el cuarto caballo del apocalipsis, la peste de las pestes. No miremos sin embargo atrás para criticar lo que se hizo. El mundo del siglo XX, como aquella ciudad sujeta a olvido, perece, y correr el riesgo de convertirse en estatua de sal no merece la pena, menos aún Hoy que por fin se ha consumado "la expectación de la creación entera" y en el horizonte se ha abierta la puerta del mundo al que caminábamos. ¡¡La entrada es ya un hecho invencible!! Yeah. Lo cierto, de todas maneras, es que si el destino de la Humanidad que un día un hombre con su Caída escribiera en las páginas de la historia universal era conocer la Ciencia del bien y del mal, ese destino ya se ha cumplido. Quien no se ha enterado de las leyes de esa Ciencia y sigue ignorando sus principios y sus fines, como el dinosaurio condenado a perecer por su incapacidad para seguir evolucionando, se condena a quedarse atrás mientras los hijos de Dios hacemos nuestro camino lejos de este infierno maldito. Esas leyes contra el Derecho Natural Divino son las que establecieron el mundo tal como lo hemos conocido. Que el mundo de los hijos de nuestros hijos esté establecido sobre el Derecho Natural Divino depende sólo de nosotros. Por ellos establecemos en el Presente: Artículo Veintidos: La Ley de la Salud Declarar delito contra la Humanidad la guardia y protección de todas las puertas que prohíben el acceso de todos los pueblos del Reino de Dios a las tecnologías de la Salud, Física y Mental, de los seres humanos, cuya protección y guardia, en nombre de no importa qué tipo de sistema y legalidad, es la condena a muerte de muchedumbres de criaturas. Los hijos de Dios tenemos el Deber de dotar al Consejo de la Plenitud de las Naciones de un Comité de Urgencia facultado de todo Poder sobre las empresas públicas y privadas de las Naciones del Reino de Dios dedicadas a la producción médica, en todas sus formas, en orden a la Distribución, libre y gratuita, de sus productos entre las naciones pobres según la Necesidad. Las medicinas son el arma con el que una criatura lucha por su vida contra la Muerte. Si se le priva de ellas se le arroja al circo de los leones a que se ceben las fieras. Pero el Creador ha dispuesto todos los recursos de su Creación en las manos de sus hijos para la Victoria de sus criaturas. Artículo Veintitres: La Ley de la Sabiduría Los hijos de Dios tenemos el Deber de financiar y articular todos los esfuerzos de los sabios de la Plenitud de las Naciones, liberando la Ciencia de las ciencias, la de la Salud, de todos los intereses privados, estatales e individuales, creando una Comunidad Científica congregada y consagrada en vida a la Victoria de la Humanidad contra todas las enfermedades, hereditarias y seculares, que parasitan en el ser humano desde los días de la Caída de Adán. Los frutos de esta Comunidad serán Patrimonio de la Humanidad y puestos en las manos de las Naciones, gratuita y libremente, para la alegría de todos los seres humanos. IV Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia Porque ellos serán hartos ¿Qué es la Justicia? ¡Justicia! aquí tenemos una buena palabra. Posiblemente no sea la primera palabra que el hombre aprendió a pronunciar cuando su lenguaje dio el salto evolutivo del gutureo animal a la vocalización netamente humana. Antes de la Ciencia fue la Religión. Nada nuevo bajo el sol. Dios fue la primera palabra pero no la última. En esta bendición Jesucristo compara la Justicia a un alimento, a la lluvia que nutre árboles y plantas. ¿Se come la Justicia? ¿La Justicia engorda? ¿Se bebe? ¿De qué Justicia semejante a la luz para las plantas, al aire para los pájaros y al pan para el hombre está hablando nuestro Maestro? ¿La Justicia sacia? ¿Pero la Justicia no es esa Madame con la venda en los ojos y el platillo en la mano sopesando por el color del dinero sobre quién descargará el rayo de su ira? ¿Qué será lo que sacia la Justicia? ¿Puede un hombre quedarse esquelético y hasta morirse de hambre y sed de justicia? De nuevo, ¿qué es la Justicia? Hubo una vez un emperador que sorprendió a uno de los jueces de su Corte vendiendo sus sentencias y en castigo le hizo arrancar la piel a tiras, luego cubrió con ella el sillón que profanó e hizo que ocupara su lugar el hijo de semejante bandido de la peor especie. ¿Hizo ese rey un acto de justicia? Al ladrón le cortaba la mano, al asesino le cortaba la cabeza, pero a aquél siervo de su corona le aplicó un castigo infinitamente más duro, ¿por qué sería? ¿Por qué quien mataba sin mancharse las manos y permanecía como inmaculado a los ojos de todos se mereció un castigo infinitamente más grande que el que fue encontrado con las manos llenas de sangre? ¿Es ante la Justicia Divina infinitamente más culpable la cabeza que planea el asesinato que la mano que aprieta el gatillo? ¿Es ante la Sabiduría Divina infinitamente más infernal quien se esconde detrás de ritos sagrados para cometer sus crímenes y lava sus monstruosidades en la Túnica de Cristo que quien es sorprendido en su delito a la luz del día y no mancha la gloria de Dios con la sangre que derramó? San Pablo dijo una vez que sus verdades se verían el día que Dios juzgase a cada cual por sus delitos. Lo mismo digo, el día del Juicio se verá quien es siervo y quien hereje, Savonarola o Alejandro VI. Pero como el juicio de la Casa de Dios empieza por los de Casa no nos privemos de defender la verdad contra la mentira. Hay pues dos tipos de Justicia. La primera es animal y forma parte del esqueleto de la Ciencia del bien y del mal. Este tipo de justicia se compra y se vende. Y hay una Justicia Divina, cuyo cuerpo articula la columna maestra sobre la que Dios levantó todo el edificio de su Reino. Esta Justicia Divina establece: Artículo Veinticuatro: La Ley de la Verdad Todos los hijos de Dios, sin excepción, somos responsables de nuestros actos delictivos contra nuestros semejantes ante la Justicia. Los hijos de Dios tenemos el Deber de liberar la Justicia de cualquier tipo de sumisión al Poder Político y Religioso a fin de que se cumpla, desde la Libertad, los principios de la Verdad, entre los que la Igualdad de todas las criaturas a los ojos de la Justicia Divina de nuestro Creador es la Roca sobre la que levanta sus ojos a la eternidad su Reino. Y tenemos el Deber de dotar a la Justicia de todo el Poder Jurisdiccional para hacer que esta Ley se cumpla para todos los Ciudadanos sin excepción. Cualquier desviación de este Principio Eterno y cualquier excepción a esta Regla Divina es una puerta que conduce al terrorismo de la Ciencia del bien y del mal, de cuyos fuegos y horrores estamos saciados hasta el vómito y ebrios hasta la ira. Artículo Veinticinco: La Batalla Final En su Omnisciencia para articular su Civilización mirando a la vida eterna ha establecido Dios que su Reino tenga por columna maestra de su Edificio un Cuerpo Judicial con Poder Legislativo ilimitado para combatir el crimen, la delincuencia, el terrorismo... el Mal en todas sus formas. Habiendo elevado a la Cabeza de este Cuerpo a su Hijo, nuestro Rey sempiterno, los hijos de Dios tenemos el Deber de articular el Cuerpo de la Justicia de nuestra Civilización a imagen y semejanza del modelo divino, cuyo Principio es la Verdad y cuyo Fin es la Paz. Siendo el ejército de los jueces la vanguardia de choque en la Batalla de la Humanidad contra el Crimen, en todas sus formas, al Cuerpo Judicial le corresponde legislar todas las medidas sin las cuales la Batalla está perdida y mediante la aplicación de las cuales la Victoria es nuestra. Es nuestro Deber abolir esa facultad del Cuerpo Político para alienar a la Justicia del Poder Legislativo Anticriminal sin el que la batalla contra el Crimen Organizado, Nacional e Internacional, crece y extiende sus tentáculos hasta el núcleo duro de los gobiernos democráticos. Artículo Veintiseis: El Modelo Divino En su lucha por conducirnos de las tinieblas a la luz de la Verdad ha querido Dios que nuestra Civilización contenga en su cuerpo la semilla de los valores que la Suya contiene en árboles maduros de cuyo fruto, la Paz, se alimentan la Plenitud de las Naciones de su Reino. Es nuestro Deber articular nuestra Civilización a la imagen y semejanza de la Divina. Por esto los hijos de Dios de la Plenitud de las Naciones tenemos el Deber de firmar la Carta de Adhesión al Tribunal Penal Internacional y dotar a su Cuerpo de Plenos Poderes Ejecutivos para hacer que sus órdenes de detención contra los hallados culpables de delitos contra la Humanidad sean entregados sin ninguna disposición contraria por parte de los Gobiernos a quienes se dirija la orden de captura y entrega. Cualquier negación por parte de un Gobierno a someterse a la Justicia Internacional sea considerada rebelión contra la Humanidad, y, en consecuencia, quede sujeto ese Gobierno a la investigación por colaboración y complicidad en los delitos contra la Humanidad perpetrados por el sujeto contra el que el Tribunal firmara orden de Detención y Entrega. Artículo Veintisiete: Defensa y Libertad En la lucha común Creador-Criatura, Dios-Hombre, contra los sistemas y males heredados del Pasado y naturales a la Ciencia del bien y del mal, y mirando a cerrarles el paso al Futuro a tales sistemas y organizaciones criminales que bajo la bandera de ideologías y religiones se elevan al poder para desde el Poder arrasar a los pueblos, propios y vecinos, los hijos de Dios de la Plenitud de las Naciones tenemos el Deber de fundar una Corte de Apelación Universal ante cuya Mesa los pueblos, víctimas de tales monstruos, puedan pedir Defensa y Libertad. La Corte de Apelación Universal defenderá la Causa ante el Tribunal Penal Internacional y ante el Consejo de la Plenitud de las Naciones, movilizando a ambos para la Libertad y la Defensa de los pueblos atrapados bajo las ruedas de la Tiranía. El Tribunal decretará orden Internacional de detención y el Consejo moverá las fuerzas de Captura necesarias. Todos los Gobiernos de la Plenitud de las Naciones trabajarán con la Corte para la Defensa de los Pueblos poniendo a su disposición todos los medios necesarios para el desarrollo de la Victoria de todos contra los tiranos y los dictadores cuyo alimento es la carne humana y cuya bebida es la sangre humana. El Consejo entregará tales monstruos al Tribunal para que sean juzgados por sus delitos contra la Humanidad. V Bienaventurados los misericordiosos Porque ellos alcanzarán misericordia La Verdad no está reñida con la Justicia; al contrario, sin Verdad no hay Justicia. Por esto a la hora de dar testimonio el testigo declara ante el tribunal decir: La verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Llegar al conocimiento de la verdad descubre ser tan importante para la Justicia como en su día lo fuera para la Ciencia, punto de encuentro donde ambas se miran en el espejo de la Realidad Universal y adquieren conciencia de ser ambas, Ciencia y Justicia, las dos caras del mismo rostro, el espíritu del Hombre. Teniendo misericordia con ella la Justicia sin la Verdad es una gran farsa; sin tenerla, es una gran ramera, la peor de todas una vez visto cómo se acuesta con no importa qué sistema. E igualmente la Ciencia sin la Verdad no es más que la magia del todopoderoso mago Merlín puesta al servicio de los reyes e imperios, hablando misericordiosamente; yendo a saco, la Ciencia sin la Verdad es madre de monstruos infernales sin más bandera que el fascismo ideológico de la evolución natural, en nombre de cuya sacra biblia la Ciencia se acostó lo mismo con Stalin que con Hitler. Como la ramera que por amor entiende sexo, tanto la Ciencia como la Justicia sin la Verdad son enemigas de la Humanidad y tienden a su destrucción. Pero si misericordia es callar la Verdad entonces el primero que no fue misericordioso fue el propio Jesucristo. Así que ¿de qué Misericordia se está hablando? Dicho de otra manera, misericordiosos ¿hasta qué punto? ¿Y con quién? Aún más ¿qué es la misericordia? ¿Qué cualidad propia de la Ciencia del bien y del mal le corresponde por contrario? ¿Cuándo se ejerce la misericordia? ¿O sobre quién se extiende en toda su propiedad, sobre la criatura inocente que sin defensas se muere a la vista de quien puede darle la vida? ¿Sobre el hombre cuyas espaldas los palos lo están llevando al total martirio y se pide piedad, porque la dureza del castigo sobrepasa el tamaño de su delito? Pero si no hemos descubierto qué sea la misericordia sí hemos visto la cualidad contraria que impide su ejercicio: la crueldad, la dureza de corazón. ¿Misericordia del que nada en la abundancia o de quien sólo pide las migajas que se le caen al rico de la mesa y escapan de las bocas de sus perros? ¿Misericordia para el rico Epulón o para el pobre Lázaro? ¿Misericordia para el Tercer Mundo o para el Primer Mundo? ¿Misericordia para los decenas de miles de víctimas de las dictaduras impuestas por las superpotencias o por las víctimas que cayeron en respuesta? ¿Misericordia para el Hombre o para el Diablo? ¿Misericordia para el pobre que cogió un pan para sobrevivir o misericordia para el poderoso que robó riquezas y sorprendido se enfrenta a la cárcel? ¿Tuvo la Revolución Francesa misericordia de los reyes de París? ¿Tuvo la revolución Comunista misericordia de los emperadores de Pekín y Moscú? Y sin embargo ambas Revoluciones ejercieron Justicia. Ambas triunfaron gracias al derecho de la Verdad. De manera que ¿qué es la Misericordia? ¿Será más misericordioso el hombre que da una segunda oportunidad que quien a la primera deja caer todo el peso de su ley? ¿Por qué es menos misericordioso quien pasa de largo ante el perro que se muere? ¿Quién acorta la agonía es más misericordioso que quien la sufre? ¿Es misericordia amar al extranjero y odiar al prójimo? "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen". Artículo Veintiocho: La Ley de la Vida El Derecho Natural Divino establece que los extranjeros que huyen buscando refugio de las guerras civiles, y hambrientos y sedientos de Justicia y Libertad, y temiendo por sus vidas peregrinan hacia una tierra de promisión en busca de la naturaleza humana que se les niega en sus lugares de origen: sean acogidos como hermanos y vivan bajo la protección del Derecho, estableciendo como delito contra la Humanidad cualquier forma de esclavitud de quien manipula su situación para enriquecerse, sea a través del salario sea a través de la prostitución. Fundando su Creación sobre una Nueva Roca contra cuyos átomos se desintegre cualquier posibilidad de rebrote de la Ciencia del bien y del mal en el Universo, Dios maldijo la esclavitud y decretó sentencia de Destierro de su Reino contra el esclavista. De aquí que el Derecho Natural Divino establezca que los hijos de Dios tenemos el Deber de sujetar todas las cosas a la Ley de la Igualdad, de manera que dos personas que hacen la misma cosa no puedan recibir la una miseria, por ser extranjero, y la otra gloria, por ser hijo del país. El extranjero como el nativo todos somos hijos de la misma Tierra, todos tenemos derecho al mismo salario por el mismo trabajo. Artículo Veintinueve: La Ley de la Misericordia No hay más que una clase de Misericordia. "Estaba hambriento y me disteis de comer, sedientos y me disteis de beber, desnudo y me vestisteis, enfermo y me curasteis, en la cárcel y me liberasteis". Cuando estando en la mano impedirlo se deja morir a Cristo en el hombre el Derecho Natural Divino establece que la sangre de los inocentes caiga tanto sobre la cabeza del que promueve cuanto sobre la del que permite. Los hijos de Dios tenemos el Deber de romper fronteras y pasar por lo alto de gobiernos cuya política asesina es la firma de la condena a muerte de cientos de miles de criaturas víctimas de las locuras de sus gobiernos, locura alimentada por los intereses financieros de los monstruos internacionales que tienen en la guerra civil controlada una fuente de lucro y poder. La inactividad del que ve cómo sucede el crimen y la del que promovió el crimen son las dos caras de la misma moneda, ambas tienen por castigo la misma sentencia: "Iros al Infierno a castañear dientes". La Misericordia, en efecto, no se riñe con la Justicia, pero la Justicia sí lo hace con la dureza de corazón. Hubo una vez otro rey que habiendo batido al enemigo con un número netamente inferior de soldados a la hora de la victoria se encontró con miles de vencidos y heridos. Su decisión salomónica fue asesinarlos a todos para no tener que alimentar ni curar a ninguno. Era rey y era cristiano, era el rey de los ingleses. La memoria de Dios es infinita y eterna, a la hora de dar retribuirá con Misericordia, al cristiano como al que no, ofreciendo Misericordia a quien la tuvo de su prójimo, amigo o enemigo, conocido o desconocido, y con Justicia, cristiano o no, a quien pisó la Justicia. Pues el que crea que confesando Jesús es el Señor ya está salvado ay de él cuando el Hijo del Hombre se levante para Juzgar según la Ley y no según la Esperanza, ese día se verá que Dios juzga a cada cual por las obras y no por las misas ni por los aleluyas cantados en una mañana de glorias al Señor que nos perdona todos nuestros crímenes. La Misericordia es para el que la da no para el que la guarda. Pero si no se ama al extranjero que está en medio de nosotros y se le esclaviza sin misericordia a la vista de todos, reteniéndole su salario, ¿cómo nos preocupará el que se muere en un campo de refugio a miles de kilómetros de distancia? ¿Si no nos preocupa el que está en la cárcel a la vuelta de la esquina cómo nos preocupará el que se muere en la cárcel de un tirano por amor a la libertad? El que tiene el poder y no hace nada es tan culpable como el que no le arranca ese poder y se lo entrega a otro que sí haga lo que debe ser hecho. La Fe sin las obras es un suicidio, y matar a Cristo por la fe un crimen. ¿Qué castigo se merecerá el que mata al hombre que Dios creó a su imagen y semejanza, que está en nosotros, y engendró en nosotros al precio de la crucifixión de su Hijo? VI Bienaventurados los limpios de corazón Porque ellos verán a Dios Lo más contrario, o simplemente lo contrario a esta condición para ver a Dios es el dicho popular: Piensa mal y acertarás. O aquel otro: el ladrón piensa que todo el mundo es igual. Bajo el gobierno de una mentalidad semejante el destino de todos sería la locura paranoica del que se identifica con el Estado o con la Iglesia o con la Democracia y tiene en la demonización de la oposición el método estructural de conducta. Cuando Dios creó al hombre la Idea que proyectó sobre el Universo fue la de una criatura inmunizada contra cualquier tipo de manipulación bidireccional, inmune por su inteligencia a la manipulación por el pensamiento de un tercero e incapaz, por su sabiduría, de manipular a su prójimo, en suma: limpio de corazón a su imagen y semejanza. Esta limpieza de corazón, por la que Dios no podía creer que un hijo suyo se atreviera a declararle la guerra a su Reino fue nuestra Cruz, que su Hijo en persona vino a cargar sobre sus hombros, contra el Judaísmo declarando locura la creencia de los judíos de ser el Diablo, la Serpiente antigua, Satán, el enemigo de Dios y la Humanidad, un siervo de Dios, y contra el Diablo al declarar contra su Cabeza sentencia de Destierro eterno del Reino de Dios por el crimen de Rebelión Invencible contra el Espíritu Santo. Desde la Inocencia de Dios y de Adán en la tragedia del Edén, origen del drama del Género Humano, el derecho Natural Divino establece: ArtículoTreinta: El Día de Yavé Todas las Naciones fuimos abandonadas en las manos de una generación de hijos de Dios, todos malvados, rebeldes a su Padre, contra el que se alzaron y a cuyo Reino le declararon la Guerra, prefiriendo la eternidad en el Destierro a un día más en un Universo gobernado por una Justicia que no diferencia entre el siervo y el hijo, entre el príncipe y el ciudadano, sobre todos estableciendo la Igualdad Eterna. No creyendo Dios que la criatura se atreviese a retar a su Creador mediante la política de hechos consumados, atravesado su corazón por la lanza de la Traición, Dios, Indestructible, abrió los ojos y, levantándose, en su dolor alzó su Voz y poniendo su cabeza por testigo juró aplastar a su enemigo, diciendo: "Yo alzo mi mano al Cielo y juro por mi eterna vida: cuando yo afile el rayo de mi espada y tome en mis manos el juicio, yo retribuiré con venganza a mis enemigos y daré su merecido a los que me aborrecen, emborracharé de sangre mis saetas y mi espada se hartará de carne, de la sangre de los muertos y de los cautivos, de las cabezas de los jefes enemigos". Alegría en el Cielo, tristeza en la Tierra. Alegría Arr |
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